jueves, 19 de noviembre de 2009

APOLOGÍA AL GORRIÓN

http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Passer_domesticus3.jpg

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

A Edith Piaf la apellidaron, La Môme Piaf, La Niña Gorrión. Por su trino agudo, porque nació de la nada, porque se crió y deambuló en la calle y al frío. Por su candor escondido,
por traje su gris y su pico de oro bruñido. Qué privilegio. Que a un pájaro se le compare con un ser humano y, también lo contrario. Este trato no la da la filosofía,
o la lógica, más sí la semiología.

Edith tuvo una vida gorriona, corrió por barrios y bares,
cantó por cantinas y bulevares. No tuvo escuela ni bienes para educar sus cuerdas vocales.
Como un gorrión salió del huevo, abrió el pico y salieron las melodías como la frescura de la mañana. Se vistió de plumas moteadas, de ocre grisáceo, y movió su
cabecita coronada
de entrelazada cofia.

Así es el suave gorrión, llamado en Colombia, también, copetón. Escogió hace muchísimos años su nombre. Passer domesticus. Es, pues, un pasajero diario de la casa, del camino, del campo. Acompaña al asno en su caminata, a la vaca en el ordeño, a los bueyes en la labranza y a los gallos y gallinas cuando bajan de los árboles a escarbar en los solares. Nunca quiso ser bufón de palacios y prefirió cantar al dar el alba a los campesinos en los aleros y chambranas de sus casitas de verde y anaranjado fuerte sobre el rigor del fondo blanco.

Al gorrión jamás alguien lo encontrará aprisionado en una jaula aunque sea de oro. Es un sencillo pájaro, de familia sin pretensiones fastuosas. A ninguno se le ocurriría ponerle una trampa
para llevarlo a adornar el corredor de su mansión
o a colgarlo de un tablón
para oír todo el día su cantata. Como nadie asumiría la originalidad de apresar un grillo para ponerlo cerca de su cama
para que le diera su sentida serenata.

Así que nada afana
al gorrión en su jornada. Al amanecer se levanta, se baña las alas, se acicala el pico con su gorriona, va a la laguna, se mira al espejo, se da un chapuzón y comienza a buscar a quien entonará su tempranera aria. Sube a un árbol para dar un vistazo sobre la hierba o sobre la grieta que abre la lluvia a las lombrices. Busca semillas, migajas que dejan los caminantes, o los granos que escapan de las alforjas en el lento caminar de los caballos por entre la trocha. Baja lento y come sin prisa.

Se acerca al poblado confiado. A los niños no les teme porque nada de su cuerpo alimenta su curiosidad. Es pequeñito, un poco cabezón, su copete parece un sombrero extraño
de una viejita de tiempo arcaico. Sus patitas son flacas, sus alas cortas, su canto es una melodía minúscula, nada moderna. No parece rock, ni mucho menos es un ruidoso reggaeton, ton, ton. Su apariencia es gris, de bajo perfil. No hace aspaviento ni le interesa hacer alharaca
con gallinas ni guacharacas.

Es el personaje perfecto para no parecerse a nadie en esta comedia de vanaglorias. Ni traje de reina, ni corona de reyes, ni sacoleva de fiesta, ni anillo de obispo, ni charretera de oficial, ni cola de recién casada,
ni canto de moto harleydavison. Es el simple pajarillo que siempre ha querido alegrar nuestras descuidadas aldeas y al campesino sin subsidios.

10-11-09 6:09 p.m.

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