miércoles, 21 de abril de 2010

El columnista

Por: Rodolfo A. Jiménez

Hace mucho no leía una nota de opinión tan desesperada como la de un desconocido “blogero” que con el seudónimo “andresospina”, publicó el diario El Tiempo, el pasado 13 de abril, en la que arremete, de manera vulgar y sin consideración, contra el candidato Antanas Mockus. Lo califica de “Rey Bufón” porque antepone, simbólicamente, la honestidad con los mimos y los girasoles, en lugar de la corrupción, los tanques de guerra y los fusiles para gobernar.

El columnista dice que no entiende la política de la educación, de la “Cultura Ciudadana”, y de los símbolos a los que apela Mockus como fórmula salvadora del país, pero parece que sí, y con añoranza, los de la violencia y la corrupción a los que ha sido acostumbrado.

Califica a Mockus de "demagogo", "ególatra", "arrogante", "grosero", "megalómano", "exhibicionista", "payaso", "excéntrico", "prepotente", "rey bobo", "Nerón", "Calígula", "imbécil", "emperador", "pretensioso", "mesiánico", "autócrata", "fascistoide", "dictadorcillo" y más, y a sus seguidores de "idiotas" e "ignorantes".

Creo que semejante utilización de adjetivos insultantes, contra una persona, en una columna de opinión del considerado principal diario del país, deja mucho que decir de la ecuanimidad y el respeto por los lectores, que por la, entre comillas, libertad de expresión, permiten los editores.

Se le siente un desconcierto absoluto y un dolor infinito por la posible pérdida del poder al susodicho columnista, quien al parecer escribió la nota en un arrebato de locura, pues luego de la descomunal diatriba lo ensalza con el siguiente párrafo: “Puesto que el hurto era poca cosa, para un demagogo de tamañas calidades y anhelos, las buenas reservas, que permanecieron almacenadas en las arcas de Bogotá, durante su primera administración, dejaron un buen sabor en sus gentes y le garantizaron una envidiable reputación de honesto, cosa que, sin duda, es más que excepcional. Acostumbrados a pésimas alcaldías y a la regla de alternar el oficio de la política con el del latrocinio, cualquier cosa que no se pareciera a las anteriores era ideal, tan solo porque él (Mockus) no se roba un peso".

El columnista, dejado llevar por una creciente preocupación y desespero, debió, reitero, estar enajenado o confundido al momento de escribirla, pues precisamente lo que con tanto ímpetu critica es lo que el país reclama: honestidad y pulcritud en el manejo de los recursos públicos y la pacificación del territorio sin más violencia.

Haciendo acopio de un veneno visceral, destila su angustia porque durante su Administración de Bogotá, Mockus no se hurtó un peso, y estableció como política pública la “cultura ciudadana”, y propugnó con vehemencia el respeto por los derechos infantiles, que le granjearon su reputación de honesto excepcional.

El columnista muestra su disgusto por el establecimiento lúdico de “días sin mujeres” y “días sin hombres”, de la “hora zanahoria”, de las “tarjetas rojas y amarillas” y otros ejercicios educativos que pusieron a pensar al país de otra manera, en contravía de la represión y la violencia.

Es irracional querer que el país sea gobernado por las vías de la corrupción, del terror y la zozobra y creer, como lo señala el columnista, que “el testimonio vital de un hombre inteligente”, no ofrezca transparencia para conducir el país por los senderos de la paz, de la honestidad y del decoro.

No es sano, en una verdadera democracia periodística, que se utilicen las columnas de opinión y los medios de comunicación para el insulto y dar rienda suelta a los enloquecidos que quieran figurar y hacerse notar a costas de la imagen y la buena honra de sus servidores.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada