martes, 12 de enero de 2010


SONETO PARA LA SEÑORITA EMMA EVA


http://www.taringa.net/posts/musica/3968382/Sandro-de-Am%C3%A9rica,-te-hacemos-el-aguante-en-T!.html

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

Estuve oyendo con los ojos en la patria nueva de Sandro, el cantor de América, en el especial que nos preparó en Caracol Marco Aurelio Álvarez. La verdad es que cuando yo tenía la edad de Sandro cuando empezó a cantar, estaba requinterno en un convento y allá no nos dejaban oír música profana - y menos si era de la nueva ola -. Mi hija Caterín luego, se enamoró de su figura y de su acento. A mí encantaba su voz distinta, algo ronca, las letras poéticas que como cantautor lo distinguieron. Tenía un pegamento espiritual, era natural en el vestir y representó siempre a la juventud, porque tuvo la virtud de no llegar a viejo. Enfermó, debió alejarse un poco de su público y los balcones, pero no perdió la calidez ni la cara amable.

En la secuencia que nos mostró el hábil Marco Aurelio, Sandro iba narrando cómo nació a la música, quienes lo ayudaron y sus recuerdos se posaban sobre personajes y asuntos, como la mariposa que se queda un momento relamiendo el néctar de la flor del resucitado.

Evocó, por ejemplo, cuán grato para él fue disfrutar su infancia en la escuela primaria en el suburbio obrero. Sandro no tuvo una cuna de oro ni de plata, pero gozó del privilegio de gustar las cosas sencillas que tenía a la mano. Miraba atrás a su familia, a su entorno, sin rencores ni reclamos, de sus juegos, de su primera guitarra y de su amigo que le enseñó a tocarla, de sus amistades pocas, y de sus profesoras. Le dedicó un momentazo y bañó a la distancia en su cariño a los recuerdos en la escuela oficial y nombró a las señoritas Texeira y Emma Eva. Qué de feliz se hubiera sentido aquella formidable profesora al oírle a Sandro cómo le alababa su manera de enseñarle la lengua castellana. Qué de respetos y agradecimiento. Y cómo debieron sentirse halagados todos los profesores argentinos oficiales, pues para todos ellos alcanzaron los elogios de este grande que se ha ido.

A los argentinos les hacemos chistes sobre su egolatría y su sobreorgullo. Tienen un sentido de la identidad nacionalidad bastante desarrollado. Y, en general, los artistas dicen, también, tener su estrella más iluminada que la de todos. Pero cuando Sandro habló de sus maestras y lo que significó para él el paso por la escuela no ahorró tiempo ni bajó la voz, ni fue menos brillante que una de sus canciones.

Yo creo que a todos nos dejó un ejemplo para valorar a quienes en las aulas y en los recreos nos enseñaron a leer, a sumar, a restar, a multiplicar, a pintar, a fabular, a soñar. El ser humano nace como nacen todos demás vivientes y poco aprenden a sobrevivir. Los demás vivientes no tienen la oportunidad de ir a la escuela, al colegio, a la universidad y gozar de la sencillez, la dulzura, el sentido maternal de profesoras y maestros. ¿Quién no guarda gratitud por el estímulo, la felicitación, y hasta el regaño que hizo abrir los ojos? Unas, como Lola, nos dieron la suavidad de su mano en la edad de la duda, aquel Luis Jahir, nos enseñó a explotar el buen humor, aquella, Socorro, nos dio siempre la felicitación y nos alabó el fruto del trabajo.

Sandro, el Gitano, y su voz ya no subirán al escenario. Ya no escucharemos Rosa, rosa, Una muchacha y una guitarra, Así, mientras él se movía vivo. Pero nos quedó sonando en el radar de nuestros oídos el Soneto para una rosa - en lo que quedó del primer poema canción La Espuma y la Rosa -, que le escuchó la señorita Emma Eva. Nos quedará sonando el agradecimiento que toca a todos los maestros de las escuelas oficiales tan olvidados y mal pagos, cuya labor sólo es reconocida con el paso de largos años.

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