miércoles, 4 de noviembre de 2009

En el Norte del Cauca y en Jamundí, Valle

Fundación Plan impulsa mejores condiciones de vida para la niñez y la juventud

IMPLEMENTADA “RUTA DE ATENCION A VICTIMAS DE ABUSO SEXUAL”

EN MARCHA PROGRAMA DE “JOVENES CONSTRUCTORES DE PAZ”

La Fundación Plan, en coordinación con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), puso en ejecución el programa “Ruta de Atención a Víctimas de Abuso Sexual”, luego de una serie de talleres que se desarrollaron la semana pasada en el Centro Recreacional Yanaconas, en la ciudad de Cali, a los cuales asistieron delegados de las administraciones municipales, de las comisarías de familia, líderes comunitarios y de representantes de algunas ONG que tienen que ver con la niñez en el norte del Cauca y Jamundí, en el Valle, quienes recibieron capacitaciones al respecto y adquirieron compromisos de coordinación en las actividades propias de cada institución.

La “Ruta de Atención a Víctimas de Abuso Sexual” es una novedosa metodología de atención a niños, niñas y adolescentes que han sufrido este perjuicio, diseñada conjuntamente por las instituciones responsables de la atención inmediata, con la cual se procura brindar a las víctimas una recuperación física y moral, y la restauración de sus derechos, sin los traumatismos que hoy padecen, por las falencias y descoordinación en el sistema de atención.

En dichos talleres se puso en evidencia que, generalmente, el tratamiento al menor víctima de maltrato o abuso sexual es un proceso en el cual muchas veces se le estigmatiza, ridiculiza y se le somete a un “paseo” por instituciones como hospitales, centros de salud, comisarías de familia, ICBF, fiscalías o inspecciones de policía, etc, que no están capacitadas o debidamente coordinadas para resolver y tratar apropiadamente el problema, disipándose la posibilidad del restablecimiento adecuado de los derechos violados y la reparación sicológica y física de las víctimas.

Con el objetivo de familiarizarse con las técnicas y ponerlas en práctica, la Fundación Plan sistematizó una serie de talleres con todos los actores del proceso, los cuales buscan que cada institución defina específicamente sus competencias y responsabilidades en la atención de cada caso, su remisión al nivel que corresponda y se logre un acuerdo entre las instituciones para el trabajo integral con calidad y eficacia.

En estas condiciones, el ICBF y la Fundación Plan implementaron la estrategia CRIA (Comité Regional de Infancia) que se creó en el año 2006, la cual consiste en establecer acuerdos de carácter regional para coordinar las rutas de atención en los municipios, reuniendo en cada municipio a las personas encargadas de la atención a la niñez para capacitarlas y realizar la construcción conjunta de los procedimientos, mediante el entrenamiento de sicólogos y trabajadores sociales. En septiembre se ejecutó la primera etapa en la cual se capacitaron 40 profesionales de 10 municipios del norte en la parte teórica y práctica; fue una semana intensiva financiada por el ICBF y Fundación Plan.

En estos talleres se reconoció además que no sólo los trabajadores del sistema deben conocer “la ruta”, sino que deben involucrarse además a todos los actores que participan en la atención de la niñez y juventud como secretarios de educación, de salud, la gente que trabaja en los hospitales y centros de salud, funcionarios de fiscalías e inspecciones de policía y líderes comunitarios, entre otros.

JOVENES CONSTRUCTORES DE PAZ

El otro proyecto que se trabajó en los talleres convocados por la Fundación Plan, en Yanaconas, Cali, fue el de JÓVENES CONSTRUCTORES DE PAZ (JCP) el cual tuvo como finalidad generar procesos participativos con adolescentes, con enfoque preventivo, que promuevan la resolución pacífica de conflictos.

Con una participación activa de jóvenes que tienen liderazgo en los municipios nortecaucanos y en Jamundí, en el Valle, se promovió el fomento de una conciencia ciudadana para actuar como sujetos de desarrollo de sus comunidades, para lo cual se establecieron oportunidades de desarrollo de sus habilidades como líderes para el trabajo de formación de Pares. Este consiste en una metodología “de joven a joven”, constructivista, participativa y lúdica, donde los jóvenes “aprenden haciendo”, desarrollan habilidades para su propio desarrollo personal y se preparan para el trabajo de formación con sus pares, buscando que se conviertan en sujetos activos en la solución de conflictos y la construcción de procesos de paz en su entorno familiar, educativo y comunitario, en calidad de ciudadanos.

Así, el eje del proyecto JCP está en el diseño, puesta en marcha y validación de una propuesta de construcción de paz, pensada desde los y las jóvenes, por ellos y ellas y para ellos y ellas, ejecutada, monitoreada, evaluada y retroalimentada por ellos y ellas, que contribuya a la construcción de paz en sus comunidades.

Los jóvenes definieron como base fundamental el desarrollo del potencial humano en cinco principales dimensiones: afectiva, ética, comunicativa, creativa para la resolución de los conflictos y la política.

De esta manera los y las jóvenes constructores de paz de Padilla, Buenos Aires, Suárez, Puerto Tejada, donde se realiza una prueba piloto, y los de Jamundí, Valle, se están apoderando de las herramientas y metodologías para diseñar estrategias de mitigación de las dificultades y acciones violentas que padecen sus comunidades.

