domingo, 14 de febrero de 2010

REFLEXIONES


NELSON EDUARDO PAZ ANAYA

Al pasar los días, la información noticiosa pierde interés, sobre el terremoto de Haití, aun cuando, el sufrimiento sigue creciendo y quedan por delante largos años de una vida improvisada, pero se ha perdido la sintonía sobre el espectáculo del dolor, la rabia y la lucha por la supervivencia. La convocatoria de Obama, Bush, Clinton, repite el sainete para después de cada catástrofe, uniones notorias que buscan dar la sensación de solidaridad para el momento de la limosna.

No son los llamados desastres naturales, en sí, los que ocasionan cantidades impresionantes de victimas por hambre, desolación y muerte que hacen exponencial la pobreza y la tristeza en el planeta, en Haití, como en todos los sitios afectados, los muertos y la destrucción, son mas el producto de la vulnerabilidad, de la exposición al riesgo como única estrategia de vida, que el daño infringido por la fuerza desbordada de la naturaleza.

Es la realidad de la amenaza, relacionada con las viviendas hechas con remiendos de desechos, ubicadas en zonas desprotegidas, en el filo del barranco, en el cauce del río, allí donde la tierra por no ser apta para nada, no tiene precio, ni lógica la propiedad privada, por ello es allí donde aparecen los barrios de los pobres en el mundo.

El Pueblo de Haití, muere, no por el terremoto en sí, en los barrios de habitantes con recursos y de buenas viviendas, no hubo víctimas y eso está bien, pero el resto, esa mayoría sin posibilidades, sin educación, sin salud, porque los recursos de todos han sido siempre tomados por unos pocos bandidos, ante la mirada aceptante de los Estados Unidos y del resto de Países del mundo sin decir nada, porque no interesa la Justicia y la equidad, sino las relaciones para las ganancias y allí están los resultados. La corrupción, igual en todos los sitios tiene la posibilidad de usar el ropaje de las ovejas, o la metáfora de las urnas de cristal.

Esa realidad está allí, materializada y pegada al cuento de la historia, pero por que actuar tardíamente, cuando el daño está hecho, las catástrofes de los últimos tiempos incluida la nuestra en Popayán, suman una sexta parte de la población mundial, en total con las pestes son casi mil millones de víctimas, lo cual, aumenta la probabilidad según las leyes de la estadística de que estemos muy cerca siempre de arrasadores eventos.

La gestión del riesgo, como herramienta de planificación, no puede estar simplificada a las alertas rojas o zapotes, de los organismos de emergencias, ni la cooperación puede ser relegada a la limosna, la humanidad como razón de su existencia, debe tener claro que se hace fundamental para su supervivencia, que no es cosa del discurso momentáneo, sino compromiso diario y de todos los sitios, actuar para que los que están vinculados con la corrupción y son producto de ella, no tengan espacios en el acontecer público, mas allá de donde los ven.

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