Cada vez que se produce un fenómeno de la naturaleza, se deriva una serie de circunstancias que empeoran la situación.
En los recientes casos de movimiento telúrico en Chile y Haití, se produjeron robos, asaltos y saqueo a los establecimientos comerciales. La televisión mostró personas que decían estaban pasando hambre y sed, se apoderaban de motos, bicicletas, y electrodomésticos que seguramente no tendrían en donde conectar porque se les había caído la casa.
Quiere decir esto que es un robo de frente alegando que hay carencia de agua o de comida. Por estos días se ven los casos en el país del sur, y los saqueadores no son paisas, pastusos, costeños, santandereanos, popayanejos, chocoanos, o llaneros, son chilenos.
Con esto se puede entender que el ser humano es igual en todas partes, para que no se estigmatice a los colombianos, como las únicas personas que cometen actos de esta clase.
Luego del temblor viene el terremoto social con la falta de vivienda, las invasiones, la falta de servicios y de trabajo, agregándole a esto la violencia, la prostitución y la drogadicción.
Los humanos son capaces de todo lo bueno y lo malo, es decir son de un alcance inimaginable.
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