
¿SOÑAR ES UN PODER?
www.espacionatural.com/4images/img1491.htmPor Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com
A Mainardo Manzano
Soñar es un proceso físico y somático que realizan los durmientes cuando están sobre el lecho o en un diván o recostados en una silla de espera en la oficina de empleos. Se cierran los ojos, el inconsciente despierta y de la mano con la imaginación, empiezan a correr imágenes en el telón de la mente en que están dormidas. Los sueños son sucedáneos de deseos reprimidos y son como válvulas de escape a idolillos que tenemos escondidos en el cofre de los recuerdos. Allí permanecen a buen recaudo de miradas indiscretas. En ese taller fabricamos, sin darnos cuenta, viajes sobre nubes, realizamos visitas en ambientes sorprendentes, nos lanzamos en vuelo y disfrutamos de compañías placenteras.
En los sueños nos desdoblamos y con ello descansamos y también sufrimos cuando en la escena suceden desastres o aparecen seres o animales que nos persiguen o amenazan. El sueño es un mundo paralelo en que vivimos cuando nos sumergimos en esa agua negra y dulce que nos aleja del estado de vigilia y las preocupaciones diarias.
Pero hay otra clase de sueños que hacemos con los ojos muy abiertos. El ser humano es una estación más completa que la NASA. Allí hay telescopios, instrumentos de precisión, simulación y cálculo. No hay jefes ni supervisores ni policías que nos inhiban o intimiden con sus órdenes. Somos soberanos, sin horarios establecidos, sin agenda sujeta a aprobación, con plenos poderes para ejecutar planes y proyectos. Sólo mandan la imaginación, la convicción de hacer lo que queremos y la claridad de ayudar a construir un mundo más confortable para todos.
Tal vez en el hogar, en el colegio o la universidad esto nunca nos lo dijeron. Fuimos formateados para obedecer, para el mercado de consumo occidental, para ajustarnos a patrones convencionales. Y no aprendimos a soñar, a lanzarnos como cometas a experimentar el más allá de lo que nos enseñaron. Nos contentamos con seguir los caminos ya trajinados por la ciega ingeniería, la corta administración, la injusta ley, el número exacto o la cruel ecuación de la oferta y la demanda. Nos encerramos en marcas, etiquetas, o la costumbre patriarcal y la mirada miope o en la disculpa de la escasa economía. Antes de llegar a viejos se nos murieron las ilusiones y no se nos ocurrió desmontar la montaña de los sueños que cerramos desde niños como sésamo secreto.
¿Qué soñó ser usted que ahora no lo es? ¿Escribir libros, tener una empresa propia, dar conferencias, hablar varios idiomas, viajar y conocer culturas y lugares que sólo sabe que existen por enciclopedias o folletos? ¿Se considera muy viejo o incapaz de volver a retomar un sueño que tuvo alguna vez o de darle alas a esa crisálida que se encuentra envuelta en la frágil telilla de los miedos, deseosa de volar? ¿Hasta cuándo se va a privar de ser feliz descorriendo el velo del triunfo que se esconde detrás de sus cejas y su inocua timidez?
Dese el placer de dar el primer paso, de salir del mutismo que mantiene atado su sueño a la estaca de la indecisión. Valdrá la pena, digo, el impulso que tome el pecho ansioso de pararse y como Lázaro resucitar el muerto embalsamado. Usted se sentirá orgulloso y los demás compartiremos su felicidad y las bondades de su hallazgo.
29-01-10 Washington, D.C. 5:30 p.m.
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