viernes, 21 de agosto de 2009

EL FENÓMENO PAUL POTTS


Imagen: salecaliente.com/.../

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@yahoo.es

Lo vi nacer cuando apenas moría Luciano. Las caras de la mesa del jurado no creían que el hombre rollizo y casi desmirriado de minutos antes fuera el descomunal tenor que salía de su implacable set. Cuántos acontecimientos sonorosos nos depara el imprevisible humano que se lanza como el arpón del alcatraz sobre la espuma de la suerte para alzarse con la presa en su garganta.

Paul Potts esa noche probó ante la faz de millones de descreídos que es posible templar el hierro en un crisol frío y sólo con el soplo de fuego de su pasión interna. Con su do de pecho estremecido realizó el prodigio que hacen a diario las grúas en los puertos. Son capaces de elevar hasta las máximas alturas el cuerpo más pesado que se encuentre en tierra. Sin apenas mostrar esfuerzo en las venas de su cuello su boca exhaló el sonido exacto de Nessun dorma que despertó al mundo del estupor por la muerte de Pavarotti.

El antiguo aprendiz de brujo de las ventas de celulares, el maestro de escuela que cantaba en iglesias y teatros, llegó con una ingenuidad de nerd a mostrarle a la incorruptible terna y a los asombrados asistentes que los genios de la música no salen siempre de la Scala o de Coven Garden o de Carnegie Hall. Pueden llegar en bicicleta o venir en taxi corriente y con el sudor escondido entre los pliegues. Lo que los hará triunfar no será la linda cara o el traje de Dior. Será su convicción, la seguridad de la nota, el sonido perfecto de su oído.

Hoy Paul Potts no es una promesa descubierta, no es un cantante exitoso en ciernes o un deslumbrón que hizo un hit y se ganó un premio por ganar en un certamen. Paul Potts ha escrito su nombre ya en la Historia y lo ha confirmado con sus presentaciones. Lo ha visto la Corte de Inglaterra, lo ha palpado el mundo y ha dejado ser un espejismo pasajero para convertirse en fulgurante realidad.

Paso a paso ha ido conquistando escenarios y naciones. No tiene la finura de su ídolo Pavarotti que caminaba por entre nubes y avanzaba como un Dios por el tablado. Sus manos no se mueven suaves ni alza su cabeza con el aire de la gloria. No entra al a las salas o al escenario precedido de fans ni de clarines. Es un ser humano descubierto por otros seres humanos entre el mundo del comercio y el consumo. Es un tesoro que andaba perdido entre sus ensayos e ilusiones y ha sido hallado. El Tiempo lo irá siguiendo y le abrirá las puertas que la paciencia y su sencillez lo están caracterizando.

A Potts lo podemos ver en Colombia y no es un milagro mediático. Su fama es merecida y su cercanía al hombre común ojalá siempre lo acompañen. Más que la incredulidad de los que por primera vez lo oyeron, recordamos su inspiración, su timbre firme, el sonido de su voz en el cenit del pentagrama. No cantaba una canción fácil o pegajosa. Se atrevió a concursar con una de las más difíciles y que permitirían distinguir al profesional del lego o del profano.

Cuando tenemos al pie de nosotros a un ser diferente, amante del bel canto, que da la mano sin pretender un voto, nos regocijamos por poder registrar en nuestro suelo una visita que honra al mundo humano, al arte, a la cultura en una de sus más elevadas expresiones.

20-08-09 - 10:02 a.m.

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