En el caso específico del norte del Cauca, especialmente de Puerto Tejada, donde ha hecho noticia nacional e internacional el actuar de la pandillas juveniles como promotoras de la violencia y la drogadicción, se explicó detalladamente cómo uno de los factores que han contribuido al resquebrajamiento de la convivencia es el hecho de rotular a los jóvenes como factores exclusivos del mal o como generadores de problemas. Se ha formado un imaginario social según el cual el joven no sirve para el desarrollo social, sin embargo, se les reconocen sus grandes habilidades y capacidades de liderazgo, en este caso, para generar violencia.

Pieza clave de este trabajo fue entonces, descubrir que sí hay un reconocimiento a los jóvenes, que son buenos donde lo hacen y como lo hacen, desde todo ángulos, pero al día de hoy, dichas fortalezas están aplicándolas en el campo de la violencia y una supuesta maldad. En respuesta a ese rótulo negativo que tiene la sociedad adulta frente al joven, se ha provocado una autoproteción del estigma conformando organizaciones al margen de la ley y las normas de convivencia. Por ejemplo, se dice que los líderes de las pandillas lo hacen muy bien como dirigentes, lamentablemente desde el lado de la violencia; toca ahora, aprovechar esas potencialidades desde el lado de construcción de la paz.

“Hacemos unos talleres de fortalecimiento humano, estudiamos con los jóvenes el tema del conflicto, de lo político, de la comunicación y autoreconocimiento, de la parte afectiva, y retomamos un elemento importante: la reflexión ética y moral que se da en las relaciones entre ellos” anotó Alfonso Puchana, coordinador programas de juventud, de la Fundación Plan; así, ellos mismos comienzan a transformar el tema de la violencia con la estrategia ‘Pares’, en la cual se reconoce al otro como un sujeto de derechos y que como tal merece respeto.

“Esta práctica nos ha dado buenos resultados, ha reflejado ser una metodología exitosa” confirmó el profesor Wilber Ibarra, docente de la institución educativa Timba; en ‘Pares’ un joven le enseña a otro, un joven hace reflexionar a otro joven sobre sus actitudes y eso es más efectivo en términos reales; de manera mejor, digamos que los jóvenes asumen las actuales actitudes hacia ellos como una cantaleta de adultos frente a la cual optan por ser apáticos, no ‘hacer caso’ o actuar en contra del adulto.

“Hemos descubierto que la violencia juvenil se genera porque ellos mismos construyen su propia identidad a partir de imitaciones de otros jóvenes y eso explica por qué las pandillas no desaparecen matando a los líderes; esa idea errada, no acaba con el conflicto. Los jóvenes líderes pandilleros representan modelos de identidad juvenil y eso hace que los demás vayan creciendo identificados con ese modelo; cuando matan a uno siguen 15 que se identifican con esos modelos, los que siguen los remplazan y continua la espiral de violencia” explica Puchana, “Entonces, estamos conformando nuevos modelos de identidad juvenil en los cuales los jóvenes seguirán siendo protagonistas ahora, en lo público, en la sociedad, en la comunidad, en sus colegios, comienzan a ganar fama y reconocimiento y así crean modelos alternativos de identidad para la paz y la convivencia sana. De esta manera, se descubre que los jóvenes quieren que los reconozcan como una posibilidad de transformar la sociedad, y de ser famosos, y que además de críticos, sean propositivos”.

En Puerto Tejada, concretamente, se ha detectado que frente al gobierno local, han cuestionado que “si los muertos y víctimas hemos sido los jóvenes, por qué a nosotros no nos han llamado a decidir qué y cómo hacer para transformar nuestro municipio; la mayoría de los recursos y la ejecución presupuestal tampoco va dirigida hacia el problema real; no nos llaman a estudiar alternativas, están contratando profesionales de afuera que traen fórmulas mágicas, sin vinculación directa con el entorno ni compromiso con la cultura local, los jóvenes van a dos o tres talleres y se desaniman porque no son los protagonistas de la recuperación, no encuentran eco, se pierde la inversión” concluyó uno de los jóvenes asistentes a los talleres.

“Soy muy crítico del dicho según el cual “los jóvenes son el futuro”. Esta es una frase de cajón que desconoce al niño y al joven como un sujeto que puede transformar realidades, el presente, que le desconoce sus habilidades y lo faculta únicamente para después, para el futuro, pero cuando demuestra que sí es un experto robando, asesinando, creando liderazgos para el mal, allí si reconocemos sus habilidades, allí si es capaz de construir presente, como el que se está viviendo Puerto Tejada, allí sí los tenemos en cuenta. ¿Por qué entonces no aprovechar todas sus fortalezas de inmediato para la paz y dejarlos para el futuro incierto?”, se pregunta Alfonso.

El fundamento de sus reflexiones y que se desarrollaron en estos talleres tiene que ver con el reconocimiento de que existe una diferencia generacional que no se puede negar. Cada generación crea sus propios códigos de comunicación, difícil de entender para otras generaciones, códigos simbólicos que son comprensibles entre sí. Cuando un joven se acerca a otro joven para cuestionarlo por una conducta, por una actitud, lo hace desde el universo simbólico del joven, desde su propio idioma, el del joven de la calle. Este es el fundamento de la estrategia ‘Pares’.

“La pandilla es una moda que permite a un joven identificarse simbólicamente con otros jóvenes, esa es un forma conectarse simbólicamente, es una moda que recrea una forma de ser juvenil, lo jóvenes la ven así. “Mientras no entendamos esa moda, y generemos otra moda paralela, para el bien, no entenderemos la problemática y no podríamos concebir mejores condiciones de vida para la población juvenil” concluyó el coordinador Alfonso Puchana.

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