De inminente publicación en la serie editorial “Literaturas aplazadas”, publicada por la Gobernación del Cauca y la Universidad del Cauca, se encuentra la antología poética de Fabio Holguín Marriaga, escritor residente en Santander de Quilichao. Presentamos el prólogo a la obra que estará en las todas las bibliotecas de escuelas y colegios del Departamento.
Por: Felipe García Quintero.1.
Quizá la década de los noventa sea la época en la cual la poesía en Popayán recobra parte de su antiguo esplendor. Muchos factores contribuyeron para que este arte volviera a tener fuerza, dinamismo y atracción, creativa, cultural e intelectual. Sin duda, la presencia de Giovanni Quessep contribuyó en la configuración de esa nueva generación de poetas en la ciudad, aún en formación. Su magisterio en la Universidad del Cauca como profesor de Literatura y, por supuesto, su propia obra poética, son elementos decisivos a la hora de realizar un estudio de la literatura moderna entre nosotros.
También es notable el aporte que el recital poético musical “Palabras y notas”, liderado por Guido Enríquez y Edgar Caicedo Cuéllar, hace desde entonces para reunir cada semestre académico a los nóveles escritores universitarios, quienes dan a conocer sus obras inéditas de viva voz. De igual modo, la realización sucesiva por esos años de sendos encuentros de poesía, con invitados nacionales y extranjeros, situó a Popayán como una de las ciudades eje del fervor poético nacional, que actuó como talismán contra muchos de los males del país, devolviendo la esperanza y la fe en la palabra.

En cada uno de estos escenarios y momentos estuvo siempre Fabio Holguín Marriaga (foto). Por entonces el poeta era un eterno y feliz estudiante de Derecho que vivía en la fraternidad de Residencias Universitarias. Valga anotar que a las clases libres que poco faltó fueron a las impartidas por Quessep sobre Dante Alighieri, “Las mil y una noches” y a los cursos de poesía (europea, norteamericana, española o latinoamericana). Tampoco su participación en el recital “Palabras y notas” fue desapercibida. Además de escritor, es un consagrado declamador, por ello el modo en que Fabio Holguín Marriaga encara la escritura dista mucho de la de sus compañeros de generación, quienes hemos estado más de la orilla libresca que cerca de la actitud festiva con la cual el poeta quilichagüeño celebra a todo instante, en cada verso, la vida.
Un dato adicional y significativo. En 1995, con el concurso económico y el apoyo moral de los poetas Francisco Gómez Campillo y César Samboní, creamos la revista de poesía “Ophelia”. La segunda entrega fue un número monográfico de la poesía de Fabio Holguín Marriaga. Hasta el momento mismo de la publicación de este libro antológico, sólo conocíamos los 20 poemas que entonces publicó “Ophelia”, y que tanto han servido para colaborar en antologías regionales y nacionales, donde se destaca nuestro poeta.
Desde entonces muchas otras cosas han sucedido en Popayán. Los cambios, aunque leves, son definitivos. Por ejemplo, el punto de encuentro, además de los pasillos del Claustro El Carmen, uno que otro bar, el parque Caldas, era la librería Macondo de Omar Lasso. Clausurado también ese pasado, la publicación de esta antología personal de la obra poética de Fabio Holguín Marriaga, se constituye en la apertura de un presente promisorio de la nueva poesía caucana, y no sólo del cumplimiento aplazado, por cerca de 20 años, de una promesa del poeta consigo mismo, y también con la generación “posterremoto” de Popayán, a la cual pertenece y representa.
2.
Lo que este libro nos entrega es una experiencia literaria, amplia y profunda de la vida misma. Experiencia literaria que es experiencia de vida. No existe ningún verso de un sólo poema que no esté soportado por una relación real o imaginaria con aquella sustancia vital de los días que nos alienta y desanima. Incluso en los poemas donde se hace referencia directa o bien aludida a tópicos culturales (escritores, pintores, mitos de Occidente o nativos), la huella indeleble la deja el acento de una historia personal, que identifica como propia esa vida o aquel relato de que se cuenta de otro para construir un espejo donde también poder vernos.
