jueves, 2 de julio de 2009

LA VIDA NO ES UN MAR EN CALMA
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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

La vida humana es un soplo que comenzó para cada uno de los seres que aparecen en la escena del Universo y una sucesión de instantes que se llenan de acontecimientos de toda índole. No es una línea plana, transparente, inerte ni se simboliza con una llama ardiente o un témpano de hielo. Ni siquiera los eremitas podrán hacer de la suya una vida quieta, apacible, sin fiebres ni pasiones, exenta de sobresaltos en el día o en la noche.

La vida no será una eterna guerra de Troya o un camino de púas y serpientes con la lengua amenazante. Ni tampoco será la mesa de Epulón con manjares, vinos, cocaína en polvo para todos los invitados y un fajo de billetes de 100 euros de propina. La vida es, para Fortuna nuestra, una mezcla de acíbar, de miel, de tempestad, de balanceo de cometa, de abrazos de hermano, de aplausos y rechiflas.

Equivocado es pensar que la vida de los ricos es sabrosa fruta y deseable situación. Equivocado es maldecir la suerte de los pobres y excluirnos de la simpleza de sus días y el vacío de sus estómagos. También quienes viven en medio de los dólares tienen hígado, dolor en el colon y mal olor en su garganta. Y los pobres también se dan gusto tomando una cerveza o tirando un tejo de piedra en los ratos de descanso de mirar sus harapos en el espejo del charco de barro.

¡Qué aburrido sería que a uno le sobrara todo y que todos los días fueran de vacaciones! ¡O que todo fuera sucio y lúgubre, sin un pan ni una panela para llenar el hambre de la semana! Que los hijos fueran para sus padres iguales, cortados a la medida, propietarios de mil plazas de mercado y que nadie los criticara. Qué tal que no hubiera tedio a medio día, que todo fuera sol o que todo se convirtiera en oro, como le ocurrió al pobre Midas. Que no pudiéramos comparar el día de ayer con el de hoy o esperar que mañana fuera distinto.

Sí, la Vida no es un tablero de ajedrez con bitonos espacios cuadrados negros y blancos con las fichas del rey y la reina montados a caballo y los peones luchando por ellos con misiles en las torres todo el día. Desde que la libertad nació el día que Eva le mostró su manzana a Adán y éste la cambió por pastar a diario en el Edén donde el amo todo se lo daba, sabemos que la Vida es una continua ruleta con aletas que abanicamos como niños inocentes.

La Vida se nos pone en frente como un inmenso mar cuando nacemos. Tenemos que nadar a cada instante al mismo ritmo que el corazón recibe una oleada de sangre de la aorta. A veces estaremos en la superficie tersa mirando hacia arriba el otro azul donde vuelan las gaviotas y aparecen el rey dorado y Selene en amarilla bata. A veces tiburones nos perseguirán a dentelladas y en otras ocasiones olas de diez metros nos darán una patada contra la roca que nos saque de la inercia. Al mar no le podremos dar una palmada en la nalga para que se calme en la tormenta y nos deje navegar tranquilos sobre un barquito de papel mascando chicle.

La Vida es un devenir, un pugilato con el azar y la amargura. El que se canse de luchar perderá sus fuerzas, será infeliz o sus familiares le buscarán una casa de reposo y la sociedad le volverá la espalda. Sólo quien aprenda a nadar y a surfiar en el impredecible mar de su Destino se divertirá y sabrá de la dulzura de sus aguas.

02-07-09 -11:56 a.m.

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