Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
Señor Dios: Nunca te conocí y no sé si eres liberal, o si ya perdonaste a Malthus por sus teorías,
o si acaso eres conservador, como tu amiguito Arias. Perdona que te tutee. Eso antes no lo hacía con nadie. Pero desde que me liberé de rendir tributo a la solemnidad, lo hago con los amigos. Supongo que no te pondrás bravo por este detalle.
Espero que no estés tan bien allá donde estás, porque eso querría decir que no te interesan las cosas malas que pasan por aquí. Me ha dado por pensar que es así por algunas amistades con que barrunto andas, porque ellos hablan a veces de ti y tú no haces nada por mejorarlo.
Yendo al grano, muy mentado y lejano señor, quiero exponerte algunas cositas que me parecen raras y no claras en este país de tu sagrado corazón. No es que te ponga en el paredón o que te llame a juicio. Es apenas un diálogo sincero, que creo lo aceptarás. ¿O eres el que has recomendado al que se dice tu hijo mimado a que no admita jamás el Acuerdo humanitario? Eso no lo podría yo ni pensar.
Esta carta requiere una contestación antes de abril. Perdona el atrevimiento, pero el señor Registrador necesita también esta respuesta. ¿Es cierto que le tienes apuntado en tu agenda a nuestro presidente seguir por otros cuatro años sumiendo en el caos y en la pobreza y la mendicidad a más de la mitad de esta nación? ¿Es cierto que eres tú el que le allanas el camino y pones en su boca las palabras tiernas con que se dirige a tus otros hermanos?
Si volvieras y compararas nuestra patria con otras naciones tendrías que bendecirla porque sus gentes son humildes y chuzadas por el Das y sin pan, aunque es muy rica en recursos naturales y biodiversidad y hermosa. Con toda seguridad democrática tendrías que volver a replantear las bienaventuranzas. No es justo que tengan que esperar ni otros cuatro años ni que alcancen la paz en la otra vida.
Dime, por fin, la verdad. ¿Tú le dictas al presidente sus decisiones más secretas? ¿Le inspiraste, acaso, las ponencias de la ley 100, la ley 50, la ley 789, la emergencia social, acabar con los ministerios de salud, trabajo, justicia, flexibilizar los puestos formales de trabajo, subir las edades de pensión, vender poco a poco las empresas colombianas con más prestigio? Le recuerdas tus deberes de llamar a Invías, a minminas, al ICA, al ministerio del ambiente para que protejan los recursos naturales? ¿Le aconsejaste la ley de justicia y paz, recompensar a los informantes, crear redes de votantes regalando pequeños subsidios, extraditar a los paramilitares que tenían tantos secretos y debían tanto a las víctimas? Está quedando mal tu oficio de iluminar al gobernante
o si es que él nos está tramando con ese cuento. Parece más bien que estuviera aconsejado por los manes de Maquiavelo. Mejor no te importuno más, señor del Olvido y el Más Allá.


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