martes, 2 de marzo de 2010


JORGE VILLAMIL, MÉDICO DE ESPUMAS Y AMORES

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leodequevedom@gmail.com

Partió como una de sus canciones, sin oropeles y sin dejar de dar el beso a Rosa María. Nos dejó entre acetatos y en las memorias la medicina más tierna de nuestra música colombiana. “Eres morena, como la flor del junco que crece a Orillas del Magdalena” nos lo dijo al oído en medio de un aguardiente o una cerveza y lo cantamos hasta que el amanecer nos dejó tendidos sin ver su cara. Y la alegría fluía sin malicia como los ríos huilenses y sus Espumas.

“Me llevarás en ti”*, hoy le susurramos ante su bigote quieto ya para siempre. Jorge Villamil se va y como a los patriarcas sanagustinianos le ponemos sobre su pecho nuestros amores primeros y nuestra danza ebria para que los guarde en su sarcófago. Jamás le dimos la mano ni lo tuvimos en una tertulia sabrosa de las que organizaba. Pero llevamos prendidas en la escarapela de nuestros recuerdos su vena, su risa fresca, y el rítmico rasgueo de sus bambucos seguirá sonando en los Sanpedros del Tolima grande.

En medio de la Nueva Ola, del frenesí del rock, del raeguetón o la salsa su oído no se dejó seducir por las sirenas de islas extrañas. Cantó a nuestros ríos, a nuestras mujeres simples, a los guaduales tristes, a las costumbres de oropeles baratos y pasajeras ondas que nos atraen. Sus letras y sus melodías corrieron por salas y bocas de viejos y niños, y se bailaron en festivales aquí y en Tokio, en tierra fría y en el ardiente trópico.  

¿Quién no bailó a pie limpio El pájaro Diostedé o a quién no le vieron escurrir una lagrimita cuando el trío cantaba Llorando por amor? ¿A quién no se le fue entre la neblina de las aguas el pensamiento de la amada o del amado cuando sonaban Los Remansos? Ah,
Jorge De la Villa de El Cedral, tierras donde todo el que nace canta. Tierras benditas, como Aipe, Santamaría, Timaná, Oporapa o San Andrés.

Los Opitas deben sentirse henchidos de la dicha por haber tenido por coterráneo al maestro que ha dado vuelta al mundo por sus canciones de amor a nuestras mujeres. “Sabor de mejorana tenían tus labios rojos, sabor de mejorana sólo recuerdo yo”. En sus letras hay romanticismo, olor a tierra, buen trato al idioma y las melodías permiten que el alma sueñe. No hay estridencias ni grosería, sólo se oye el rumor del agua, el mugir del viento y hasta el dolor por el torito bravo que es arrastrado al monte.

Colombia pierde a uno de los trovadores que mejor interpretaron la idiosincrasia y que llevaron lejos el paisaje bello y la poesía de nuestro suelo. Deja escrita en el pentagrama de nuestro mapa la faceta más honda de lo que somos y nuestros dolores. Bien vale una lágrima y un adiós a este cantor que calla y nos deja sobre su “polvo enamorado” un legado de folclor y elegancia mental.


01-03-10                                                                 4:13 p.m.

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