Por Héctor Fabio Salazar Córdoba
La muerte cada vez se ve mas cercana, hay muertos de todo tipo conocidos, desconocidos, buenos y crean que hasta los hay malos (aunque ¡quien soy yo! para decir quien es bueno y quien es malo). Todos victimas de un gran flagelo violento que día a día transforma las estadísticas de mi pueblo del alma y provoca un dolor en cada una de las familias de los difuntos.
Ante tan desastrosos hechos, yo me pregunto ¿cuánto vale la vida en mi pueblo? si el simple movimiento mecánico que requiere apretar un gatillo detiene toda una serie de deseos, anhelos, necesidades y hasta miedos que hacen parte de realmente estar y sentirse vivo?
Tal vez en mi pueblo es común escuchar que la vida no vale un centavo y sin embargo, yo les puedo asegurar que esta vida prestada que aun conservamos quienes no hemos estado en el lugar de víctimas, sí tiene un mayor precio y les quiero contar por qué.
Todos los humanos poseemos ciertas características comunes como las necesidades económicas, la necesidad de ser amados, la necesidad de pertenecer a un sitio o grupo, sentimos necesidad de opinar, de ser escuchados y ser tenidos en cuenta en las decisiones que se tomen; y en esto estamos claros, todos tenemos básicamente estas necesidades, pero el mundo tiende a no ser tan homogéneo y se da sus mañas para que esto no sea una pared en blanco. Es así como dichas necesidades se hacen materia de discordia cuando utilizamos métodos diferentes para satisfacerlas, es decir si tienes una necesidad económica lo “normal” es que trabajes para poder percibir algo de dinero como satisfactor de dicha necesidad, si tienes la necesidad de ser amado, lo normal es que tengas un comportamiento adecuado con la gente que a ti te interesa que te quiera, pero nos vamos dando cuenta de que el mundo no es normal, y no toda la gente actúa bajo los esquemas y pautas establecidas como normales o decentes, hay personas para las que las necesidades económicas nunca se pudieron satisfacer trabajando, hay personas para las que la vida fue tan injusta que nunca vieron un modelo de buen comportamiento y de cariño en sus seres mas allegados que no aprendieron a querer y son cada una de estas razones las que sostienen actos tan reprochables como los actos violentos.
Se mata por encomienda, se mata por rencor, se mata por ira, se mata por equivocación y cada una de estas muertes hacen que la muerte acabe con la razón convirtiéndose así en un problema tan grave que ya se mata por costumbre y es tanta la costumbre que fácilmente en cualquier corrillo puedes escuchar de tus amigos frases como ¿a quién le dieron hoy? ¿cuántos muertos hubo ayer? o frases mas aterradoras como “si lo mataron, fue por algo, ¿en qué andaría?
A tal grado ha llegado la costumbre de nosotros los quilichagueños, a tan aberrante y salvaje manera de hacer una justicia, basada en la ley del mas fuerte, en donde el que de papaya seguramente es una estadística mas y una tragedia familiar que no acaba nunca y entonces, pareciera que realmente la vida en mi pueblito no valiera nada.
Pero yo estoy seguro de que no es así, la vida en mi pueblo vale por cada una de las personas que bien o mal aceptan las diferencias con sus familiares y vecinos, la vida vale porque aun existe gente que respeta opiniones diferentes a la suya, lo vale porque existe gente para la que los muertos sí importan y se cuestionan sobre lo que está pasando. La vida vale porque hay gente trabajadora que se despierta día tras día pensando en ser mejor que el día anterior. La vida vale mas cuando nos esforzamos por ser modelos de tolerancia y vale aun mas la vida cuando pienso y me doy cuenta de que somos muchos los quilichagueños que pensamos en un mejor futuro para nosotros y nuestras generaciones próximas.
Por esto quiero invitarlo(a) a usted que gaste unos minutos de su tiempo leyendo este pequeño artículo, a que piense cuánto vale la vida en este pueblo que ha sido un pueblo sufrido, (pero no para siempre) y se cuestione ¿que está haciendo usted para darle valor no solo a su vida sino a la de quienes lo rodean?
