lunes, 19 de octubre de 2009

EL SALARIO MÍNIMO Y LOS SALARIOS MÁXIMOS

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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

Batman estará diciendo: ¡Santa grosería, en esta baticueva! Los sindicatos y los gremios y el gobierno de protección social se sientan y se levantan de sesiones gárrulas y no llegan a ningún acuerdo. Se discute si hay recesión, si la productividad está estancada, si se disparará la inflación si se sube un punto más sobre el IPC del mísero salario mínimo. Y, nada. Como van las cosas, el aumento para los trabajadores colombianos quedará tal cual como lo ha proyectado el gobierno de don Diego Palacio. No hay plata para más aumento, será la gran conclusión.

Pero, por otro lado, ayer salió furtivamente la noticia de que nuestros flamantes “padres” de la patria se han aumentado sus sueldos en más de cinco millones sobre lo que ya ganaban. Como que eran 22 millones y pucho. Y eso dará el punto para que suban los sueldos y honorarios de presidente, ministros y magistrados. Ellos no convocaron a los gremios, ni consultaron la productividad ni si había inflación. Sólo un movimiento de cabeza en la sesión. Ni siquiera un palmetazo sobre el pupitre. ¿Para qué gastar energías?

Este es el pago por la gran democracia de que gozamos. Si nuestros padres disfrutan, los hijos seremos felices de verlos comer, viajar, viaticar y nos contentaremos con las migajitas que caigan sin que ellos se den cuenta.

Al llegar a este punto, hice un alto y tomé el diccionario de griego para consultar de donde viene la vieja palabra “democracia”. A ver si coincide con la clase de dirección estatal que tenemos en Colombia. “Demos”, pueblo, masa, dice. “Demokratía”, lo que decía Rousseau: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y, por curiosidad, también busqué plutocracia. “Ploutos”, riqueza, abundancia, opulencia. Y “ploutokratía”, gobierno de los ricos. O sea, lo que estamos viviendo: gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Ellos allá, en su reino y el pueblo aquí, aparte, en otro compartimiento, en otra “clase”.

Claro que tener plutocracia es un lujo, mucho mejor que democracia. Eso de mezclarse el pueblo, los hijos con los “padres” ya no está de moda en este mundo moderno. Qué saben los hijos de gobernar y gastar el dinero. Eso sólo lo saben hacer quienes tienen Audi o BMW y viven volando gratis. Lo mejor es encontrarse de vez en cuando en un consejo comunitario. Allí se calman las quejas y los males y se quitan las pulgas en público.

Y pensé: ¿Para qué hablar del campo, de igualdad, de pobreza, de trabajo, de justicia, de salario mínimo? Son palabras vacías, “flattus vocis”, decían los escolásticos. Son pedos en la boca, indeseables, en una plutocracia como esta. Aquí sólo se debe hablar de ahorro, de impuestos, de guerra, de elecciones y de falta de plata, pero sí de una sana economía con una banca muy próspera.

Ah, “padres de la patria” tan nobles, tan circunspectos, que no le hablan de riqueza a los pobres, que suben sus suelditos sin saber ni cómo ni cuándo. ¿Serán padres desnaturalizados que volvieron la espalda a quienes los eligieron y abrieron un abismo que los separe?

18-10-09 - 10:29 a.m.

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