LAS GARZAS NADAN VESTIDAS DE BLANCO
http://www.damisela.com/zoo/ave/otros/ciconi/ardei/day/alba/index.htm
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
El Lago Calima amaneció con frío. Su piel azul tirita y se recoge sobre multitud de arruguitas leves. Sus labios van corriendo en olas menudas a refugiarse entre las grietas del acantilado junto a uno de los muelles. Mugen y pujan como cachorrito macho que quiere meterse en los pliegues del vientre materno. Recuestan sus olas inquietas una y otra vez sobre su costado buscando librarse del hielo de la mañana o el amparo para pasar la noche bien calientitas.
El gran Lago Calima es la casa de decenas de garzas blancas. Allí aparecieron un día sobre el risco pelado arrulladas por el viento de la marea y cubiertas por la bata de la calima que baja de las montañas. En sus aguas verdes cumplen su ciclo vital, hallan sustento y bañan sus plumas inmaculadas. Las garzas son unas damas muy elegantes. Todos los días usted las ve en vestido de baño blanco lavar sus piecitos y muslos largos y su madre, el agua, las peina con su superficie rizada. Como madre les pone sus ubres verdes para que beban su agua pura y les guarda en su seno el alimento que dosifican día por día.
A veces las lleva de paseo sobre sus ondas tersas y otras veces las guía cuando las olas se encrespan alto y el viento no es muy propicio. Su madre las tiene acostumbradas a una vida de reposo y ritmo porque sabe que su oficio es servir de adorno y alegrar los ojos de quienes las ven recostadas sin gorro y sin toalla sobre la ribera. Sacan del frasco que llevan debajo del ala un fino aceite que les da brillo y les hace ver su cuello más delicado. Ellas pareciera que no sufrieran los rigores de la tormenta ni se afanaran de los veleros que cruzan veloces casi rozando sus picos largos.
Muy a la tarde, cuando su reloj les dice que su madre las llama, llega una treintena a hacerse visita como buenas hermanas y a reportar el diario trajín que viven. Unas se sientan en verdes cojines sobre el manglar cercano a la Hostería Los Veleros y allí conversan muy educadas y otras un poco traviesas pican y pican entre las piedras del risco arenoso por si acaso encuentran un bocado inesperado. Con un cuarto de hora sacian los comentarios de todo un día y con un beso agudo en la mejilla se despiden para volar al lugar donde se alojan, escondidas a ojos profanos.
Esta linda familia de reinas aladas es la delicia para ojos y seres que sienten el aleteo y la gracia de las aves que aparecieron por vez primera cuando la aurora dejó el velo descorrido y salieron volando de unos huevos de luz tramada con hilos de nieve.
Cuando usted vaya a Calima-Darién y pase frente a la Hostería que tiene Comfandi frente a ese pequeño mar de verde con el dibujo de las montañas entre sus aguas, pare un momento a las 6 p.m. para gozar del espectáculo que dan las garzas, sin proponérselo.
21-02-10 10:09 a.m.


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