La muerte cada vez se ve mas cercana, hay muertos de todo tipo conocidos, desconocidos, buenos y crean que hasta los hay malos (aunque ¡quien soy yo! para decir quien es bueno y quien es malo). Todos victimas de un gran flagelo violento que día a día transforma las estadísticas de mi pueblo del alma y provoca un dolor en cada una de las familias de los difuntos.
Ante tan desastrosos hechos, yo me pregunto ¿cuánto vale la vida en mi pueblo? si el simple movimiento mecánico que requiere apretar un gatillo detiene toda una serie de deseos, anhelos, necesidades y hasta miedos que hacen parte de realmente estar y sentirse vivo?
Tal vez en mi pueblo es común escuchar que la vida no vale un centavo y sin embargo, yo les puedo asegurar que esta vida prestada que aun conservamos quienes no hemos estado en el lugar de víctimas, sí tiene un mayor precio y les quiero contar por qué.
Todos los humanos poseemos ciertas características comunes como las necesidades económicas, la necesidad de ser amados, la necesidad de pertenecer a un sitio o grupo, sentimos necesidad de opinar, de ser escuchados y ser tenidos en cuenta en las decisiones que se tomen; y en esto estamos claros, todos tenemos básicamente estas necesidades, pero el mundo tiende a no ser tan homogéneo y se da sus mañas para que esto no sea una pared en blanco. Es así como dichas necesidades se hacen materia de discordia cuando utilizamos métodos diferentes para satisfacerlas, es decir si tienes una necesidad económica lo “normal” es que trabajes para poder percibir algo de dinero como satisfactor de dicha necesidad, si tienes la necesidad de ser amado, lo normal es que tengas un comportamiento adecuado con la gente que a ti te interesa que te quiera, pero nos vamos dando cuenta de que el mundo no es normal, y no toda la gente actúa bajo los esquemas y pautas establecidas como normales o decentes, hay personas para las que las necesidades económicas nunca se pudieron satisfacer trabajando, hay personas para las que la vida fue tan injusta que nunca vieron un modelo de buen comportamiento y de cariño en sus seres mas allegados que no aprendieron a querer y son cada una de estas razones las que sostienen actos tan reprochables como los actos violentos.
Se mata por encomienda, se mata por rencor, se mata por ira, se mata por equivocación y cada una de estas muertes hacen que la muerte acabe con la razón convirtiéndose así en un problema tan grave que ya se mata por costumbre y es tanta la costumbre que fácilmente en cualquier corrillo puedes escuchar de tus amigos frases como ¿a quién le dieron hoy? ¿cuántos muertos hubo ayer? o frases mas aterradoras como “si lo mataron, fue por algo, ¿en qué andaría?
A tal grado ha llegado la costumbre de nosotros los quilichagueños, a tan aberrante y salvaje manera de hacer una justicia, basada en la ley del mas fuerte, en donde el que de papaya seguramente es una estadística mas y una tragedia familiar que no acaba nunca y entonces, pareciera que realmente la vida en mi pueblito no valiera nada.
Pero yo estoy seguro de que no es así, la vida en mi pueblo vale por cada una de las personas que bien o mal aceptan las diferencias con sus familiares y vecinos, la vida vale porque aun existe gente que respeta opiniones diferentes a la suya, lo vale porque existe gente para la que los muertos sí importan y se cuestionan sobre lo que está pasando. La vida vale porque hay gente trabajadora que se despierta día tras día pensando en ser mejor que el día anterior. La vida vale mas cuando nos esforzamos por ser modelos de tolerancia y vale aun mas la vida cuando pienso y me doy cuenta de que somos muchos los quilichagueños que pensamos en un mejor futuro para nosotros y nuestras generaciones próximas.
Por esto quiero invitarlo(a) a usted que gaste unos minutos de su tiempo leyendo este pequeño artículo, a que piense cuánto vale la vida en este pueblo que ha sido un pueblo sufrido, (pero no para siempre) y se cuestione ¿que está haciendo usted para darle valor no solo a su vida sino a la de quienes lo rodean?
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada