sábado, 16 de mayo de 2009

No ambicionarás los bienes públicos


Por: Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Profesor Universidad Autónoma de Occidente
gghurtado@uao.edu.co

Reflexionar sobre la eficacia de los mandamientos divinos a comienzos de este siglo puede ser tomado como un arcaísmo, o por lo menos como una pérdida de tiempo. Más allá de la insignificancia con que se trata hoy el tema, estas normas forman parte de la humanidad desde hace siglos y su papel no ha sido otro que cimentar, en cualquier cultura y con sus nociones, la convivencia social.

Según Cassirer, mucho antes de que el hombre haya descubierto el Estado como forma de organización social, había realizado otros ensayos para ordenar sus sentimientos, deseos y pensamientos. Semejantes organizaciones y sistematizaciones se hayan contenidas en el lenguaje, el mito y en la religión. Hoy, el Estado y la religión, ambos en crisis, siguen jugando, a su manera, el papel en la organización social.

Lo cierto es que son hoy tantas las reglas escritas y no escritas que las prescripciones divinas y humanas han perdido su razón de ser. Un ejemplo: el caso de la Zona Franca de Occidente. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el aforismo popular. Y al Presidente de los colombianos sí que le calza la frase. Públicamente mantiene dando cátedra de ética y moral. Allí, una gran mayoría de los colombianos, según las encuestas hechas no sé a quién, cómo y cuándo, saca la más alta nota. Es decir, un hombre diez en conducta. En el ámbito de lo privado, el de su familia, saca uno. Pierde la materia. Las actuaciones de sus hijos así lo demuestran.

Dicen los hijos del presidente Uribe que las utilidades que obtengan en este “negocito” irán a inversión social. Sorprendentes muchachos. Qué Corazón tan grande el que tienen los “delfincitos”. El mismo de su padre. Cosas de la genética, señalaría uno. Argumentan que ese compromiso de responsabilidad social no es de hoy, que ha existido desde su primera iniciativa empresarial y que gracias a ella se han beneficiado artesanos, niños y recicladores.

Alegan, además, que obraron legal y éticamente en la compra de esos “terrenitos”. Que el escándalo es otra patraña de la oposición en contra del gobierno y del Mesías. Por ello no asistieron al debate previsto en la plenaria del Senado. Mientras tanto, su padre ordenó venir a Palacio a los lacayos de la bancada “arribista” que se ocuparán de su defensa. Ellos, los niños, por sí solos, no son capaces de responder por sus actuaciones. Si tan solo son unos infantes que han dejado el gustico, de hacerse riquitos, para más adelante. Por ahora solo se dedican a contar centavitos.

Volviendo al tema de los Mandamientos, le calza de bien el décimo de la ley de Dios, a ese Mesías que Uribe ambiciona parecerse: “no codiciarás los bienes ajenos”. Qué peliagudo debe ser cumplir con este mandato cuando la voracidad parece que se mueve en todo el mundo de un modo abrumador y en Colombia, en muchos pseudopolíticos, empresarios, seguidores de Uribe y en particular en la familia presidencial. Por mucho que hayan robado, amasado, despojado nunca es suficiente. A decir de Savater, los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos. Por ello el caso de los hijitos de Uribe es más un asunto ético y de interés público. Y de eso poco sabe el Presidente, los medios de comunicación áulicos de éste, sus secuaces y sus traviesos Tomás y Jerónimo.

Santiago de Cali, 15 de mayo de 2009

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