Primavera 17 del año solar 2009
“El Tour” de Quilichao
Los Muchachos del Verano
Por: Jesús Antonio Lozada Yule
En aquel verano del 82, había poca brisa. El aire era seco y cálido. Sólo el concierto delirante de las chicharras se sentía sobre las calles semidesiertas de las dos de la tarde de Quilichao. Por una acera alguien caminaba con un radio transistor, en el que se oía la voz emocionada de un locutor que narraba por primera vez en directo, el Tour de Francia.
El eco alegre de las voces, de los muchachos en vacaciones llenaba por las noches el parque Santander. Unos hacían un coro junto a una guitarra, otros planeaban salir de baño al día siguiente. Entre ellos, había un grupo que se empeñaba en ir en bicicleta hasta Mondomo, movidos por la fiebre que por esos días despertaba el ciclismo.
“La gallada nuestra se puso de acuerdo y armamos como tres o cuatro etapas en un verano. Íbamos a Quinamayó, a Mondomo o hacíamos la etapa del pave en Belén. Llegábamos a Mandivá y nos metíamos a nadar. Luego continuábamos y parábamos en La Guarapera para refrescarnos. Cada día se nos unía más gente” .
Así nació el “Tour de Quilichao”, afirma el ex alcalde Municipal, Carlos Julio Bonilla Soto, uno de los fundadores del evento ciclístico, que en un principio surgió como un sueño de muchachos que querían imitar a las grandes figuras del ciclismo nacional que nos representaban en Francia y que terminaron organizando una competencia, que interpretaba la necesidad de espacios de recreación que tenía la comunidad.

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El Tour de Francia era el fenómeno mediático del momento, que acaparaba la atención del país. En Quilichao, muchos madrugaban a las cinco de la mañana para escuchar las transmisiones en directo, otros lo hacían en diferido. Los locutores con su voz henchida de fervor patrio, narraban las hazañas de Alfonso Flores, Rafael Antonio Niño, Rubiano, y Lucho Herrera, que habían ganado una etapa o conquistado un premio de montaña, en la competencia más famosa del planeta.
Del mismo modo, décadas atrás, eventos como la vuelta a Colombia, paralizaban a Santander. En el curso de los años ochenta, el Clásico RCN incluyó a la población en una etapa contrarreloj por equipos que terminaba en Cali. En esa ocasión nos visitó Cochise Rodríguez, que ya era un acompañante. También Rafael Antonio Niño, Bernard Hino, Yamary Leblant, y otros ciclistas profesionales, que la gente sólo había oído nombrar en las transmisiones radiales, y que en ese momento pertenecían a la élite del ciclismo mundial. En este contexto de acontecimientos afortunados, nace oficialmente el primer Tour de Quilichao, en el año 83.
Desde el principio tuvo una estructura definida. Muchos de los que habían participado en la primera versión se dedicaron a la organización y a la promoción. Sin embargo, nunca funcionaron con una junta directiva permanente; era más bien un grupo de amigos que se reunía cada año, para hacer el ejercicio de imaginar qué innovación le hacían a la competencia.
Entre ellos estaban: Juan Carlos Garcés, Diego Fernández, Carlos Julio Bonilla Soto, Pedro Perucho, Juan José Fernández, Ari Delgado, Edgar Delgado, Maravilla, y Juan Carlos Quintero.
Fue muy importante para la trascendencia del evento, que desde el principio tuviera un perfil autónomo. Porque tuvo muy poco apoyo de las entidades oficiales; su subsistencia, en cambio, ha estado supeditada al empeño de sus gestores, a la colaboración abierta de la ciudadanía y a la vinculación de algunas firmas comerciales.
Algunos coinciden en que eso era una locura de muchachos, y que la gente les daba cuerda para que siguieran. Espontáneamente todos querían participar en el Tour, hacer algo: ser acompañante, echarles agua a los corredores, remolcarlos en los subidas difíciles, aplaudirlos y ovacionarlos, a la manera de los antiguos legionarios, que llegaban a las poblaciones exhaustos, pero animados por la multitud; ahora combatientes modernos de la noble causa del deporte.
No competían con bicicletas sofisticadas, ni con el patrocinio de firmas famosas. En muchos casos, era la cicla de turismo en que se hacían los mandados en el barrio. Tampoco había una exhibición de ropa deportiva, ni nadie se miraba de reojo, a través de los accesorios de marca, ni de las distancias y las perversiones que nos ha impuesto la sociedad de consumo. Todavía se manejaba esa belleza de la inocencia, que es reconocerse en el vecino y en el amigo, en su autenticidad, en su singularidad.
La Dinámica del Tour
Todo era un poco folclórico y artesanal. Las planillas se hacían a mano. Los jueces y cronometrístas, trabajaban hasta entrada la noche para, sacar los resultados de la clasificación de las etapas. Luego pegaban la lista en una cartelera en el salón Azul, frente al parque Santander. Entonces los ciclistas y los aficionados, se arremolinaban alrededor, para ver su ubicación y planear la estrategia de la carrera del día siguiente.
