Foto: www.radiosantafe.com/.../2009/06/galan1.jpgPor Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gamil.com
Hace 20 años Galán era la vedette. Era joven, era elegante. Poseía el aura del ángel que llegó a las puertas de Sodoma a la caída de la tarde. Su voz era anhelante, premonitoria. Por todas las calles corrían motos asesinas, los lavaperros en sus carros blindados pasaban por encima, las águilas sobrevolaban por cuadras y barriadas, en la selva corría la sangre más que los ríos, mientras los pastores rezaban en el templo al lado de sus ovejas.
“No callemos más esta guerra sucia del narcotráfico, no nos pongamos en fila detrás de la clientela, no patrocinemos con el silencio la corrupción y el hundimiento de la moral.” Sólo le creyó Abraham, su esposa y sus tres sus hijos y alguna parentela. Bogotá y Soacha, como anchos muladares, volcaban de sus ubres odios, traiciones, ansias de poder, afán de zancadillas y dinamita y anfo. Cuarenta años antes, otro Jorge, como su él, había caído cuando cumplía misión idéntica.
¿Qué nos pasa a los colombianos que cuando estamos a punto de encontrar quien enderece nuestro camino lleno de minas, la bala asesina llega de entre una máquina de ojos de fuego, corazón de lobo y mente de político entrenado?
No fue un río de incendios y destrucción lo que sucedió ese día. No se cambió la cara física de una Bogotá rural. Toda Colombia se derrumbó en sus esperanzas de cambio de costumbres. El pueblo de Gaitán otra vez quedó sin líder y su voz y puño en alto se cerraron bajo la metralla traicionera. Todo fue muy bien tramado, fue el crimen perfecto, la confabulación más bien armada. Se unieron la inteligencia con la cobardía, las sombras con el día y la alegría de las gentes con el odio de las oligarquías. Todo ha quedado impune.
¿Qué se hicieron todos sus seguidores de boquilla, los que se decían lleristas y que predicaban la honestidad, el adiós a las prebendas, los que entusiasmados enarbolaban otra vez el trapo rojo, los que dijeron estar contra las mafias organizadas? La justicia social, el trabajo limpio, la productividad en los campos, todo quedó frustrado. El camino para una nueva etapa que borrara el recuerdo de este joven demócrata quedaba listo.
Todo cambió. Ya no se volvió a hablar de corrupción, las mafias arreciaron sus “trabajos” y la nación entró en el sopor de los vientos que empezaron a cambiarle el color al rojo liberal. Llegó el neoliberalismo, cambió de dirección el gorro de la política y se enseñoreó más fuerte el crimen de Colombia, la desidia oficial, el lenguaje amenazante, se dio preferencia al capital más que al trabajo y siguieron los pueblos pequeños olvidados. La democracia se volvió oficial y la prensa y la Tv amarraron sus velas a los mástiles del gobierno.
Oh, qué falta nos haces, Luis Carlos Galán. Qué falta que hace tu verbo lúcido, sereno y tu sonrisa que apacigua. No hay quien, sin manchas en su trasfondo, en este momento de ceguera tome la bandera que empuñaste y, resuelto, vuelva a hacer sonar las consignas a favor del trabajador, los indígenas, del campo, de las grandes obras.
17-08-09 - 10:01 a.m.
Colombiano
leodequevedom@gamil.com
Hace 20 años Galán era la vedette. Era joven, era elegante. Poseía el aura del ángel que llegó a las puertas de Sodoma a la caída de la tarde. Su voz era anhelante, premonitoria. Por todas las calles corrían motos asesinas, los lavaperros en sus carros blindados pasaban por encima, las águilas sobrevolaban por cuadras y barriadas, en la selva corría la sangre más que los ríos, mientras los pastores rezaban en el templo al lado de sus ovejas.
“No callemos más esta guerra sucia del narcotráfico, no nos pongamos en fila detrás de la clientela, no patrocinemos con el silencio la corrupción y el hundimiento de la moral.” Sólo le creyó Abraham, su esposa y sus tres sus hijos y alguna parentela. Bogotá y Soacha, como anchos muladares, volcaban de sus ubres odios, traiciones, ansias de poder, afán de zancadillas y dinamita y anfo. Cuarenta años antes, otro Jorge, como su él, había caído cuando cumplía misión idéntica.
¿Qué nos pasa a los colombianos que cuando estamos a punto de encontrar quien enderece nuestro camino lleno de minas, la bala asesina llega de entre una máquina de ojos de fuego, corazón de lobo y mente de político entrenado?
No fue un río de incendios y destrucción lo que sucedió ese día. No se cambió la cara física de una Bogotá rural. Toda Colombia se derrumbó en sus esperanzas de cambio de costumbres. El pueblo de Gaitán otra vez quedó sin líder y su voz y puño en alto se cerraron bajo la metralla traicionera. Todo fue muy bien tramado, fue el crimen perfecto, la confabulación más bien armada. Se unieron la inteligencia con la cobardía, las sombras con el día y la alegría de las gentes con el odio de las oligarquías. Todo ha quedado impune.
¿Qué se hicieron todos sus seguidores de boquilla, los que se decían lleristas y que predicaban la honestidad, el adiós a las prebendas, los que entusiasmados enarbolaban otra vez el trapo rojo, los que dijeron estar contra las mafias organizadas? La justicia social, el trabajo limpio, la productividad en los campos, todo quedó frustrado. El camino para una nueva etapa que borrara el recuerdo de este joven demócrata quedaba listo.
Todo cambió. Ya no se volvió a hablar de corrupción, las mafias arreciaron sus “trabajos” y la nación entró en el sopor de los vientos que empezaron a cambiarle el color al rojo liberal. Llegó el neoliberalismo, cambió de dirección el gorro de la política y se enseñoreó más fuerte el crimen de Colombia, la desidia oficial, el lenguaje amenazante, se dio preferencia al capital más que al trabajo y siguieron los pueblos pequeños olvidados. La democracia se volvió oficial y la prensa y la Tv amarraron sus velas a los mástiles del gobierno.
Oh, qué falta nos haces, Luis Carlos Galán. Qué falta que hace tu verbo lúcido, sereno y tu sonrisa que apacigua. No hay quien, sin manchas en su trasfondo, en este momento de ceguera tome la bandera que empuñaste y, resuelto, vuelva a hacer sonar las consignas a favor del trabajador, los indígenas, del campo, de las grandes obras.
17-08-09 - 10:01 a.m.

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