LA LLUVIA EN LA PALMA DE LA MANO A Gordana Djuric. In Memoriam
A través del cristal de la inmensa ventana, Zorana observa el cielo. No es mediodía, pero ya el sol en su zenit destella en el bronce pulido del Príncipe Mihail, en el centro de la Plaza de la República.
Gran parte de la historia de Serbia está en ese monumento ecuestre, a cuya espalda se levanta el tradicional Teatro Nacional y, en el costado derecho del soberbio equino de bronce, otra importante institución que guarda valiosos documentos y obras de arte de incalculable valor, es el Museo Nacional de Belgrado.
Exactamente al frente del Museo, del Teatro y del bronce ecuestre, la Embajada de México, desde allí, en el cuarto piso, Zorana preocupada y triste contempla el cielo. Es ella una mujer joven, alta, bella y bien proporcionada, como una de sus famosas tías, estrella del Ballet de Serbia.
Foto: http://www.fotopaises.com/foto/Serbia_y_Montenegro/Belgrado/11793.html
Autor: Lluís Pellejà Serra
Me pregunto ¿qué puede ser? viendo la preocupación en su bello rostro. Coloco mi mano izquierda a través de la espalda sobre su hombro izquierdo, sin preguntar nada, entonces ella dice respondiendo a la pregunta que habría querido hacer: “Nunca nos dejan en paz. Han salido ya de Londres los primeros aviones de la OTAN, estarán aquí por lo menos en tres horas”.
Sin declaración de guerra, sin advertir a la población civil, países poderosos buscando el pretexto para destruir lo que siempre han querido destruir, la soberbia, el orgullo y la dignidad de Serbia, la fortaleza, el corazón de Yugoslavia, en el cual, como garantía, puso también el suyo el Viejo Rey Pedro al terminar en l918 la primera gran conflagración del siglo pasado. Stalin quiso hacer lo mismo, pero Yugoslavia tenía en Tito a un hombre de acero, con los cojones bien puestos, que no vaciló en que fuera abatido el primer avión norteamericano que violó su espacio aéreo en la guerra sobre el Canal de Suez.
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A la conspiración que le costó la libertad y la vida al Presidente Slobodan Milosevic, cobardemente atacado y difamado por los enemigos del socialismo, previamente fue la guerra oculta, la guerra invisible estimulando el odio y la intolerancia religiosa, los fieles soldados del Vaticano y los mercenarios muhadjedines contra la Iglesia ortodoxa, la espina dorsal de Serbia.
Bosnia fue el terreno propiciatorio desligando la solidaridad que existía entre los diversos credos religiosos desde épocas remotas, los campesinos cróatas católicos y los campesinos ortodoxos serbios aceptaron el Islam durante el imperio otomano como única alternativa para defender sus tierras y proteger a sus mujeres y su familia, muchos menores, niños y niñas, adolescentes, iban al mercado de esclavos en Turquia.
Herido mortalmente el Imperio Otomano durante las guerras balcánicas lideradas por Serbia, Bosnia, como lo fuera en alguna remota época España, era un claro ejemplo de la convivencia y tolerancia de los credos, disfrutando conjunta y recíprocamente de los ágapes en sus efemérides religiosas, Amira podía casarse con Vladimir sin ningún problema, Alois con Emina, Ibrahim con Svetlana, y todos ellos bailando luego en armonioso ‘’kolo’’, en una ronda de fraternidad y respeto reciproco, pero ha estado al acecho el lobo europeo esperando el detonador en el barril de pólvora que paciente y constante desde años atrás han venido colocando en Kosovo.
