lunes, 8 de febrero de 2010

Dueños de lo que pensamos

Por Tatiana Martínez Muñoz
Estudiante de Medicina - Unicauca


“Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio y piensen en ello… y el Dios de paz estará con ustedes.” (Fil 4:8)

Somos fruto de lo que dejamos entrar en nuestra mente, lo que empieza por un pensamiento, se vuelve palabras y posteriormente se convierte en acciones. Nuestra mente es como un campo de batalla en donde el bien y el mal luchan por ganarla, de ahí que quien la gane, ganará el control de lo que somos y de lo que hacemos.

Muchos logran domar su mente, tienen una gran inteligencia emocional y llegan a lograr cosas increíbles, pero en su interior siguen deseando el mal, la perversión y lo inmoral, son una máscara de la bondad pero siguen siendo siervos de la maldad.

Esto es lo que pasa cuando dejamos a Dios fuera de nuestras vidas, el exterior puede lucir bien pero el interior apesta. Para lograr una transformación real necesitamos de Dios, específicamente necesitamos dejar pasar a Cristo a nuestro corazón y cederle el control de nuestra vida; cuando esto pasa nacemos de nuevo y nuestro espíritu que antes permanecía vacío es ocupado por el Espíritu Santo es así como desde nuestro interior Dios empieza a transformarnos de seres egoístas, egocentristas y cobardes llevados por sus instintos naturales a seres espirituales llenos de amor, poder y dominio propio.

Esto es un proceso que requiere tiempo y colaboración de parte nuestra, Dios es muy claro en advertirnos que para poder ver su buena, agradable y perfecta voluntad es necesario que renovemos nuestro entendimiento y empecemos a pensar de manera correcta. Pensar en lo verdadero, lo respetable, lo justo, lo puro, lo amable y lo excelente si bien requiere que aprendamos a dominar nuestros pensamientos y elegir lo que dejamos entrar en nuestra mente, también requiere conocer la palabra de Dios y aceptarla como verdad en nuestra vida.


Si quieres nacer de nuevo ábrele las puertas de tu corazón a Jesús y dile: Señor Jesucristo entiendo que te necesito y que no puedo seguir viviendo lejos de ti, creo que moriste en una cruz para que mis pecados fueran perdonados y que resucitaste de entre los muertos. Hoy te abro la puerta de mi corazón y te recibo como mi Señor y mi salvador, ocupa el primer lugar en mi vida y haz de mi la persona que tu quieres que yo sea. Gracias por amarme, perdonarme, hacerme hijo de Dios y darme vida eterna. AMEN

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