lunes, 31 de agosto de 2009

Las meras cifras sin contexto


Por: Guido Germán Hurtado Vera
Historiador y Politólogo
Universidad Autónoma de Occidente
gghurtado@uao.edu.co

Según los últimos datos entregados por el Dane, la pobreza urbana y rural en Colombia en el 2008 tuvo un descenso importante frente al registrado en el 2002. La urbana disminuyó en un 8,5%, y la rural en un 4,1% Por el contrario, en referencia a los mismos años, la indigencia o miseria aumentó en 1,9%. Mostradas así estas cifras se podría colegir, que cada vez más pobres superan la línea de pobreza y marchan hacia condiciones más dignas de vida y otros, incluso más pobres, caminan hacia niveles de indigencia. Disminuye la pobreza y crece la indigencia.

Las cifras de la pobreza y la indigencia se quedan en meras cifras y no alcanzan a dimensionar un problema que cada vez es más estructural. Interesa plantear aquí -grosso modo- la relación que se debería establecer entre población joven, violencia y pobreza para pensar una serie de políticas –públicas- que puedan enfrentar integralmente tales problemáticas.

El censo del 2005 reveló que la población total de Colombia era de 41.468.384 de habitantes. La población joven -hombres y mujeres entre los 15 a los 25 años- ascendió a 7.575.593; es decir, el 18,2% del total de la población. Lo que no revelan las cifras es que en este grupo poblacional se reúnen los mayores problemas de exclusión, de falta de oportunidades y de reproducción de la pobreza en Colombia. Y aunque la población joven ha adquirido, recientemente, visibilidad en los nuevos modelos culturales, no lo ha sido de la misma manera en los gobiernos nacional, regional y local que poco han hecho en esta materia.

Es el año de 1984 cuando el país se escandaliza con el magnicidio del Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, pero más aún cuando se conoce que los responsables materiales del asesinato eran dos jóvenes, uno menor de edad y el otro de 21 años. Un año después, en 1985, Víctor Gaviria lleva al cine la problemática de pobreza y exclusión de los jóvenes de la comuna nororiental de Medellín con la película “Rodrigo D. no futuro”, y en 1998, 13 años después, el mismo director re-crea otros problemas, como la prostitución infantil, en su película “La Vendedora de Rosas”. Problemáticas que cobran gran dimensión en el contexto nacional e internacional y que paradójicamente las respuestas gubernamentales en esa coyuntura son paquidérmicas.

Algunos analistas en estudios recientes han expresado que la problemática juvenil está jugando un papel esencial en las dinámicas de la pobreza del país. Una gran mayoría de jóvenes en Colombia están marginados de los procesos de educación, de ciencia y tecnología, de las posibilidades de trabajo, de la participación política, del campo de la cultura y la recreación y de las posibilidades de expresión, entre otras.

Como consecuencia de lo anterior un número significativo de jóvenes nutren los circuitos de ilegalidad en Colombia, cuyas consecuencias son nefastas. A partir de 1980 y durante toda la década de 1990, los períodos de expansión y escabrosidad del conflicto armado en Colombia, las muertes violentas de jóvenes, en edades entre los 18 y 25 años, se calculó en seis veces mayor que la de otros grupos etareos.

Solo en julio de 1997 se expide la Ley 375 de la Juventud. “El fin de esta ley es promover la formación integral de la juventud, su vinculación y participación activa en la vida económica, política y social, y el ejercicio pleno y solidario de la ciudadanía”. Sin embargo, los asuntos de juventud no han logrado entrar en una gran mayoría de las agendas públicas de los municipios colombianos. Por esta razón el Dane seguirá presentando cifras de pobreza e indigencia, cada vez mayores o menores, que se convertirán en meras cifras y que sin la posibilidad de contextualizarlas histórica y políticamente no servirán para enfrentar los grandes problemas que enfrenta la sociedad colombiana.

Santiago de Cali, 25 de agosto de 2009.

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