La gente ofrecía sus motos para que lo dejaran participar, como juez del evento. Algunos comerciantes, donaban camisetas, pantalonetas, tubulares, y en ocasiones aportaban un pollo asado para el ganador de la etapa. Todos disfrutaban por igual y nadie exigía grandes premios.
En la competencia participaban personajes como Manuel Arcos, Nuco, que salía en una moto con una serie de llantas en la espalda. Parecía un acompañante del Tour de Francia; pero si alguien llegaba a pinchar no le servían porque eran llantas de Monareta.
Muchas cosas eran puro amague y creatividad artística. Desde las camisetas chinas, pintadas al estilo de las que se usaban en las premiaciones del Tour europeo, hasta las transmisiones de radio, que hacían Javier y Rodrigo Tafurth; quienes comentaban la carrera, y la gente se lo tomaba en serio, como si de verdad estuvieran saliendo al aire. De igual forma, filmaban la competencia con una ingeniosa cámara de televisión profesional, que había nacido de su habilidad artesanal, fabricada en cartón, y que era parte imprescindible del decorado del Tour de Quilichao.
Cuando la prueba se transformó y exigió a los ciclistas que tenían que participar en equipo, se inscribió un combinado indígena de la vereda Vilachí. La gente recuerda este hecho con simpatía, porque los chinos llegaban en un carro verde, antiguo. Unos le encontraban parecido a un transmóvil de las primeras vueltas a Colombia y otros decían que era un carro de esos que vendían purgantes y vermífugos para niños en la galería. El hecho era que todas las tardes llegaba al parque, con los ciclistas abordo, para participar en el Tour; entonces los aficionados los aplaudían entre sonrisas.
Cerca de ciento cincuenta pedalistas tomaron parte en el primer Tour, en 1983. Luego el evento fue creciendo, hasta que en el año 87, participaron unos pedalistas del Valle de muy buen nivel técnico. Después se le quiso dar un sentido comercial y empezó a decaer. La gente seguía reclamando el perfil recreativo, de ciclo paseo, que había dado origen a la prueba.
Algunos ganadores de etapas han sido Julio Cesar Trujillo, Julián Castaño, Carebus, Guido Hurtado, Germán Villaquirán, Paco, Calvache, Empanada, Yoyo y Romanov Polanco, quien ha participado en todos los eventos.
El recorrido
El pavé, en Francia, equivale a las etapas de las vías alternas rurales, que están adoquinadas. La versión local, se hacía en la subida a Belén, que era destapada. Aquí ocurrían cosas muy curiosas: la mayoría de los pedalistas tenían que ser remolcados por el público asistente y muchos cruzaban la meta de llegada con la bicicleta al hombro, porque también se presentaban pinchazos.
La inclusión de una etapa nocturna fue una novedad que atrajo a un nuevo público, que no podía participar en las pruebas diurnas por sus ocupaciones cotidianas. Y a otros, el sol inclemente no dejaba de espantarlos. Sin embargo, para algunos competidores el clima de verano era un aliciente, que tenía su recompensa cuando llegaban al río Mandivá o a Quinamayó y se pegaban un chapuzón para seguir pedaleando.
Por su parte, la Liga de Ciclismo del Cauca, se ha mostrado interesada en hacerle un acompañamiento a la prueba, ya que en sus inicios, según coinciden sus fundadores, hacían un recorrido un poco irresponsable, pues se tomaban la carretera Panamericana, sólo con unos motociclistas que portaban chalecos y las banderas de señales; ellos eran los encargados de abrir y cerrar la competencia. Así se desplazaban hasta Puerto Tejada, le daban la vuelta al parque, y retornaban por la vía de Villarrica hasta Santander, sin notificarse ante ninguna autoridad de tránsito.
Los cambios
Para el ex alcalde Carlos Bonilla, el tour debería conservar un escenario recreativo y armarle una categoría aparte, elite. Que tenga una carrera por etapas y que pueda venir gente de Popayán y de otras partes. Porque en la actualidad hay un alto nivel competitivo en categorías como la infantil y juvenil, que han conquistado pruebas nacionales y regionales.
El “tour “de Quilichao ya cumplió veintiséis años. En la actualidad, hay transmisiones de radio y televisión en directo, y la organización cuenta con el respaldo y la asesoría del Instituto Municipal del Deporte. Pocos pensaron en sus inicios, que a pesar de los recesos y las dificultades por las que ha atravesado, lograra posicionarse como un legado generacional, para la cultura deportiva regional del Norte del Cauca.
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Ahora es de noche. En este verano del 2009, tampoco ha soplado la brisa. El aire permanece seco e inmóvil. Por la vía que circunda al río Quilichao, en el parque lineal, pasa raudo un pelotón de ciclistas.
Hoy es la última etapa de la temporada. En la esquina del parque Santander, un grupo de personas empieza a recordar los afanes del primer Tour, sus esfuerzos, sus desvelos; la alegría de los participantes.
De pronto, se escucha una voz por el equipo de amplificación, anunciando que por este año la competencia terminó; entonces queda flotando algo en el ambiente: es la nostalgia que pide pista.
Chao Quilichao.
Sandungerock@yahoo.es
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