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Que un atleta en plena competición haya muerto recientemente en Panamá, ya no es un hecho aislado. Los casos de muerte súbita en deportistas son frecuentes o al menos tienen un mayor reconocimiento y difusión. En el último Maratón de Nueva York murió un corredor brasileño de 58 años y el año inmediatamente anterior Ryan Shay falleció en las calles de Nueva York, la víspera del multitudinario maratón, mientras participaba en las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos. Shay, de tan solo 28 años era doble campeón nacional en EEUU.
La muerte súbita de una persona joven y aparentemente sana es un hecho que produce gran conmoción, sobre todo si tiene lugar durante la práctica deportiva. El fútbol en concreto está presente en la mayoría de estadísticas como uno de los deportes en los que ocurren más muertes de este tipo. El gran debate sobre estos fallecimientos, plantea cuáles deben ser las exploraciones médicas a las que ha de someterse una persona antes de realizar un deporte. Pero sobre todo, cuáles son las precauciones que todo individuo debe tomar frente a la práctica competitiva. Un estudio reciente señala cómo un programa de revisión que detecta problemas cardiacos ocultos puede reducir la muerte súbita de los atletas.
La muerte repentina afecta en un porcentaje mayor a deportistas de competición que a aquellos que practican de un modo no profesional o aficionado. Los accidentes cardiovasculares son la principal causa de muerte súbita y es en deportes como el fútbol, el baloncesto y el ciclismo donde se registran más casos. Se presenta generalmente en individuos jóvenes lo cual sugiere la preexistencia de un factor congénito muy difícil de diagnosticar con anticipación. La mayoría de afectados no presentan síntomas indicativos de padecer dolencias del corazón.
El riesgo de muerte repentina aumenta en deportistas cuando se practica en condiciones ambientales adversas como alta temperatura y humedad o en alturas considerables por encima de 2.600 metros sobre el nivel del mar. Igualmente con la falta de un buen acondicionamiento físico que desadapta al sistema cardiovascular volviéndolo vulnerable a elevadas cargas. Una situación particular de daño al corazón es la alta posibilidad de recurrir al dopaje con estimulantes, entre ellos la efedrina que lo expone a una falla cardiaca irreversible.
Aunque entre el 80 y el 90 por ciento de muertes súbitas que afectan a deportistas se deba a males del corazón, las personas que se ejercitan de forma regular tienen la mitad de posibilidades de sufrir esta enfermedad frente a los que no lo hacen. Resulta obvio que una valoración del estado de salud previa a la práctica deportiva es necesaria para prevenir problemas. En este caso no son sólo importantes los controles de los atletas de élite, sino que debería hacerse hincapié en las revisiones de todas aquellas personas que realizan deporte de forma habitual, sobretodo, por encima de los 30 años.
De allí que entre las recomendaciones básicas se sugiera: entrenar regularmente, mantenerse alerta a las señales del cuerpo primordialmente del corazón (dolor fuerte en el pecho, fatiga al respirar, palpitaciones), utilizar un pulsómetro cuando sea posible para monitorear la frecuencia cardíaca y no excederse (ejercitarse siempre por debajo del 90 por ciento de la frecuencia cardíaca máxima de cada persona), no emplear fármacos o drogas estimulantes, no sobrepasarse de las propias capacidades y realizarse valoraciones médicas periódicas, al menos cada seis meses. La toma de estas medidas ayudará a reducir la incidencia de muerte súbita en el deporte. Más aun cuando es evidente que ronda los escenarios deportivos, especialmente cuando hay certámenes masivos y compromisos de alto nivel competitivo.
Que un atleta en plena competición haya muerto recientemente en Panamá, ya no es un hecho aislado. Los casos de muerte súbita en deportistas son frecuentes o al menos tienen un mayor reconocimiento y difusión. En el último Maratón de Nueva York murió un corredor brasileño de 58 años y el año inmediatamente anterior Ryan Shay falleció en las calles de Nueva York, la víspera del multitudinario maratón, mientras participaba en las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos. Shay, de tan solo 28 años era doble campeón nacional en EEUU.
La muerte súbita de una persona joven y aparentemente sana es un hecho que produce gran conmoción, sobre todo si tiene lugar durante la práctica deportiva. El fútbol en concreto está presente en la mayoría de estadísticas como uno de los deportes en los que ocurren más muertes de este tipo. El gran debate sobre estos fallecimientos, plantea cuáles deben ser las exploraciones médicas a las que ha de someterse una persona antes de realizar un deporte. Pero sobre todo, cuáles son las precauciones que todo individuo debe tomar frente a la práctica competitiva. Un estudio reciente señala cómo un programa de revisión que detecta problemas cardiacos ocultos puede reducir la muerte súbita de los atletas.
La muerte repentina afecta en un porcentaje mayor a deportistas de competición que a aquellos que practican de un modo no profesional o aficionado. Los accidentes cardiovasculares son la principal causa de muerte súbita y es en deportes como el fútbol, el baloncesto y el ciclismo donde se registran más casos. Se presenta generalmente en individuos jóvenes lo cual sugiere la preexistencia de un factor congénito muy difícil de diagnosticar con anticipación. La mayoría de afectados no presentan síntomas indicativos de padecer dolencias del corazón.
El riesgo de muerte repentina aumenta en deportistas cuando se practica en condiciones ambientales adversas como alta temperatura y humedad o en alturas considerables por encima de 2.600 metros sobre el nivel del mar. Igualmente con la falta de un buen acondicionamiento físico que desadapta al sistema cardiovascular volviéndolo vulnerable a elevadas cargas. Una situación particular de daño al corazón es la alta posibilidad de recurrir al dopaje con estimulantes, entre ellos la efedrina que lo expone a una falla cardiaca irreversible.
Aunque entre el 80 y el 90 por ciento de muertes súbitas que afectan a deportistas se deba a males del corazón, las personas que se ejercitan de forma regular tienen la mitad de posibilidades de sufrir esta enfermedad frente a los que no lo hacen. Resulta obvio que una valoración del estado de salud previa a la práctica deportiva es necesaria para prevenir problemas. En este caso no son sólo importantes los controles de los atletas de élite, sino que debería hacerse hincapié en las revisiones de todas aquellas personas que realizan deporte de forma habitual, sobretodo, por encima de los 30 años.
De allí que entre las recomendaciones básicas se sugiera: entrenar regularmente, mantenerse alerta a las señales del cuerpo primordialmente del corazón (dolor fuerte en el pecho, fatiga al respirar, palpitaciones), utilizar un pulsómetro cuando sea posible para monitorear la frecuencia cardíaca y no excederse (ejercitarse siempre por debajo del 90 por ciento de la frecuencia cardíaca máxima de cada persona), no emplear fármacos o drogas estimulantes, no sobrepasarse de las propias capacidades y realizarse valoraciones médicas periódicas, al menos cada seis meses. La toma de estas medidas ayudará a reducir la incidencia de muerte súbita en el deporte. Más aun cuando es evidente que ronda los escenarios deportivos, especialmente cuando hay certámenes masivos y compromisos de alto nivel competitivo.
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