Por ello, la identificación del poeta con artistas incomprendidos por la sociedad de su tiempo. Hay un reclamo explícito, a modo de crítica política, del orden social del mundo contemporáneo que privilegia la razón y proscribe la imaginación como un estilo otro de vida posible. Se comprende entonces porqué Fabio Holguín Marriaga, al decir de William Blake, toma partido por el diablo; es decir, por la conciencia libertaria del poeta que siente la opresión (familiar, conyugal, social) de su conciencia para expresar la utopía de un mundo mejor, libre, generoso, fraterno; no mezquino, egoísta, posesivo.
El valor poético de esa libertad que el autor le imprime a sus versos, a través de una escritura despojada de atavismos formales, se convierte en el mejor testimonio de su tentativa vital: aunque el agobio o los sobresaltos lo invadan, celebrar, ante cualquier cosa, la alegría de vivir. Un vitalismo whitmaniano hace de Fabio Holguín Marriaga un poeta festivo, alegre, por ello también crítico, honesto.
El centro del que gravita toda esa fuerza es la naturaleza. Lo cósmico de su canto lo provee también la mirada y la actitud ante lo sagrado que representa el mundo natural de la montaña y el río, el árbol y la piedra; en fin, de todas las criaturas, incluida la especie humana, que permanecen bajo el cuadrante primero, esa relación de equilibrio entre el mundo de los divinos y los mortales que, al pensar de Heidegger, no debe nunca romperse y que se ata y mantiene sólo por el lenguaje.
Estamos ante la obra de un poeta mítico y místico que le canta a los misterios hondos de la vida y sus placeres más pequeños como es el sortilegio presentido de la muerte, la soledad sonora del silencio, la música callada de la luz. Y también a las cosas cotidianas y pedestres del alma que emergen y resplandecen hasta cegar como la tristeza, la ira, los celos. En toda esta geografía los sentimientos alcanzan la cima de lo moral, y por ello mismo, se convierten en parábolas de perdón y gratitud, en caminos de perfección humana, pues prima siempre la voluntad de un vivir amenazado, pero no derrotado, por los poderes sordos de la oscuridad interior.
Y la luz que ilumina ese camino de purificación proviene, quien lo creyera, de la risa. Fabio Holguín Marriaga pertenece por igual a la estirpe de los poetas festivos, donde el humor no es sólo un juego trivial de las palabras, sino una actitud del pensamiento, un modo de ver y actuar en el mundo. El poeta sabe del llanto pero es mejor la risa. Es cierto, llorar o reír nada cambia, mas es preferible, por el horizonte que abre, la risa ante lo inexorable. Por eso cantar al amor correspondido y al negado, con igual pasión, forma parte de un estado de alma sensible que no desfallece ante las tribulaciones o el luto.
Tenemos entonces que la fraternidad entre los seres humanos es el propósito primero y último del amor, al modo, que bien se deja apreciar, de una religión sin dogmas. Lo mismo aplica para el orden social y político que emerge como una mancha en el sosiego del poeta. Pues se no evade de la realidad del mundo que nos tocó en gracia tener, por una acción evasiva, de orden estético, a la manera majestuosa de Rubén Darío. Nuestra torre de cristal es de huesos. De esta materia deleznable está hecha la historia, con ella se forjan las naciones y se escribe poesía.
3.
El principio mayor, fundante, en la poética de Fabio Holguín Marriaga, insistimos, es la correspondencia vital con la naturaleza. En ésta encuentra el poeta el sentido todo del mundo. La mujer amada, por caso ejemplar, es palabra y territorio. Realidad mental y física. Abecedario con el que se escribe el universo. El cuerpo, cuya lección es aprendida de Neruda, es colina, valle, cielo. Esta idea poderosa la refrenda el hecho mismo que ejerce la vida como hechizo, cuya perplejidad apenas se puede nombrar.
Este su cantar es posible por la existencia que mira las cosas del mundo, y las vive en sus breves gestos; en la mitología personal que apropia y comparte con los demás un nuevo sentido de los días atesorados siempre como desposesión. La conciencia del poeta nos recuerda que las horas y los pasos por el mundo son cada vez menos, apenas unos cuantos, los escritos acaso. Por eso su palabra es la suma de la resta.