
Por Daniel Mera
Que una generación histórica pueda pararse frente a una nueva generación de líderes para “pasarle” sus muertos y sus sueños es un hecho de fuerte simbolismo en la cultura política y, quizás, de gran calado en la conciencia activa de un país.
No es delirio. Sucedió el sábado 3 de Octubre en Cali, sobre el medio día, en el espectacular Centro de Eventos Valle del Pacífico.
Cinco representantes de la generación de la Séptima Papeleta hablaron ante 1.500 líderes estudiantiles de casi todas las regiones de Colombia y de más de 60 universidades. Cuando la generación que hablaba se convirtió en "histórica", la generación que escuchaba dormía en la cuna.
Como decía Peñalosa, esta nueva generación seguro no recuerda bien a un presidente distinto de Álvaro Uribe. Y la generación de la Séptima Papeleta tiene una relación más o menos tensa con el Presidente Uribe. No era necesario mencionar el trasfondo "histórico-político". Se sentía.
"Ustedes se formaron con la imagen, así que les queremos mostrar las imágenes de nuestros muertos", dijo Hollman Morris, director de Contravía, uno de los cinco.
Y, entonces, los jóvenes asistieron a vibrantes pasajes de Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. En seguida, vieron el ataúd de esos candidatos presidenciales. El dolor, la protesta, el seguiremos adelante.
"Nunca olvidaremos el sonido de las bombas". "Nos mataron los sueños, pero nos inventamos otro, la Constitución".
Tal vez nunca antes una generación se había sentido tan comprometida con una Constitución, como también herida por enemigos de la sociedad. En este caso, el narcotráfico y el paramilitarismo.
"Crecimos con el eco glorioso del 4-4 entre Rusia y Colombia en Chile 62, tuvimos nuestro 1-1 con Alemania en 1990, pero en 1994 asesinaron a Andrés Escobar, un hombre limpio dentro y fuera de la cancha".
Fabio Villa, otro de los cinco, constituyente de 1991, tenía los ojos humedecidos. "Los conocí a todos siendo estudiante; los mataron". Veinte años después, era la comunión del dolor entre dos generaciones.
"Saqué de mis cosas esta Séptima Papeleta", como si la hubiera guardado ayer, y la leyó. Era Mapi Velasco, líder del movimiento en Cali. "Sigo fiel al compromiso con el país, a través de la campaña de Sergio Fajardo en el Valle".
"Yo era disidente de la Séptima Papeleta en la Universidad de los Andes, pero rápidamente admití que los reformistas tenían razón": Nicolás Morales, editor y columnista de Arcadia, otro de los cinco.
Esta vez, pues los años no pasan en vano, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, MOE, no tuvo dificultades para moderar el panel de sus compañeros en el Foro Líderes y Emprendedores en la U 2009.
La nueva generación del liderazgo universitario se llevó en la mente unas imágenes imborrables y muy probablemente la inquietud de leer la Constitución para ver "por qué estos manes hablan de ella como si se tratara de una revolución".
Que una generación histórica pueda pararse frente a una nueva generación de líderes para “pasarle” sus muertos y sus sueños es un hecho de fuerte simbolismo en la cultura política y, quizás, de gran calado en la conciencia activa de un país.
No es delirio. Sucedió el sábado 3 de Octubre en Cali, sobre el medio día, en el espectacular Centro de Eventos Valle del Pacífico.
Cinco representantes de la generación de la Séptima Papeleta hablaron ante 1.500 líderes estudiantiles de casi todas las regiones de Colombia y de más de 60 universidades. Cuando la generación que hablaba se convirtió en "histórica", la generación que escuchaba dormía en la cuna.
Como decía Peñalosa, esta nueva generación seguro no recuerda bien a un presidente distinto de Álvaro Uribe. Y la generación de la Séptima Papeleta tiene una relación más o menos tensa con el Presidente Uribe. No era necesario mencionar el trasfondo "histórico-político". Se sentía.
"Ustedes se formaron con la imagen, así que les queremos mostrar las imágenes de nuestros muertos", dijo Hollman Morris, director de Contravía, uno de los cinco.
Y, entonces, los jóvenes asistieron a vibrantes pasajes de Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. En seguida, vieron el ataúd de esos candidatos presidenciales. El dolor, la protesta, el seguiremos adelante.
"Nunca olvidaremos el sonido de las bombas". "Nos mataron los sueños, pero nos inventamos otro, la Constitución".
Tal vez nunca antes una generación se había sentido tan comprometida con una Constitución, como también herida por enemigos de la sociedad. En este caso, el narcotráfico y el paramilitarismo.
"Crecimos con el eco glorioso del 4-4 entre Rusia y Colombia en Chile 62, tuvimos nuestro 1-1 con Alemania en 1990, pero en 1994 asesinaron a Andrés Escobar, un hombre limpio dentro y fuera de la cancha".
Fabio Villa, otro de los cinco, constituyente de 1991, tenía los ojos humedecidos. "Los conocí a todos siendo estudiante; los mataron". Veinte años después, era la comunión del dolor entre dos generaciones.
"Saqué de mis cosas esta Séptima Papeleta", como si la hubiera guardado ayer, y la leyó. Era Mapi Velasco, líder del movimiento en Cali. "Sigo fiel al compromiso con el país, a través de la campaña de Sergio Fajardo en el Valle".
"Yo era disidente de la Séptima Papeleta en la Universidad de los Andes, pero rápidamente admití que los reformistas tenían razón": Nicolás Morales, editor y columnista de Arcadia, otro de los cinco.
Esta vez, pues los años no pasan en vano, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, MOE, no tuvo dificultades para moderar el panel de sus compañeros en el Foro Líderes y Emprendedores en la U 2009.
La nueva generación del liderazgo universitario se llevó en la mente unas imágenes imborrables y muy probablemente la inquietud de leer la Constitución para ver "por qué estos manes hablan de ella como si se tratara de una revolución".
La Séptima Papeleta, la más exitosa expresión de rechazo a la violencia, hecha por la juventud colombiana en la historia reciente del país.
ResponderSuprimirEl asesinato de Luis Carlos Galán fue la gota que llenó la copa de millones de estudiantes universitarios que expresaron su rechazo a la situación del país y abogaron por una Asamblea Nacional Constituyente que permitiera una nueva Constitución.
La gran esperanza era que la vida nacional diera un viraje hacia la tolerancia, la convivencia, el progreso y la paz.
Existe en el país el convencimiento de que la Constitución ha sido positiva aún en el campo económico en el que se asocia con la crisis fiscal, dada la gran cantidad de derechos que promueve la Constitución y la limitación de los recursos públicos. El problema económico no se desprende del hecho de que el país sea un Estado Social de derecho, sino de la falta de reconocimiento de que este compromiso implicaba un respaldo de recursos públicos que implicaban una serie de reformas que no se han hecho. Se insistió mucho en la bondad de la nueva forma como la justicia funciona a raíz de los cambios institucionales y aún aquellos que no aprobaron la forma como se implantó la séptima papeleta, hoy reconocen la bondad de la Constitución.
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