
Por Jorge Muñoz Fernández
Al lado de la economía legal se desarrolla, de manera alterna, la “economía criminal”, que para el año dos mil bordeaba la cifra de tres billones de dólares, según el monitoreo de las Naciones Unidas.
Sus maniobras abarcan el mercado fraudulento de divisas, los utilización indebida de información privilegiada y uso de documentos estatales reservados, la mafia de los casinos, el secuestro, la extorsión, la inmigración engañosa, el comercio de armas, el contrabando, la doble facturación, la alteración de patentes y el comercio de desechos nucleares, entre otros.
Al producirse el blanqueo, o el tránsito del dinero ilícito a la legalidad, las inversiones ilícitas crean enormes huecos en las economías legalmente productivas, alterando el ritmo del crecimiento endógeno de los países afectados.
Aupadas por la economía de mercado las operaciones económicas criminales se tornan inconmensurables, tanto que la delincuencia requiere de plataformas tecnológicas sofisticadas que ingresar sus ganancias a los circuitos de la economía legal.
No es de impresionarse. Numerosos Estados, algunos de ellos llamados pomposamente de Derecho, han concedido a las mafias un rol de intermediación política y financiera, como ocurrió con el paramilitarismo en Colombia. En Italia la “Cosa Nostra” gozó, en su momento cumbre, de todos los aparatos del poder dominante.
Establecer dónde y en qué momento la “economía criminal” incursiona en la economía legal es un laberinto para los funcionarios de los sistemas judiciales contemporáneos, economía que no sólo se cuenta con legislaciones financieras, aduaneras y sistemas mercantiles proclives a las actividades económicamente dañosas, sino que en su entramado inmoral aparecen legisladores, dirigentes políticos, militares de alto rango, diplomáticos, empresarios y poderes palaciegos que frenan el rol de la justicia. Sobra recordar que en Colombia grandes barones del narcotráfico recibieron en el pasado reconocimiento como “industriales emprendedores y ejemplares”.
Prolijas investigaciones en América Latina revelan que los paraísos fiscales, el secreto bancario y las zonas francas han sido espacios donde se juega a la evasión fiscal y escape de los impuestos sobre la renta y patrimonio.
Entre tanto, grandes titulares periodísticos sobre pequeños casos de blanqueo de dinero o destrucción callejero del software ilegal nos hacen recordar la anécdota de San Agustín recreada por Noam Chomsky en su obra “Piratas y Emperadores”, en la que un pirata es capturado y llevado ante Alejandro Magno e interrogado por qué se dedicaba a tan indigna actividad recibiendo la siguiente respuesta: "Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón, tú tienes toda una flota, por eso te llaman emperador".
jorgemunoz@canada.com
“No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación” A. B.
Al lado de la economía legal se desarrolla, de manera alterna, la “economía criminal”, que para el año dos mil bordeaba la cifra de tres billones de dólares, según el monitoreo de las Naciones Unidas.
Sus maniobras abarcan el mercado fraudulento de divisas, los utilización indebida de información privilegiada y uso de documentos estatales reservados, la mafia de los casinos, el secuestro, la extorsión, la inmigración engañosa, el comercio de armas, el contrabando, la doble facturación, la alteración de patentes y el comercio de desechos nucleares, entre otros.
Al producirse el blanqueo, o el tránsito del dinero ilícito a la legalidad, las inversiones ilícitas crean enormes huecos en las economías legalmente productivas, alterando el ritmo del crecimiento endógeno de los países afectados.
Aupadas por la economía de mercado las operaciones económicas criminales se tornan inconmensurables, tanto que la delincuencia requiere de plataformas tecnológicas sofisticadas que ingresar sus ganancias a los circuitos de la economía legal.
No es de impresionarse. Numerosos Estados, algunos de ellos llamados pomposamente de Derecho, han concedido a las mafias un rol de intermediación política y financiera, como ocurrió con el paramilitarismo en Colombia. En Italia la “Cosa Nostra” gozó, en su momento cumbre, de todos los aparatos del poder dominante.
Establecer dónde y en qué momento la “economía criminal” incursiona en la economía legal es un laberinto para los funcionarios de los sistemas judiciales contemporáneos, economía que no sólo se cuenta con legislaciones financieras, aduaneras y sistemas mercantiles proclives a las actividades económicamente dañosas, sino que en su entramado inmoral aparecen legisladores, dirigentes políticos, militares de alto rango, diplomáticos, empresarios y poderes palaciegos que frenan el rol de la justicia. Sobra recordar que en Colombia grandes barones del narcotráfico recibieron en el pasado reconocimiento como “industriales emprendedores y ejemplares”.
Prolijas investigaciones en América Latina revelan que los paraísos fiscales, el secreto bancario y las zonas francas han sido espacios donde se juega a la evasión fiscal y escape de los impuestos sobre la renta y patrimonio.
Entre tanto, grandes titulares periodísticos sobre pequeños casos de blanqueo de dinero o destrucción callejero del software ilegal nos hacen recordar la anécdota de San Agustín recreada por Noam Chomsky en su obra “Piratas y Emperadores”, en la que un pirata es capturado y llevado ante Alejandro Magno e interrogado por qué se dedicaba a tan indigna actividad recibiendo la siguiente respuesta: "Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón, tú tienes toda una flota, por eso te llaman emperador".
jorgemunoz@canada.com
“No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación” A. B.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada