sábado, 20 de marzo de 2010

ECOS DE UNA CAMPAÑA


JOSE LOPEZ HURTADO
Como decían las abuelas, se me hacía, en este caso, agua las manos para escribir, durante el obligado receso de la campaña electoral, en la que propuse mi nombre como candidato al Parlamento Andino, y en la que obtuve una importante votación particularmente en Cundinamarca, Bogotá, el Valle y Nariño.
Y como lo señalé al iniciar mi trabajo, quería sentar un precedente en el sentido de demostrar que aún existen sectores impermeables a la acción nefasta del más vulgar clientelismo político y de la corrupción galopante, que cada cuatro años ennegrece los certámenes de elección popular.
Mientras existan núcleos importantes de la población colombiana que prefieren afrontar el diario desafío de ancestrales necesidades insatisfechas, buscando soluciones propias o golpeando puertas oficiales, antes que prostituirse en el punible orgasmo de dádivas de algunos políticos tradicionales ,es razonable la esperanza de construir democracia .El caso de Mockus, por ejemplo, es sintomático.
Lo de mi candidatura lo asumí como un ejercicio apasionante en todos los escenarios que me permitieron explicar la importancia de que Popayán, el Cauca y Colombia hicieran presencia por primera vez, en ese estrado internacional, hasta hoy en manos de los políticos tradicionales del Senado y Cámara, que se nombraban "a dedo" y lo tomaban como "campus", o para reajustar jugosas pensiones de jubilación, sin ninguna vergüenza.
En forma extraoficial se ha dicho que atendiendo al Acto Legislativo 01 de 2009, las elecciones deberán repetirse por cuanto el voto en blanco superó la mayor votación válida, evento que de seguro, se realizará junto con las de primera vuelta presidencial. Pero el asunto es que se quiere hacer creer que esa altísima votación equivale a un expreso rechazo a los candidatos que nos presentamos, lo cual no es exacto.
La responsabilidad de ese voto en blanco, corresponde exclusivamente al gobierno, léase Registraduría Nacional del Estado Civil, por su grave negligencia y abandono en el emprendimiento de una campaña pedagógica que le advirtiera a los colombianos sobre los objetivos, alcance e importancia de ese estrado internacional, como ya lo había denunciado en febrero pasado cuando nos convocaron a todos los candidatos en Bogotá, existiendo una constancia escrita de mi autoría, suscrita por todos los asistentes y en dicha oportunidad, generosamente respaldada por una de las candidatas, mi amiga, la Dra. María Paulina Espinoza de López.
El folleto didáctico que por ley debía entregarse al votante jamás apareció en las mesas y se conoce de casos en que algunos políticos habían sugerido no entregar el tarjetón del Parlandino.
Así que jamás podría predicarse que el alto volumen de votos en blanco se debió a un rechazo a los candidatos. En fin, sigue, en los próximos días, la batalla jurídica-que es muy improbable que la ganemos-para que nos permitan presentarnos de nuevo.
Independientemente de esas falencias anunciadas con anticipación, deseo hacer extensivo mi infinita gratitud a quienes creyeron en mi propuesta, a mis amigos, al ciudadano anónimo, organizaciones culturales, deportivas, incluso a algunas sedes políticas que me expresaron su respaldo ,entendiendo que el voto al Parlamento Andino no atentaba contra ninguna aspiración al Congreso colombiano. Otros en su patética mezquindad (como el caso de la señora María Elena Ramírez, que abusivamente incautó mi propaganda y contra quien he adelantado la acción judicial correspondiente), jamás lo entendieron, ni entenderán tampoco.
NB-. Ningún ciudadano de Popayán del siglo pasado dejó de tener algo que ver con el visionario, el empresario, el pionero que empujó su desarrollo, Carlos Hormaza. De ahí su sentida desaparición esta semana. Saludos de condolencia a toda su familia, en particular a su hijo, mi amigo de siempre y ex condiscípulo Juan Carlos Hormaza.

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