El padre Sabaraín, como le llaman afectuosamente, se ordenó sacerdote el 22 de mayo de 1988 y en junio de ese mismo año fue designado Promotor Vocacional de la Arquidiócesis de Popayán. Luego, se desempeñó como Director y Capellán del Seminario Menor. Posteriormente, fue párroco de Paispamba-Sotará y de aquí, trasladado a Santander de Quilichao donde se ungió como fundador de la parroquia del Niño Jesús de Praga, entre septiembre de 1991 y agosto de 1992. Se especializó en Teología Moral en Roma entre 1992 y 1994 y llegó nuevamente a Quilichao el 5 de septiembre de 1994, fecha desde la cual decidió compenetrarse tanto con sus fieles que incluso, llegaron a considerarlo parte de la familia quilichagueña, trabajando hombro a hombro en la parroquia por los mismos propósitos: crear iglesia con valores y principios.
Ante la evidente nostalgia que han manifestado su feligresía y amigos por tener que abandonar el templo que dirigió por más de 15 años, PROCLAMA decidió conocer sus conceptos sobre esta decisión superior de la Iglesia: “Sin duda, uno no puede negar el sentimiento de nostalgia de haber compartido con personas muy cercanas a uno durante tantos años, pero lo principal es responder a la vocación; el llamado de Dios es a vivir conforme a su voluntad y servir con amor; la mayor gloria para Dios es la felicidad del ser humano; lo importante es tener la alegría de servir con amor a la comunidad donde nos corresponda; todos somos hermanos a pesar de que son diferentes las circunstancias, situaciones o culturas, pero uno va con mucho amor; de hecho, yo ya había trabajado en Popayán entre 1988 y 1991. Ahora fui llamado a la Pastoral de la Arquidiócesis y a la parroquia de San Agustín; lo hago con mucho gusto, amor, fe y alegría. Otros vendrán a continuar la obra que hemos venido adelantando con entrega, en nombre de Dios”, expresó el padre Sabaraín.
La comunidad quilichagueña tampoco ha sido indiferente a este hecho. “Después de quince años de apostolado, indudablemente dejará un gran vacío en la comunidad; se le agradece al padre por esta misión llevada a cabo en nuestra parroquia, y le deseamos muchos éxitos en su nueva sede” dijo nostálgica María Piedad Torres Villafañe.
Por su parte, Diana Marcela Galarza Barco (foto) expresó durante la ceremonia religiosa de despedida: “Sacerdote significa hombre de Dios, hombre de Dios aquí, allí, allá, en cualquier sitio, con todos: pobres, ricos, clase media, estrato 0, estrato 6, estrato 3, en la vereda, en el pueblo, en la ciudad. Porque el sacerdocio es vocación, es decisión, es optar por seguir a Jesucristo siempre. Son humanos los sacerdotes y es lo mas normal que se pongan tristes y se congojen por sus traslados, pero el sacerdote debe estar por encima de esto. Cuando el sacerdote se entrega de verdad a su apostolado con amor y decisión de proclamar la Salvación y el amor de Dios, está dispuesto a hacerlo desde cualquier escenario. Nosotros los feligreses debemos rodearlos, acompañarlos, quererlos, orar por ellos para que su razón de ser se fortalezca, debemos formar parte activa en las parroquias porque el sacerdote esta destinado a ser humanamente "un hombre solitario", rodeado y acompañado de muchos feligreses, pero en su yo intimo solo con la compañía y vivencia de Jesús”.
La ceremonia de despedida fue muy nutrida en la iglesia parroquial la noche del Miércoles 13 de enero de 2010. El sacerdote Fabara Zúñiga, acompañado por sus padres (foto) y demás familiares, recordaba: “Yo llegué el 5 de septiembre de 1994, pero siempre, la labor pastoral se hace, primero, con la ayuda de Dios y segundo, con ayuda de la comunidad y la comunidad de Quilichao es extraordinaria tanto a nivel urbano como rural”.
Un pasaje significativo de su vida pastoral en Quilichao: “Me llamó mucho la atención en el 2000 la misión casa a casa que hicimos en Quilichao llevando la Palabra de Dios con todos los misioneros y luego, cuando fui nombrado Vicario Episcopal de la zona norte del departamento, cargo que desempeñé durante tres años”.
El mensaje final a la comunidad quilichagueña antes de su traslado: “Lo que se ha sembrado, que se siga cultivando; y un agradecimiento muy especial para todos, aquí hemos colaborado y dirigido el norte del Cauca; mucho ánimo, esta obra no va acabarse porque esta es una obra de Dios, debemos apoyar al máximo al nuevo párroco, el padre Héctor de Jesús Holguín (foto), que la iglesia tenga un impulso nuevo y eso lo hace el párroco y la comunidad; vamos a estar unidos, yo voy a trabajar en la Vicaría Pastoral de Popayán”. Además expresó un “Mensaje para las veredas, ya hablé con los sacerdotes salesianos y con el nuevo párroco para que las misiones continúen y un agradecimiento a todos, lo mejor es sentirse amado por Dios y una bendición para todos”.
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