lunes, 25 de mayo de 2009

La guerra por los espacios púbicos


Marco Antonio Valencia Calle

Cuando al gamín le dijeron que no se orinara la calle, porque la calle era de todos, se subió la bragueta, se le iluminó la mollera, y con voz de payaso empezó a rematar un pedazo de Parque Caldas, porque como el parque era de todos, “él, por motivo de viaje”, vendía lo que le correspondía, por lo que le dieran.

Después de reírnos le explicamos que si bien el parque y las calles son espacios públicos, y pertenece a todos los ciudadanos, no son de nadie en exclusiva, menos de los vendedores ambulantes que para sí los reclaman. Pero tampoco de los dueños de locales que piden despejes, ni de los transeúntes que reclaman su derecho a caminar por aceras seguras, espaciosas y tranquilas. Ni de la policía que las cuida, ni del gobierno municipal que las interviene. Es de todos, para todos, pero de nadie…

El fenómeno de los vendedores ambulantes en los espacios públicos, es un asunto a tratar en todas las ciudades colombianas y crece en forma proporcional a la pobreza de sus gentes. Entonces, la pregunta no es cuántos vendedores ambulantes hay, sino cuántos pobres de más, tenemos ahora. Y es preferible tener en las calles a mil vendedores que a mil ladrones, porque la gente no se va a dejar morir de hambre, y cuando se cierran las puertas laborales, pues se corre el peligro de que se dediquen a robar.

Jugando con las palabras (público -y- púbico), este tema es un asunto sensible, delicado, peludo, visceral, de convulsiones y fluidos cíclicos, de provocaciones, de tránsito promiscuo, calificado de zona embarazosa, que aflora por días, divertido para unos, peligroso para otros, que es visto con ansiedad, que huele raro, que amenaza con destaparse y tumbar al “más parado” de los negocios, en fin, un asunto de rebusque del pan.

Y por eso, después de escuchar a varias personas sobre al asunto, replico sugerencias que me parecen soluciones responsables:

1.- No hay que darle la espalda a los vendedores, y la policía con bolillo y decomisos no es la solución.

2.- Hay que reunirlos, agremiarlos y exigirles cumplimiento de normas.
3.- Que vendan por días, horas y zonas asignadas únicamente.
4.- Que entiendan que no todas las calles, ni todos los andenes deben ocuparse.
5.- Que deben responder por la seguridad de la calle para los transeúntes y cada vendedor debe ser un policía cívico.
6.- Que se comprometan con el aseo público durante y después de las jornadas.
7.- Que se ubiquen de tal manera que permitan entrar y salir de los almacenes a la calle sin mayores obstrucciones.
8.- Que se comprometan a vender productos buenos, de calidad y no fomenten la venta de artículos robados.
9.- Que paguen un mínimo de impuestos o arrendamiento al municipio.
10.- Que firmen compromisos de permisos provisionales para sus ventas.
11.- Que se entienda que los permisos para vender no constituirán un derecho adquirido.
12.- Que las ventas de comidas se hagan con esmero de salubridad (guantes, tapabocas, gorros, vitrinas, certificados de salud, etc.)
13.- Que se sectoricen las ventas: cuadras de comida, otras de frutas, otras de ropa, otras de juguetes.
14.- Que se asuman las ventas ambulantes como empleos transitorios.
15.- Que desde la administración municipal se les brinde apoyo legal, psicológico, laboral y comercial para que los pobres no sigan siendo pobres y tengan que vivir en las calles de “ambulantes” y en zonas “púbicas”
16.- Que se racionalice el servicio de mayoristas que los proveen de artículos, al igual que el de prestamistas de dinero, para evitar el abuso hacia los pobres rebuscadores.

4 comentarios:

  1. Ernesto Constaín26 de mayo de 2009 21:00

    La gente en Popayán usa los espacios como contenedores, o sitios, para actividades de ocio y recreación. Todo ocio es espacio específico.

    Mucha gente frecuentemente toma el espacio y el sentido de lugar a condición que le evoque algo. El escenario y la influencia del ambiente son elementos importantes a considerar en relación con la actividad existencial así como los efectos de largo plazo de una experiencia recreacional o de ocio. Todas las formas de expresión cultural tienen un espacio asociado y reflejado en comportamientos humanos históricamente aprendidos. Los deportes, la recreación, los pasatiempos y otras actividades para tiempo de ocio son elementos del ambiente cultural y reflejan el uso del espacio y sus variaciones.

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  2. Maria Elena Zúñiga26 de mayo de 2009 22:18

    Tenemos la oportunidad de recuperar nuestra Ciudad, y para hacerlo es el espacio público la única vía posible, el lugar donde nos encontramos y conversamos, donde discutimos nuestras ideas, donde nos observamos sin conocernos, donde caminamos para ir a nuestros trabajos, donde se potencia el sentido de pertenencia, es por eso, que cuando gran parte del comercio informal ha sido desalojado del centro de Popayán, debemos defender y reinventar la función de los lugares de todos, para que nunca más vuelva a ocurrir el desastre que hemos vivido estos últimos años.

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  3. Eláis Zambrano Mosquera27 de mayo de 2009 09:18

    El deterioro del espacio público y la toma de estos por parte de los vendedores estacionarios y desocupados, multiplican los problemas generales de los ciudadanos, principalmente la inseguridad, que es el peor de todos los males porque coarta la libertad de salir a caminar en el momento que provoque, porque deja desoladas nuestras calles, plazas o parques por las noches, porque crea mafias, porque deteriora el comercio y la vida cultural, le da importancia al centro comercial, aleja a las personas y al turismo, porque ensucia y daña todo lo que encuentra a su paso, entonces, esperemos que la medida se mantenga a lo largo del tiempo como ocurrió con Bogotá , Medellín y Cali, que aún sin ser renovada en sus instalaciones, se modificaron los índices de violencia y robos, provocando que grandes cantidades de personas lo recorran con libertad a distintas horas del día.

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  4. Humberto Yalanda27 de mayo de 2009 20:14

    Esperamos que en las calles del centro de Popayán veamos un verdadero cambio, que no sólo se quede en el desalojo del comercio informal, si no que vea reactivada la vida cultural, garantizando la seguridad, el mantenimiento y la innovación en los espacios públicos y edificaciones, todo dentro de un gran plan de renovación urbana que permita que las personas puedan volver a vivir o trabajar tranquilamente en las calles del centro, como en otras ciudades de Europa o América Latina.

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