
FABIO ARÉVALO ROSERO – MD
fabio121@gmail.com
Los movimientos verdes del Siglo XXI tienen como propósito esencial la convivencia pacífica y el desarrollo humano sostenible. Promueven estrategias legítimas que generan condiciones saludables para la preservación y vigorización de la vida. Es para ello que se demanda el cuidado del medio ambiente y sus actores, propugnando por buenas prácticas humanas que garanticen un equilibrio entre progreso, productividad y bienestar.
Pero es evidente que es necesaria una gran capacidad de poder, por ello muchos movimientos ambientalistas evolucionaron y se transformaron en partidos verdes. En Alemania por ejemplo, Los Verdes fueron el resultado de los movimientos sociales de los años 60. El partido fue liderado por la socióloga y activista por la paz Petra Kelly, que fue asesinada en 1992 con apenas 44 años. Petra, seguidora de Marthin Luther King, recibió en 1982 el Premio Nobel Alternativo.
Su legado es reconocido ya que estos movimientos tienen hoy mayor relevancia. El mundo les da la razón, tardíamente. Los efectos del calentamiento global son reales y es indispensable reeducar a la humanidad para evitar una catástrofe. De allí la necesidad de intervenir políticamente. Afortunadamente la mayoría de grandes activistas han evolucionado hasta adquirir perfil de alto talante y no la imagen de los descamisados de antaño. Allí están personalidades como Al Gore y los mejores alcaldes del mundo (gracia de ciudades como Zurich, Viena, Cophenague, Nueva York, Bogotá, Porto Alegre, etc).
En Colombia se trata de consolidar un Partido Verde, pero aun muy desdibujado por la asociación a otro tipo de movimiento alejado de los principios fundamentales y con opción prioritaria electoral. Su estructura aun está en aprietos. Las únicas figuras directivas totalmente coherentes con la filosofía verde a partir de resultados transformadores, son por ahora Enrique Peñalosa y Antanas Mockus. Los demás hacen parte del partido y algunos, tal vez, no son concientes por qué están allí.
Veamos un ejemplo. En una importante ciudad colombiana se debatía hace unas semanas en el Concejo un acuerdo para prohibir las festivas cabalgatas urbanas (por ser una forma de maltrato animal, clasismo, conflictos y riesgo para la vida). El acuerdo fue aprobado, pero paradójicamente uno de los concejales que votó en contra, estaba incrustado en el Partido Verde. Demuestra que es difícil hacer compatibles la política y la moral. Contradicciones que aun persisten e impiden la maduración de un proceso genuino de desarrollo político sostenible como opción constructiva.
Lastimosamente esa es la política, donde lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno. Por ello hay personajes coyunturales que dicen estar a favor de la sostenibilidad humana, pero son cómodos a la hora de aportar. Apoyan tortura de toros, malgasto de agua, uso forzado de animales, no caminan mucho y no se bajan del auto. Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos se esfuerzan por hacer imposible lo posible. En Colombia el Partido Verde deberá madurar mucho, aun está muy verde.
Apostilla: Kissinger decía que el 90% de los políticos dan mala reputación al 10% restante. Por ello nueve de cada 10 campañas electorales fracasan en su objetivo. El cerebro del votante es el campo de batalla del marketing político. Y el cerebro es un laberinto oscuro donde se pierden casi todos los mensajes de una campaña electoral.
fabio121@gmail.com
Los movimientos verdes del Siglo XXI tienen como propósito esencial la convivencia pacífica y el desarrollo humano sostenible. Promueven estrategias legítimas que generan condiciones saludables para la preservación y vigorización de la vida. Es para ello que se demanda el cuidado del medio ambiente y sus actores, propugnando por buenas prácticas humanas que garanticen un equilibrio entre progreso, productividad y bienestar.
Pero es evidente que es necesaria una gran capacidad de poder, por ello muchos movimientos ambientalistas evolucionaron y se transformaron en partidos verdes. En Alemania por ejemplo, Los Verdes fueron el resultado de los movimientos sociales de los años 60. El partido fue liderado por la socióloga y activista por la paz Petra Kelly, que fue asesinada en 1992 con apenas 44 años. Petra, seguidora de Marthin Luther King, recibió en 1982 el Premio Nobel Alternativo.
Su legado es reconocido ya que estos movimientos tienen hoy mayor relevancia. El mundo les da la razón, tardíamente. Los efectos del calentamiento global son reales y es indispensable reeducar a la humanidad para evitar una catástrofe. De allí la necesidad de intervenir políticamente. Afortunadamente la mayoría de grandes activistas han evolucionado hasta adquirir perfil de alto talante y no la imagen de los descamisados de antaño. Allí están personalidades como Al Gore y los mejores alcaldes del mundo (gracia de ciudades como Zurich, Viena, Cophenague, Nueva York, Bogotá, Porto Alegre, etc).
En Colombia se trata de consolidar un Partido Verde, pero aun muy desdibujado por la asociación a otro tipo de movimiento alejado de los principios fundamentales y con opción prioritaria electoral. Su estructura aun está en aprietos. Las únicas figuras directivas totalmente coherentes con la filosofía verde a partir de resultados transformadores, son por ahora Enrique Peñalosa y Antanas Mockus. Los demás hacen parte del partido y algunos, tal vez, no son concientes por qué están allí.
Veamos un ejemplo. En una importante ciudad colombiana se debatía hace unas semanas en el Concejo un acuerdo para prohibir las festivas cabalgatas urbanas (por ser una forma de maltrato animal, clasismo, conflictos y riesgo para la vida). El acuerdo fue aprobado, pero paradójicamente uno de los concejales que votó en contra, estaba incrustado en el Partido Verde. Demuestra que es difícil hacer compatibles la política y la moral. Contradicciones que aun persisten e impiden la maduración de un proceso genuino de desarrollo político sostenible como opción constructiva.
Lastimosamente esa es la política, donde lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno. Por ello hay personajes coyunturales que dicen estar a favor de la sostenibilidad humana, pero son cómodos a la hora de aportar. Apoyan tortura de toros, malgasto de agua, uso forzado de animales, no caminan mucho y no se bajan del auto. Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos se esfuerzan por hacer imposible lo posible. En Colombia el Partido Verde deberá madurar mucho, aun está muy verde.
Apostilla: Kissinger decía que el 90% de los políticos dan mala reputación al 10% restante. Por ello nueve de cada 10 campañas electorales fracasan en su objetivo. El cerebro del votante es el campo de batalla del marketing político. Y el cerebro es un laberinto oscuro donde se pierden casi todos los mensajes de una campaña electoral.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada