Por Hector Fabio Salazar Córdoba
En algunos momentos tendemos a olvidar que las cosas simples de la vida son las cosas que, de determinada manera, gestan mayor felicidad entre quienes nos la pasamos buscando y buscando el cómo estar felices o vivir un poquito mejor.
Esto es lo que ha pasado en Quilichao con la reapertura de la traqueada piscina municipal, que si desde hace un tiempo la Administración Municipal hubiera sabido la gran incidencia que tiene este espacio recreativo de nuestro Quilichao, le hubiera metido mano y hasta se le hubiera dado una mejoradita al lugar.
Volviendo al asunto de las cosas simples, ha sido tal la magnitud e incidencia que ha tenido este espacio, que puedo decir a viva voz, que hasta el mismo Director del IMDER se sintió sorprendido al ver la magnífica respuesta del pueblo quilichagüeño. Gracias también a las condiciones climáticas (buen sol y buena agua) se ha disfrutado masivamente de las bondades del río Quilichao en su trayecto urbano, haciendo de una construcción simple, una magnifica obra que nos acompaña desde hace ya bastante años y sólo hasta ahora alcanzamos a comprender lo importante que ha sido para la memoria de quienes durante bastante tiempo hemos vivido en esta nuestra “Tierra de Oro” y para quienes empiezan a ser parte de nuestra tradición.
Se puede decir que en esa lucha por ser ciudad, en la que uno se imagina grandes avenidas, grandes sistemas de transporte y una infraestructura compleja llena de edificios, se nos ha olvidado un poquito que parte de ser y hacer una gran ciudad incluye el fomento a la recreación y al bienestar de quienes aquí nos hemos aglomerado y hemos elegido a quilichao como nuestro centro de operación.
Esto se ha podido evidenciar con la reapertura de la piscina municipal en donde grandes, niños, hombres, mujeres, en la mañana, en el día y en la noche se desplazan desde todos los sectores de la zona urbana a tirarse un chapuzón y en las calles no se oye otra voz sino mas que la del entusiasmo y el agrado de contar con ese pedacito de pueblo convertido en un estanque de alegría, de amistad, de grandes recuerdos y de la trascendencia que solo su buen uso puede lograr; así pues, las cosas simples demuestran una vez mas, que no se necesita de mucha planeación, de mucha ingeniería, ni de procesos lentos y mas bien requieren de una gran voluntad, para que convertidas en realidades impacten positivamente en una sociedad urgida de compartir y reproducir espacios de sana convivencia, en donde los quilichagüeños reforcemos ese sentido de pertenencia por lo que es nuestro.
Cabe anotar que ese por ser un espacio público merece todo el respeto de parte de sus usuarios y que solo de quienes nos damos el lujo de contar con agua suficiente como para bañarnos en ella, depende que estos espacios se fortalezcan y sean el trampolín hacia contar con una mejor estructura recreativa en nuestro pueblo; así que en nuestras manos está que el cuidado, el buen comportamiento, la limpieza y la vigilancia de este sector, que en antaño por su antiguo abandono fue cómplice de comportamientos socialmente reprochables en donde el robo y la drogadicción reinaron sin control, no sea mas una olla ni una zona restringida para los quilichagüeños de bien.
Ahora, por qué no planear un evento acuático de recreación y lúdica aprovechando el buen momento de la piscina municipal. Allí le dejo la inquietud a don Erney Sandoval, pues sé que es un hombre de gran voluntad y decidido a sacar el deporte y la recreación de nuestro pueblo bien adelante.
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