martes, 23 de marzo de 2010

DEBATE A LA EMERGENCIA EN SALUD

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
 
Un debate acaba de terminar triunfante en la cuna de la libertad en América. El Congreso de Estados Unidos aprobó el proyecto de Salud para el pueblo que Obama había prometido como candidato a la presidencia en la campaña. Con la suficiente mayoría quedaron cubiertos con los servicios de salud del estado los casi 100 millones de habitantes del país de la bandera roja y blanca, pese a la oposición del partido conservador, que no puso a favor de salud de sus electores ni un solo voto. No hubo, a cambio, prebendas ni estímulos ni ofrecimientos indecorosos. Sólo triunfaron los argumentos de la razón y el bienestar de los ciudadanos rasos.

Contrasta este resultado democrático y demócrata con lo sucedido en nuestra nación regida por una coalición fuerte, con mayorías amplias favorables al gobierno. No hubo quien propusiera una solución para la crisis endémica de la salud desde la aprobación de la ley 100. Se acabó el Seguro Social, se cerró el Ministerio de Salud, se agrandó el estómago de las EPS, las IPS y las ARP y se multiplicaron las tutelas para poder recibir medicamentos y ser atendidos en las enfermedades que padece el mundo actual.

Con la ley 50 y las posteriores de este gobierno que acabó con el Ministerio de Trabajo, con la legislación laboral y dejó en manos de las Cooperativas de trabajo la suerte del empleo, salieron a la calle millares de trabajadores y empezó a funcionar el llamado empleo informal o subempleo. Con el nuevo régimen de pensiones, la dificultad para emplearse y la obligación de presentar antes constancia de servicio médico, la cotización de pensiones se ha visto disminuida hasta el piso de abajo. Ya no hay quien cotice y los fondos de reserva para salud están en bancarrota. No es tan fácil decir que si no hay plata para Salud el enfermo debe pagar los platos, como lo afirma el gobierno.

La tarea del nuevo Congreso y de la Corte constitucional es clara. Esta última deberá declarar inexequibles los decretos de “emergencia” de salud y los elegidos tendrán que proponer una legislación que restaure el empleo con remuneración decente y posibilitar la cotización a pensión de amplios sectores de la población. Tendrá que contemplarse la reestructuración de los ministerios de Justicia, Salud y Trabajo cuya desaparición arrasó con el mandato constitucional de Estado Social de Derecho para Colombia.

Se volvió un mito y un ícono de propaganda que en Colombia lo único que necesitamos es la “seguridad” “democrática”, que ni es seguridad completa ni es democrática sino militar y guerrerista.

¿A cambio de qué se elige un parlamento, un presidente sino para depositar de buena fe y la voluntad de todos los colombianos? Para tener paz política, trabajo digno sin amenazas, seguridad social, o sea, salud, educación, esperanza de una vida digna en la ancianidad, infraestructura vial acorde con la modernidad, servicios públicos eficientes y empresas e industria en manos colombianas. Y un territorio salvaguardado de los ataques de depredadores de las fuentes de agua y nuestras riquezas y de la guerrilla que no cayó en los ocho años de “corazón blando para el pueblo y mano fuerte para las FARC”.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada