Cuando las palabras son artillería contra la pazPor Jairo Cala Otero / Periodista - Corrector de gramática y estilo
Hastío siente el grueso de la población colombiana frente a la violencia. Eso es inobjetable. Porque esa mayoría está conformada por gente buena, de principios morales y éticos; y porque en tal condición, detesta el uso de la fuerza bruta. Prefiere, a cambio, la fuerza de las ideas, el uso del raciocinio, de la mente positiva, de la tolerancia y la comprensión.
Ya son historia las muestras masivas de rechazo de ese conglomerado a toda expresión violenta en el territorio colombiano. El clamor ¡a grito abierto! es para que cese la brutalidad, que tanto dolor y tristeza ha generado durante poco más de cuatro décadas.
No es bueno, entonces, que desde otros escenarios –llamados originalmente a servir de precursores de paz y educación- se haga apología verbal a ese engendro satánico creado por las minorías violentas. Es el caso de algunos periodistas, locutores y comentaristas de deportes que, desde sus medios de comunicación, le hacen el juego a la violencia cuando emplean expresiones que encarnan agresividad. Son incontables, pero para no fatigarlo, caro lector, he aquí esta muestra:
* “El equipo saltará a la cancha con todo su arsenal”: Como si hiciese falta arsenal para asesinar y ultrajar a la población colombiana. Es mejor decir: El equipo jugará con sus mejores exponentes, por ejemplo.
* “¡Fue un violento disparo al arco!”: No hacen falta más disparos, por favor. Mucho menos si se hace hincapié en que ellos son “violentos”. Con que los jugadores metan el balón en la red será siempre gol. Queda mucho mejor: ¡Qué estupenda anotación! (Y otras semejantes de sentido positivo).
* “Ese ciclista es una bala bajando”: Podrá ser muy veloz un ciclista, pero no hay razón para que en un país que se entristece a diario por la violencia se llame “bala” a los deportistas audaces. Será mejor: Ese ciclista tiene destreza en el descenso.
* “El partido de mañana será a muerte”: ¡Para qué seguirla convocando, por Dios! Si no se le llamara tanto la maldita parca no acudiría a la cita. Será saludable decir: El de mañana será un partido crucial / determinante /decisivo...
* “Nuestro equipo se dejó irrespetar en su propio patio”: Incitadora expresión. Ningún equipo irrespeta a otro, sólo gana en franca lid una contienda deportiva. Aunque algunos jugadores irrespeten, en verdad, a árbitros y colegas suyos. Es recomendable: Nuestro equipo fue vencido / sometido / derrotado...
* “¡Ese árbitro tuvo que haber recibido coima!”: ¿Para qué procesar y condenar ante un micrófono a una persona que desempeña un oficio honrado? Los apasionamientos desbordados (como ponerse la camiseta de un equipo para “jugar” con el ataque aleve y ruin) sólo conducen a crear más agresividad y contrariedades. Quien juzga, siempre será juzgado. Se escuchará mejor: Nos parece que la actuación del árbitro no es neutral.
* “¿Dónde están los fanáticos, que no se hacen sentir?”: ¡Qué peligro! Expresiones como esta han concitado tragedias en los estadios. Los fanáticos (gente que pierde momentáneamente su capacidad de pensar acertadamente) las acogen literalmente, y ¡se hacen sentir a puñaladas!, como ya ha ocurrido. Es más acertado: Extrema prudencia sugerimos a las barras; esto es sólo un juego...
* “¡Si quieren ganar tienen que ser agresivos en el ataque!”: Convocar más agresividad no es inteligente si se quiere ganar un encuentro futbolístico. Será más acertado: Para ganar van a tener que ser más competitivos que de costumbre.
* “Jugaron con pundonor, pero no tuvieron agresividad”: Semejante a la anterior, esta expresión les dice a jugadores y fanáticos que no está bien que no haya violencia en el juego. Es más inteligente decir: Aunque dieron lo mejor de sí, el equipo contrario los venció / los superó /...
* “A mí no me gusta el desempeño del técnico: es pésimo, petardo, palurdo... ¡Tiene que renunciar ya mismo”: La prepotencia y la pretensión de influir en decisiones que no son inherentes al comentarista constituyen, con oraciones como esta, un arma peligrosa. Será bien decir: Disentimos del técnico por su proceder, pero se lo respetamos; él es la autoridad en el equipo.
* “Los directivos son los responsables de este fracaso; ¡es hora de destapar la olla podrida...!”: Asociar una derrota deportiva con supuestas conductas punibles es como un autogol. ¿Qué tal que se diga, por ejemplo, de un comunicador pésimo que es así porque también es un corrompido? La ira nunca será buena consejera para hablar.
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