Ronald Alejandro Macuacé OteroEconomista
rmacuace@unicauca.edu.co
Paradójicamente, desde la segunda mitad del siglo pasado, las ciudades latinoamericanas se han visto envueltas en una serie de cambios, que notablemente alteran sus ritmos de vida a partir de fenómenos sociales y naturales que hacen complejos sus procesos de evolución; sobre esta perspectiva, la ciudad de Popayán al sufrir ciertos cambios, no ha sido la excepción.
Demográficamente hablando, el municipio de Popayán ha quintuplicado su población alrededor de los últimos cincuenta años, situación que ha significado transformaciones sustantivas en cuanto a la composición urbana del municipio. Sin embargo, aunque su apresurado ritmo de crecimiento demográfico podría traducirse virtualmente en avances profundos en el proceso de desarrollo, enmarcado en el concepto de lo moderno, los indicadores de progreso parecen no coincidir en ninguno de los parámetros que presentan los centros urbanos de igual dimensión geográfica, poblacional e histórica. Aunque podría esperarse que a partir de estos cambios, fuese posible consolidar una estructura urbana moderna, capaz de responder a las necesidades de la sociedad, se evidencian retrocesos substanciales que impactan sobre el grueso de la población y deterioran considerablemente los niveles de vida de la misma.
Para agudizar aún más la situación, es posible afirmar sin miedo a equivocarse que los procesos de planificación urbana distan de concretar su función de direccionamiento; de una parte, por las condiciones físicas de la ciudad y de otra -la más importante-, por el extravío de los objetivos gubernamentales frente a las características de sus habitantes. Es decir, los procesos de planificación de la ciudad, no han sido pensados bajo las lógicas que involucra la cultura caucana; a diferencia, han sido pensados, en respuesta quizá, a unas dinámicas de progreso y modernización muy generales. Puede decirse esto, ya que no se han formulado políticas que potencialicen las fortalezas de la ciudad y en general del departamento.
Lo planteado anteriormente, medianamente se puede explicar por la ausencia de conocimiento técnico, incorporado al diseño e implementación de políticas públicas de ciudad de una parte, y de la otra, por restricciones de carácter político- cultural, que amarran la ciudad y la mantienen en un profundo letargo.
Para comprender las dinámicas que se gestan en la ciudad de Popayán hoy, resulta imprescindible reconocer, que a pesar del surgimiento de formas seculares de relacionamiento del imaginario social, no se han podido desdibujar las formas tradicionales; en la medida que, se ve reflejado en una fuerte resistencia frente a la llegada de la modernidad, lo que se convierte en el principal obstáculo en el proceso de repensar la ciudad desde otras “dimensiones”, dimensiones diferentes a las que han mantenido la identidad de sus habitantes y que no han sido ajenos a ninguno de los estratos sociales.
El terremoto de Popayán, ocurrido el 31 de marzo de 1983, marcó una ruptura entre las dinámicas poblacionales y urbanas, ya que producto de un desastre natural, surgieron oportunidades reales, tanto para la población residente como para la inmigrante. De un lado, se presenta, un fuerte proceso de migración rural - urbana y urbana – urbana, y del otro, se hizo evidente una situación de hacinamiento y subarriendo que propició la invasión de terrenos aledaños, especialmente en la zona occidental.
Un fenómeno como el mencionado, redimensionó significativamente la espacialidad de Popayán y la reconfiguró, generando nuevas dinámicas sociales, en principio, porque se genera una dinámica de urbanización desarticulada, es decir, sin una previa planificación. Sumado a ello, el flujo migratorio propiciado por el terremoto, genera un proceso de integración al interior de los barrios, entre familias rurales y urbanas, que al interactuar confrontan, impulsan, producen y crean una serie de tejidos sociales que distan de los patrones sociales y culturales de tradición.
Actualmente, Popayán es una ciudad con una población de más de 258.653 habitantes (DANE, 2005), que enfrenta la construcción de una ciudad dual, a partir de un urbanismo de inequidad y generador de conflictos: por un lado la ciudad que crece con los parámetros socialmente aceptados de calidad de vida, y por otra, la ciudad apartada y expoliada de las dinámicas urbanas que se reproduce a si misma con el referente histórico de la segregación. Se considera segregada en la medida que el grueso de población de altos ingresos se continua concentrando en pocos barrios del norte de la ciudad; mientras los grupos socioeconómicos más desaventajados residen mayoritariamente en comunas periféricas, lo cual constituye un desafío enorme, pues genera efectos perversos sobre el proceso de descentralización, y sobre las opciones de integración social en la ciudad, y sobre la calidad de vida y opciones de movilidad social de los pobres.
De esta manera, resulta imprescindible que los estudios enfocados al desarrollo de las ciudades reconsideren el papel de las variables demográficas, toda vez que, al tiempo que permite identificar cambios físicos conforme, se altera el tamaño y la composición de la población, permite la realización de análisis retrospectivos y prospectivos que generen un desenvolvimiento futuro armónico; y finalmente, potencializar las fortalezas y aminorar las debilidades propias de los espacios geográficos.
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