Bajo gruesas capas de polvo en la historia quedó aquel día en que las campanas de Notre Dame doblaban por la muerte de los caballeros serbios en el campo de batalla de Kosovo, “Kosovo Polje”, uno de los más hermosos poemas épicos de la Serbia medieval. Siglos después llega la retaliación de los esquipetares musulmanes que descargan su odio e intolerancia contra los monasterios y demás monumentos de gran valor histórico de la iglesia ortodoxa, socavándolos desde los cimientos, como entonces durante la primera guerra mundial ante la impasible e ilógica actitud de Francia y de sus aliados ingleses e italianos que permitieron que las tropas austrohúngaras y alemanas, como una antelación a Hitler, practicaran el genocidio en territorio serbio. Abandonada Serbia a su propio destino en manos de las mujeres, de los niños y los ancianos que amanecieron colgados de los árboles. Allá en Salónica, enfermos, heridos y moribundos los soldados del ejército de la futura Yugoslavia, la del Rey Petar Kzaradjordjevic, se levantan de pronto convertidos en un huracán al escuchar las estrofas y la música de una canción que surgía de entre ellos: ‘’!allá, lejos…!’’, sentían el llamado de esos pobres seres indefensos meciéndose en las horcas levantadas por el ocupante, tal parecía que esos mismos muertos se hubieran de pronto erguido para engrosar el ejército que desde Grecia hecho un río de lava iracunda se desparrama inclemente reclamando cada gota de la sangre de los suyos vertida tan sin misericordia hasta expulsar de sus fronteras al último soldado alemán, al último soldado austrohúngaro y de nuevo el tricolor azul, blanco, rojo, en cada balcón, en cada casa, en cada trecho del camino, exaltando el heroísmo de estos pobres soldados que en harapos y famélicos al final tuvieron como aliada a la muerte. “Pero nunca nos dejan en paz”, insiste Zorana esperando ver aparecer en el cielo los primeros buitres. “! Mejor la muerte que la esclavitud!”, le gritaron el 27 de marzo de l941 al rey y a sus lacayos que huyeron a Londres. El pueblo no aceptó el pacto que Hitler ofrecía. De la noche a la mañana se formaron comandos, tropas, voluntarios de todas las edades, de todas las aldeas, de todos los rincones de la Yugoslavia de Petar Karadjordjevic, hombres y mujeres, con aquellos sobrevivientes que regresaban de España a engrosar las filas de estos nuevos titanes que frenaron las avanzadas alemanas hacia la Unión Soviética. Francia entera colaboró con Hitler entregando a sus hornos crematorios a los judíos, a los gitanos y a los republicanos españoles que le habían pedido asilo y amparo. Una vez más estaban allí los héroes de Salónica, también Yugoslavia en los titulares de las primeras páginas de los periódicos del mundo entero.
Sigue Serbia de pie y nadie, ni ahora, ni nunca, podrá borrar del mapa ese espacio geográfico llamado Yugoslavia, aun cuando en su impotencia los occidentales del cuchillo y la mordaza quieran darle otro nombre. “No importa, Zorana, que no los dejen en paz, recuerda lo que el Caballero de la Sublime Aventura decía a su Escudero: los perros ladran, luego cabalgamos!”
Asi era. En la Plaza de la República empezó a conglomerarse la gente joven, no faltaron los adolescentes ni los niños, ni las futuras madres acompañadas de sus novios. Otros se habían situado a lo largo del puente sobre el Danubio que une las dos orillas, la ciudad vieja y la nueva, una cadena humana, tomados de la mano, cantando, desafiando a los buitres. En la Plaza armaron andamios, una plataforma, desde allí grupos artísticos y pequeñas orquestas dieron su concierto, su desafío, exaltaban la presencia de los héroes medievales muertos en Kosovo Polje, siempre al grito de combate:: ¡Bog i Serbia! (Dios y Serbia).
Los buitres entre tanto ya habían disparado sus misiles contra objetivos militares, destruido el edificio del Ministerio de la Defensa, del Ministerio de Asuntos del Interior llamado el Marsalato (el centro de operaciones del Mariscal Tito en vida), los puentes sin respetar la vida humana en ellos, un tren en marcha hecho trizas con todos sus pasajeros, un hospital, hasta una escuela y una niña que jugaba en el patio de su casa víctima de la explosión de un misil norteamericano.
Fue un campo de operaciones para comprobar el alcance de un nuevo tipo de avión de combate clasificado como ‘’Phanton’’ porque era difícil de localizar a simple vista, no obstante ese primer día el primer avión fantasma fue abatido por un joven artillero especializado en el manejo de las computadoras. Al día siguiente por las calles de Belgrado apareció un muchacho alto luciendo un sombrero que parecía un ‘’Phanton”’ con la siguiente leyenda: “izvini, nisam te video” (perdona, no te había visto). Otros dos aparatos más fueron abatidos y capturados por los campesinos sus pilotos que en paracaídas cayeron en el campo serbio.
Sonaban estridentes las sirenas. Haciendo caso omiso llegaron a la Embajada tres muchachas de la Universidad buscando determinados libros en la Biblioteca de la misión diplomática, tranquilas, flemáticas, a diferencia del Embajador y el Consejero que no podían ocultar su temor. Sin tacto diplomático el Consejero les decía a estas niñas “he tenido la fortuna de poner a salvo a mi familia en Budapest”. Por otro lado, el Embajador me dice “admiro, señor Sandoval, su sangre fría”, se escuchaba la sirena que advertía de otro ataque y prevenía a la gente para que buscara los refugios antiaéreos. Estaba ocupado buscando los libros que las estudiantes necesitaban para sus exámenes. “En estas circunstancias, mi querido Embajador, ¡es tratar de mantener los pantalones limpios!”, fue mi respuesta. No fueron los únicos que no pudieron mantener limpios sus pantalones y aprovecharon la ocasión de viajar a México, haciendo escala en Budapest y disfrutando de las comodidades que les ofrecía el gobierno a sus bienamados y heroicos súbditos que huían de la guerra.
