domingo, 22 de noviembre de 2009

Las chirimías, patrimonio caucano


Los sones de tambores y flautas se oyen al doblar la esquina, señal inequívoca de que esta “entrando” la temporada decembrina, seguridad del paso de los años, la nostalgia de las luces navideñas y la aparición de unos personajes queridos por todos, cuya sumatoria la denominamos CHIRIMIA.

Son campesinos de Popayán o Timbío. Históricamente hacen su aparición dos semanas antes del inicio del último mes del año, labradores de la tierra que se preparan durante todo el año para que los tambores, la flauta, los capachos y el diablo o la diabla nos reconforten con la alegría de sus ritmos.

Ellos se desplazan desde sus sitios de origen hacia la capital para que durante todo el día sus sinfonías acompañen la cotidianidad de los habitantes -muchos de los cuales el afán de sus labores comienza ya a impedirles gozar de ésta- una de nuestras más tradicionales muestras artísticas.

Grandes y pequeños salen al paso del grupo musical depositando en su “colador de color rojo” las monedas que habrán de ser repartidas entre los artistas callejeros, al ritmo del “sotareño” o el “barcino” baila el principal personaje de esta coreografía; el DIABLO, el “patas” con su ritmo alegre y armonioso nos acerca momentáneamente al espíritu navideño.

Como seremos de verracos los colombianos que aun con un alto índice de desempleo, falsos positivos, chuzadas del DAS, subsidio del gobierno para los más ricos a través de Agro Ingreso Seguro, con la pérdida del equilibrio institucional de los poderes en la nación; la patria boba creada por la “encrucijada del alma” de si va o no a la reelección, reitero, cómo seremos de soñadores que un diablo y sus músicos nos apretujan el corazón y hace brotar de nuestros labios una amigable sonrisa.

Así como la Semana Mayor y el Congreso Gastronómico son orgullo nuestro, aportemos para que esta tradición de uso del espacio público con el arte popular no muera.

Dejemos que nos inunde la sensación de bienestar que nos proporcionan las luces de colores y las chirimías, paremos nuestro afán por un minuto, escuchémosle en la calle y no olvidemos sobre todo que… Diablo sin cola no vale.

Waldana2@hotmail.com

22 Noviembre 2009

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