martes, 6 de octubre de 2009

LOS RICOS SE VOLVIERON CAMPESINOS POR OBRA DE DON DINERO

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Es galán, y es como un oro,
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro.
Pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero.
Poderoso Caballero
es don Dinero.

Francisco de Quevedo y Villegas

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

“Poderoso caballero es Don Dinero”, dijo una vez mi pariente un poco lejano. ¿Y ahora nos tocará a nosotros hacernos los locos? nos preguntaría el Quijote. Sí, señor, “cosa es volverse loco” con el nombrecito que el buen señor Arias le puso de etiqueta al regalito a los señores ricos de aquí y de acullá. Todo por no contestar el teléfono. Agro Ingreso Seguro. Desde la Guajira hasta el Amazonas y desde Chocó hasta Nariño “revoliaron” los milloncitos.

Y los verdaderos campesinos “no vieron ni unito”, como dijo Simón. Era para hacer más equitativo el ingreso y para consolidar el comercio internacional y miren cómo se iguala y se equilibran las cargas. Montando más pesos sobre el lomo de los acaudalados excongresistas, ganaderos y señores potentados.

Viene uno de Cartago y hasta Tuluá no ve sino enormes extensiones cercadas con postes de cemento con apenas unas veinte vaquitas por un lado, y por el otro, sembrados de caña de azúcar hasta donde la vista se pierde. De Buga hasta Sameco, a la entrada de Cali, por ambos lados de la vía sólo se ve la dulce caña. Y así se ve en Cerrito, en Pradera, en Florida. Y por ningún lado hay un campesino. Pero la lista de El País del 2 de octubre registra 22 “favorecidos” con el regalito del Ministerio de Agricultura. Campesinos con apellido Cabal, Martínez, Villegas, Durán, Blum, Tafur, Montenegro.

¿Es un subsidio, un regalo, una donación, un encargo para que lo repartan entre los corteros, entre los que cuidan vacas? No. Por allí entre la caña no se ve un alma en pena. Se ven tuberías para regadíos en época de sequía, para que sus dueños se rían de la falta de lluvias.

¡Qué tal si así viéramos los campos por veredas y a las afueras de municipios, cundinamarqueses, boyacenses, tolimenses, nariñenses, caucanos! Pero por allí no se ve ni un tractor con arados modernos para mejorar la calidad de vida de nuestros verdaderos hijos de la tierra. Ni regadíos ni mangueras. Sólo cuerdas con ropa al viento y campesinas ayudando a sus maridos con azadón en mano con sus uñas ennegrecidas.

Pero no. Nuestro campesino sólo tiene cabeza para ponerse sombrero y aguantar el sol y el agua, para coger el yugo del arado de bueyes, sólo tiene hombros para colgarse la ruana en la época de invierno. Sólo tiene rodillas para mendigar un subsidio que no es ni el octavo de un salario mínimo. No. Él no es “capaz” de responder por una deuda de un préstamo. No. Él no tiene la inteligencia para presentar un proyecto ni para manejar un crédito. Su lotecito no da para pagar con la cosecha lo que le presta un banco. El bangladeshí Muhammad Yunus aró en el desierto y el Gobierno no cree que los campesinos sean “capaces”. Ellos serán siempre menores de edad o esclavos que necesitan el fuete y el amo que los acose y esquilme. Estos son los gajes de nuestra excelsa democracia.

¿Hasta cuándo nuestro hombre del campo tendrá que esperar que se recompense su labor pesada y escondida? Siembran el maíz que heredamos de los chibchas, el fríjol, la papa, la yuca, las hortalizas, las legumbres y las deben vender baratas al cruel intermediario. Sus manos deben sacar del vientre de la tierra el fruto de su trabajo. Nuestra salud y nuestra mesa se la debemos a ellos. Cada uno de ellos merece 320 millones. Pero no creemos que piensen, que sufran, por no tener apellidos y escudo de armas. Y hasta los suplantamos a la hora de repartir el presupuesto que debiera llegar sólo a ellos. Porque para recibir a Don Dinero cualquiera dice ser “gran campesino”. ¿En qué demonios lo habrán gastado?

06-10-09 - 12:25 p.m.

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