Reinel Gutiérrez
La historia patria desde el punto de vista electoral, tiene muchas facetas. El sistema de elecciones ha tratado de ser perfecto para garantizar la pureza y transparencia pero no ha sido posible. En Colombia hizo carrera el triste lema que dice "el que escruta elige", tanto que los habitantes de este país lo aceptan como una norma más de comportamiento ciudadano.
En las recientes elecciones se presentó un escándalo, otra vez con visos de fraude, engaño, patrañas, licor, manipulaciones y demás, a pesar de que se ha avanzado en la técnica de conteo, con sistematización y todo.
De nada ha valido usar tarjetón, si al desprevenido elector se lo entregan ya marcado, si los jurados de votación no son tan confiables, y los escrutadores menos.
Qué garantías hay cuando jefes políticos y de gobierno tratan de intervenir e interferir los resultados para colocarlos a su favor?
Con todo esto lo que queremos decir es que en Colombia desgraciadamente desde tiempos inmemoriales ha habido engaño, y siempre se termina eligiendo al que no era. Un candidato anochecía ganando y al siguiente día era otro el ganador, tras las drásticas medidas de censura del gobierno de turno.
¿En qué región del país no se emborrachó al pobre parroquiano para cambiarle la papeleta cuando se usó este sistema? El campesino creía que había votado por determinado "doctor", pero no, porque otro avivato le hizo el "paquete chileno", gracias a la ingenuidad y analfabetismo, acompañado todo esto del temor y la timidez de la gente del sector rural o de los barrios pobres.
Por mucho que se sofistifique el sistema electoral, no faltará el vivo que con su ingenio y habilidad busque cambiar los votos y almacenarlos para el candidato de su predilección.
Somos, los colombianos, muy despiertos para manejar tanto la papeleta como el computador.
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