martes, 9 de febrero de 2010

La salud del cerebro


Fabio Arévalo Rosero -MD*

El desempeño humano depende de un mínimo equilibrio corporal que tiene que ver con una condición de salud básica. En la práctica deportiva ya sea de mantenimiento o de mediana y alta competencia es necesaria una buena forma física. Esta influye directamente en el metabolismo favoreciendo un mejor aporte de nutrientes a través de la circulación en todos los tejidos, incluyendo el sistema nervioso y sus órganos como el cerebro.

El ejercicio físico moderado no solo fortalece los músculos, también aquellas estructuras que afectan el comportamiento de las personas. La vitalidad de las neuronas depende de un buen aporte sanguíneo y la actividad física lo vigoriza y favorece. ¿Pero qué influye en la salud del cerebro? Directamente, la fatiga física o intelectual, estrés, falta de sueño, no usarlo regularmente y alimentación inadecuada. Este último rasgo es fundamental para fortalecer a las neuronas y protegerlas del envejecimiento; pero indirectamente la falta de una dosis mínima de ejercicio diario que hace que no haya la suficiente provisión de sangre y con ella de los nutrientes necesarios.

Es indispensable, entonces, para la preservación cerebral evitar el diestrés (estrés maligno), dormir al menos cinco horas diarias, prevenir el cansancio crónico (agotamiento físico acumulado), realizar ejercicios diarios de concentración y memoria, tener una alimentación adecuada y evitar el sedentarismo. El ejercicio físico indicado es el aeróbico, esencialmente continuo como la caminata rítmica o deportes de conjunto como fútbol o baloncesto. Igualmente todo desempeño físico al aire libre tipo senderismo, ciclismo y la carrera a pie son extraordinarios combustibles de la inteligencia.

En cuanto a la dieta existen alimentos con efecto indirecto pero específico en la salvaguardia de las células nerviosas que conforman la materia gris del cerebro. Entre ellos están los antioxidantes que protegen a las neuronas del envejecimiento como el betacaroteno, vitaminas C y E, cromo, zinc, selenio y magnesio, los cuales pueden consumirse en la soya, germen de trigo, coles, ají, brócoli, zanahoria, cebolla, espinacas y los cítricos.

Las vitaminas del grupo B inciden significativamente en los cambios de humor, en el rendimiento del cerebro y el buen funcionamiento del sistema nervioso. Están contenidas en vegetales verdes, legumbres, yema de huevo y levadura de cerveza. También en cereales integrales, hígado y leche. Su deficiencia podría llevar a la pérdida de la conciencia, mengua de la memoria y potencial daño cerebral.

Mientras los carbohidratos son la principal fuente de energía para las funciones del cuerpo, desde caminar hasta pensar, dormir y memorizar. Los carbohidratos más complejos y recomendables están en el maíz, frijol, arroz, trigo, pan, harinas, pastas, avena y en las frutas (plátano, fresa, sandía, manzana, papaya, durazno, pera, naranja, piña, mango etc.). Pero además es esencial evitar a toda costa el consumo de alcohol y tabaco, ya que aceleran el envejecimiento neuronal. Y nunca olvidar que la práctica frecuente de actividades deportivas aeróbicas favorece notablemente la salud cerebral.

*Especialista en ciencia deportiva y Subcampeón del mundo, World Medigames 2009
fabio121@gmail.com

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