Reinel GutiérrezPor las calles de las ciudades se le ve frecuentemente, con un traje que no es cómodo para ella.
Su porte llama la atención, y no hay mirada de niños, jóvenes y adultos que no se detenga para admirarla.
Todo el día recorre las urbes en medio de ruidos, trancones, gritos, pitos, peleas, desesperos y en fin, en un ambiente no propio para ella.
Su simpatía hace que talvez sea la más fotografiada, como una reina, y muchos quieren posar encima o al lado de ella.
Se trata de la llama, un inofensivo y pacifico animal de las altas montañas andinas, que a algunos se les ocurrió sacarlas de su hábitat natural para explotarlas en la fotografía para niños.
A todos les parece gracioso, no solo el animal sino las escenas de pose en los parques, los puentes, las avenidas, a donde el animalito es llevado para el trabajo que desarrollan los señores de la cámara.
Talvez nadie se ha detenido a pensar que este animal es maltratado cuando debiera estar con los demás animales de su especie, arriba en las montañas, con el frío o la neblina, y solo el canto de las aves.
Alguien debe salvar a las llamas urbanas, que por su carita tierna, que no expresa fiereza alguna, las explotan en forma inmisericorde.
Este drama es común verlo en las ciudades, cuando desde las primeras horas el animal es conducido al centro, pues sus dueños residen en barrios populares, que siempre están retirados, y en las noches regresan cansadas , otra vez en una larga caminata. Estas llamas, fotografiadas como reinas, deben ser protegidas por los organismos que ayudan al bienestar de los animales.
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