ROMEO Y JULIETA FUERON APLAUDIDOS EN SU TUMBA
www.intramed.net/49453Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El idilio de la dulce Julieta con el decidido Romeo no acabó en Verona. Allí reposan sus restos en mármol. Y para más señas, los enamorados pueden acercarse a tocar su seno izquierdo que ya luce bastante desgastado de los roces.
La maestría de Shakespeare puso sobre el papel la imagen de este par de amantes. Ella, muy mujer, grácil, delicada, de blanca tez y bucles ensortijados, de cintura aún sin los trastornos de la edad, con piernas de Juno y pasos de gacela. Él, joven apuesto, con su virilidad aún no estrenada, con mentón ya con barbilla, de ojos soñadores y un corazón a punto de estallar.
La casa, la de ella, con antejardín, de dos plantas, tres ventanas y una enredadera que entretejía flores entre sus hojas verdes. No había escalera para la visita ni lazo con nudos para que el furtivo mozo pudiera a escondidas subir a contemplarla. Esa costumbre no es de ahora y cualquier novio se rompería las rodillas y buscaría el peligro, feliz, para encontrarse con su amada. No importarían las prohibiciones de los padres ni la amenaza de guerra entre las castas y espadas de Capuletos y Montescos.
Todo ocurrió hace cuatrocientos años en la imaginación de Shakespeare y sucedió también en la noche del último concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Bellas Artes de Cali. Su director Esteban Rojas, vuelta la cara al público, presentó la escena de los hechos tal como la concibió en su obertura-Fantasía Piotr Ilich Tchaikovsky.
Danzaban el viento, las nubes, las hojas en las ramas y las flores en los jardines. En la ciudad las dos facciones tramaban sus odios y alistaban sus capas de seda y las tizonas. Romeo rondaba en puntillas entre la oscuridad y el tenue brillo de la luna. Julieta recogida en su habitación tejía las horas entre el amor y el temor de la zozobra. ¿Podría llegar esta noche su zagal a balarle sus ternezas por entre la enredadera? Su corazón latía azorado y la hacía levantar de su silla para buscar entre las sombras, allá afuera, a su amado.
Las trompetas anunciaban su presencia, le llegaban mensajes por las cuerdas de diez y seis violines, las flautas traversas sonaban como el viento. De otro lado llegaba arremolinado un bronco rumor de tropas con sables y cuernos que pitaban. El fagot rojo levantaba la voz y hacía presagiar el encuentro y la confrontación de las familias en refriega. La emoción llegaba al clímax cuando retumbaba el tambor y los platillos.
Romeo se acercaba a la mansión dando un rodeo, pues el amor no tiene imposibles a la hora del peligro supremo y las dificultades. Julieta no puede resistir más la espera y sale a su encuentro desafiando a la vida y su familia. Lleva escondido un licor espirituoso en su seno que la librará de sus temores y que a la postre la unirá en eterno amargo beso con Romeo.
La Orquesta pareciera acompañar con sus cuerdas, vientos y con estentóreas percusiones a los amantes en su cruel camino. Al final el acíbar ha hecho su efecto en los dos amantes y los instrumentos callan con suavidad para no despertarlos de su sueño. Conmovido el público en la Sala Beethoven aplaudió tres veces a los artistas que dieron vida a estas escenas de amor.
http://dosostenidomenor.wordpress.com/2009/05/14/romeo-y-julieta-tchaikovsky/
10-07-09 - 9;58 a.m.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada