senaregionalcaldas.blogspot.com/2009_02_01_ar...Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
¿Qué cosa fuera de la tierra sin campesinos? ¿Qué cosa fuera que los ricos se comieran la plata de los pobres? ¿Qué cosa fuera del campo sin el trabajo de los bueyes? ¿Qué cosa fuera si los tractores ayudaran al sudor de los olvidados? No es la canción de Silvio Rodríguez, pero es el grito que no alcanzó a cantar Mercedes Sosa si fuera colombiana.
El gobierno sabe que la mayor parte de los desplazados son campesinos. Ese nombre despectivo con que hemos llamado siempre a los sufridos moradores de las tierras que producen nuestra comida autóctona. El gobierno sabe que las condiciones medievales en que viven y con las que trabajan los surcos son de dolores, sudores y raponazos de los intermediarios. Las casas y ranchos en que habitan carecen casi siempre de alumbrado eléctrico, de agua potable, están lejos de la escuela y la policía es la guerrilla vacunera o los malvados paramilitares.
Y sabe el gobierno que las tierras que tenían sembradores de paz, de papa, fríjol, yuca, naranjas, ahuyama han sido sonsacadas y han pasado a manos de sembradores de vaquerías y violencia. Han perdido sus finquitas, su sustento y andan por las calles de Cali, Bogotá, Pereira, Manizales rodando como veletas con bozal.
El gobierno dice que la economía no sufrió la recesión mundial y que los sabios de los bancos siguen gozando de la salud que dan los intereses y las comisiones. Y que hay plata para subir sueldos a 25 millones a congresistas, ministros y para regalar a familias y personas que le ayudan en elecciones. Dice el gobierno que hay una ley de justicia y paz para reparación de las víctimas y que se les reubicará o se les resarcirá en su vida.
Otra cosa es lo que sucede. Sorprende ver la noticia de que en Cabrera el Incoder adjudicó unas tierras a desplazados que no son aptas para la producción agrícola. Como sorprendió y quedó en el olvido la dadivosa asignación de tierras a colonos ricos en Carimagua. Más otras perlas que la opinión no sabe y que algún día el sol destapará si el Procurador no lo hace si los medios no las publican. Tantas cosas que el Estado de Opinión calla y tolera por un mísero subsidio mensual. ¿Hasta cuando este Estado de “Cosas” nos gobernará?
¿Cuándo el gobierno, - como intentó en 1936 el viejo López -, hará justicia a los campesinos verdaderos? ¿Cuándo convocará a los desplazados, los recogerá y los capacitará junto a sus parcelas? ¿Cuándo destinará otros 31 mil millones para importar maquinaria y tecnología para bienestar de ellos? Ellos son buenas pagas, ellos no tienen otras armas que sus manos, ellos todavía creen la las estaciones, en el tiempo de cosecha, en la guía de las estrellas. Pero también pueden coger el timón de un tractor, enganchar el rastrillo y echar a andar el recolector de arroz o trigo. ¿Por qué estas labores sólo las pueden hacer los hacendados y los egresados de Harvard que llegan cada semestre en sus trailers a sus mansiones?
“¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? ¿qué cosa fuera la maza sin cantera? un testaferro del traidor de los aplausos, un eternizador de dioses del ocaso, júbilo hervido con trapo y lentejuela... ¿qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera? Si no creyera en la locura de la garganta del sinsonte, si no creyera que en el monte se esconde el trigo y la pavura...” Esto sí es del corazón de Silvio y de la boca de la Negra Mercedes.

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