lunes, 17 de agosto de 2009

El “motoclasismo” y la venta del sofá

Fabio Arévalo Rosero MD*
fabio121@gmail.com


El pasado 30 de Julio se llevó a cabo en el Congreso de la República el foro sobre el motociclismo. Convocado por presidente de la Cámara Édgar Gómez, criticó la forma absurda como los gobernantes locales imponen medidas restrictivas al tránsito en motocicleta sin tener conocimiento de causa, o por lo menos, evaluar sin son viables para la población. Luciendo orgulloso su chaleco motociclista, Gómez reprochó la falta de interés de los responsables del tráfico y la improvisación como se ha venido manejando esta problemática. Intervenciones argumentadas en el mismo sentido se presentaron por otros parlamentarios y expertos en el tema.



Mientras eso sucede en el Congreso, en una pequeña ciudad como Popayán, hacemos agua. La persecución contra la generalidad de motociclistas es implacable, bordeando en la satanización. Lo demuestran las ligeras normas restrictivas. En medio de nuestra investigación diaria sobre movilidad y espacio público fuimos testigos de la arbitrariedad y falta de criterio con que actúan encargados de usar grúa para despejar las vías. La escena muestra una moto en medio de los flamantes carros estacionados en zona no permitida. El policía en acto facilista se carga la moto en vez de iniciar por el auto.

La gente reclama pero el arrogante funcionario responde con actitud amenazante incluso tomando fotos de las personas. Esto es grave, ¿Quién da la órdenes de tomar fotos?¿Qué hacen con ellas? ¿Son parte de la cadena de persecución al estilo de las chuzadas? ¿Es una política institucional? Interrogantes para el Director General de la Policía y el Inspector de la misma. El desempeño de estos actores no aporta en seguridad y convivencia. La ciudad exige una policía amable, propositiva, que acompañe al ciudadano que lo oriente, le brinde confianza y seguridad. No agentes intimidantes y amenazantes.


La filosofía de la restricción vehicular es un ejercicio de democracia para evitar que una minoría “poderosa” se convierta en el imperio del espacio público como son los dueños de autos. Los motociclistas no son privilegiados en la calzada, ni tienen la mayor responsabilidad en el colapso del tráfico. En el espacio que ocupa una camioneta alcanzan 10 motos. La generalidad de conductores de motos son personas respetables y por unos pocos desadaptados no pueden pagar la mayoría. Las medidas prohibitivas son paliativos usados por gobernantes escasos de iniciativas que atacan a los más débiles en un ejercicio de “motoclasismo”.

Son descabelladas las propuestas para vedar al parrillero, con el argumento de actos delictivos usando las motos. ¿Cuántos se cometen a pié y en otras modalidades? Se requieren soluciones creativas. Por años los motociclistas han sido perseguidos con medidas inefectivas, sin lograr para la sociedad ventajas significativas en seguridad y menor accidentalidad. La tarea estatal debe ser pedagógica, con voluntad política de invertir recursos suficientes en soluciones productivas, en convivencia y educación. Prohibir el parrillero es como el cuento del marido infiel en el sofá. La solución: vender el sofá.

*Experto internacional en movilidad y desarrollo

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