MUCHO MILITARISMO Y SIN SEGURIDAD SOCIAL
www.ejercito.mil.co/?idcategoria=193194Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
Este país regido por el esquema de Estado Social de Derecho, como así lo decidieron soberanamente los Constituyentes del 91 podría ser un paraíso si lo liderara un gobierno respetuoso de las leyes y de las arcas llenadas pesito por pesito por los contribuyentes. Pero Colombia hoy es un Estado folclórico de opinión, que se rige por el maquiavélico principio aquel de la “Razón de Estado” que El Príncipe de alta silla la acomoda a su antojo.
Somos una nación de leyes que vota el Congreso para el bien de los asociados. Somos un conglomerado, dividido en seis estratos, con más de la mitad de la gente en pobreza mayor. Las leyes deberían servir no tanto para los propios legisladores y para los altos funcionarios del régimen sino para surtir las necesidades de tanto pueblo sin empleo, sin tierra, sin vivienda, sin instrumentos de labrantío, sin cuna de privilegios.
Desde Platón hasta Rousseau el gobernante es elegido no para gloria propia y de su parentela sino para representar a las mayorías y a las minorías, que no son necesariamente amigos suyos. Son simplemente ciudadanos de ruana, con carriel y alpargatas unos y sin caballo de pura sangre. Porque en Colombia todavía el campesino debe usar cotizas y arar con bueyes a sol y frío. No tiene ni siquiera salario mínimo y su cosecha se la rapan los revendedores.
Las calles se nos han llenado de policías, no tanto para defendernos de las Farc, sino de los ladrones, los atracadores y los que hacen el viaje millonario. Como hay tanto ciudadano vago, por falta de educación y de empleo, no encuentran otro oficio que ponerse a delinquir. Y para eso se han puesto policías en cada esquina. Se llama a esto seguridad democrática en las ciudades. Que la milicia cuide al ciudadano de los otros ciudadanos.
El sello de social ha desaparecido del lenguaje de ministros y alcaldes. Sólo hay plata para las concesiones, las megaobras, y la mordida. No la hay para reajustar los salarios del hombre común, pero sí para los altos funcionarios. Colombia no es un país democrático. Pululan los privilegios para la cúspide de la pirámide social que no revierte sus ganancias en industrias nacionales y empleo saludable.
Fácilmente se apeló a la emergencia social. Se pensaría que era para mejorar la cobertura de los servicios de salud y ampliar el plan del POS. Pero era para acabar con las tutelas, para dar contentillo a las EPS, para sacar más plata del bolsillo de los asalariados y pensionados y acabar con el patrimonio de las familias de esta patria enferma. Así es como termina este mandato nuestro presidente estrella. Dejando un regalo por la puerta trasera.
¿Será que las altas cortes de justicia se apresurarán a “cortar” este malvado simulacro de afán “social” de un gobierno que se ha distinguido por recortar todo lo social?
04-02-10 ******8:51 a.m.
Este país regido por el esquema de Estado Social de Derecho, como así lo decidieron soberanamente los Constituyentes del 91 podría ser un paraíso si lo liderara un gobierno respetuoso de las leyes y de las arcas llenadas pesito por pesito por los contribuyentes. Pero Colombia hoy es un Estado folclórico de opinión, que se rige por el maquiavélico principio aquel de la “Razón de Estado” que El Príncipe de alta silla la acomoda a su antojo.
Somos una nación de leyes que vota el Congreso para el bien de los asociados. Somos un conglomerado, dividido en seis estratos, con más de la mitad de la gente en pobreza mayor. Las leyes deberían servir no tanto para los propios legisladores y para los altos funcionarios del régimen sino para surtir las necesidades de tanto pueblo sin empleo, sin tierra, sin vivienda, sin instrumentos de labrantío, sin cuna de privilegios.
Desde Platón hasta Rousseau el gobernante es elegido no para gloria propia y de su parentela sino para representar a las mayorías y a las minorías, que no son necesariamente amigos suyos. Son simplemente ciudadanos de ruana, con carriel y alpargatas unos y sin caballo de pura sangre. Porque en Colombia todavía el campesino debe usar cotizas y arar con bueyes a sol y frío. No tiene ni siquiera salario mínimo y su cosecha se la rapan los revendedores.
Las calles se nos han llenado de policías, no tanto para defendernos de las Farc, sino de los ladrones, los atracadores y los que hacen el viaje millonario. Como hay tanto ciudadano vago, por falta de educación y de empleo, no encuentran otro oficio que ponerse a delinquir. Y para eso se han puesto policías en cada esquina. Se llama a esto seguridad democrática en las ciudades. Que la milicia cuide al ciudadano de los otros ciudadanos.
El sello de social ha desaparecido del lenguaje de ministros y alcaldes. Sólo hay plata para las concesiones, las megaobras, y la mordida. No la hay para reajustar los salarios del hombre común, pero sí para los altos funcionarios. Colombia no es un país democrático. Pululan los privilegios para la cúspide de la pirámide social que no revierte sus ganancias en industrias nacionales y empleo saludable.
Fácilmente se apeló a la emergencia social. Se pensaría que era para mejorar la cobertura de los servicios de salud y ampliar el plan del POS. Pero era para acabar con las tutelas, para dar contentillo a las EPS, para sacar más plata del bolsillo de los asalariados y pensionados y acabar con el patrimonio de las familias de esta patria enferma. Así es como termina este mandato nuestro presidente estrella. Dejando un regalo por la puerta trasera.
¿Será que las altas cortes de justicia se apresurarán a “cortar” este malvado simulacro de afán “social” de un gobierno que se ha distinguido por recortar todo lo social?
04-02-10 ******8:51 a.m.
Entonces, siendo coherentes hasta el final, votemos polo democrático: por el momento no hay mejor opción!!!
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