Nadie muere la víspera, dicen los entendidos en esta materia, cada quien tiene su hora y su día señalado. El valiente muere solo una vez, el cobarde a cada instante toda la vida. Reían las niñas de mi observación, una de ellas, Jelena Rajic, traía para la biblioteca un ejemplar de una colección bilingüe de poemas de Gordana Djuric, una poetisa de origen gitano, libro modesto publicado por la Asociación de Vojvodina pro idioma y literatura del pueblo Roma (Novi Sad, 1989), con el titulo original en su lengua romi “Dukhaldo Ilo” (El Corazón Herido – Ranjeno Srce)
La lluvia en la palma de la mano
Despacio y delicadamente sigiloso
entra con el primer crepúsculo,
tu fuerza, tu dignidad
con algo de lluvia en las palmas de la mano.
Hay todavía mucho del viento en tus cabellos.
Oh, cómo brillas a la luz de las estrellas,
no eres nadie, sin embargo eres bello
como un guerrero en busca de su botín.
Ven que también te espero esta noche,
deja atrás las quejas y el dolor que nos abruma,
y a nadie, absolutamente a nadie
debes hablarle del amor.
Un 20 de octubre entra en Belgrado el ejército rojo. Con los partizanos de Tito liberan la ciudad y van arrojando al vacío a las huestes de Hitler. Para conmemorar ese glorioso día, en esa fecha, cada año, la Asociación de Escritores de Serbia y el gobierno de la República Federal Socialista de Yugoslavia, crearon el encuentro internacional de escritores; poetas de todos los meridianos se dan cita en esta ciudad, hay veladas literarias en varias bibliotecas públicas, en el anfiteatro de la Universidad Popular Kolarac, al aire libre en el barrio Skadarlija que fuera en los primeros años del siglo pasado, centro de la bohemia literaria de Belgrado.
En uno de estos encuentros propuse a uno de los directivos de cuyo nombre no quiero acordarme, que se le rindiera homenaje a esta poeta gitana, secuestrada el 27 de agosto de l999 en Kosmet, en su camino a dar un recital en la localidad de Gracanica, pero antes fue a Pristina para socorrer y ayudar a varios de sus amigos y parientes victimas en Kosovo de la agresión de la OTAN. Su cadáver fue localizado y exhumado de una fosa común en Dragodan y se le dio sepultura en su ciudad natal (l958), en donde trabajó indistintamente en actividades culturales participando en muchos recitales poéticos a los que iba especialmente invitada. Al no aceptar mi propuesta, y nunca entendí por qué, decidí que un día escribiría unas páginas en homenaje a esta poeta y valerosa mujer que bien se merece un sitio en las letras de Serbia, sin olvidar que muchos héroes de su pueblo militaron en las fuerzas de la nueva Yugoslavia y mantienen hoy muy activa una emisión especial, manejada por otro poeta gitano, en lengua Romi en la Radiodifusora Nacional de Serbia.
SI ACASO PUEDES
Háblale a la hierba
y acaricia el viento
impide que corra el agua de la fuente,
si puedes
haz que se aproxime el enemigo.
Si acaso puedes
no dejes el perfume a las muchachas,
no permitas que las muchachas recojan frutos
no permitas flores a las muchachas.
Si acaso puedes
captúrame como a un pájaro,
captúrame como un suspiro,
captúrame como a una estrella del cielo.
TÚ
Tú,
Que eres el iris de mis ojos,
Que eres la piel de mis labios,
Tú
Que eres el tesoro de mi cuerpo,
Que eres sustancia de mis huesos,
Ven
Vamos juntos a esperar la primavera
( … )
No digas
Es el amor
Es la lluvia que cae en nuestros caminos
No digas
Es una canción
Para nuestros caminos no hay viandantes
P E R D O N
Perdóname por el encuentro,
estoy enferma de vejez
cansada de una enorme tristeza
como si viviera una vida ajena.
Te he mencionado en cada poema
y cada día pronuncio tu nombre,
ha temblado mi alma mientras te espero,
creía en el regreso de alguien
durante mis sueños.
Entraste a mi alma
como un ladrón, entraste
a través de mi boca como una puerta
y te acomodaste en mi corazón.
(Poemas de Gordana Djuric: El Corazón Herido
traducidos al español por Paul Disnard)
N. Sandoval-Vekarich
Belgrado, agosto 27 de 2009