martes, 13 de abril de 2010

EL EMPLEO TIENE NOMBRE Y APELLIDO
colectivoandamios.blogspot.com/2008/12/entrev...

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
 
Ser humano es el nombre genérico de mujeres y hombres sobre este planeta. Desnudos como, Eva y Adán. Salidos del mito, sin calzoncillos ni brasier. Sin filiación ni prontuario, insípidos, como etiqueta sobre una valija que diga: “delicado”. En cambio, los nacidos de padre y madre, con sangre y adn tienen una identidad, unas características, y tienen parentela y hasta escudo familiar.

El Dane, los ministros de ahora y los políticos que inundan la TV y mojan con su verbo-rreo de promesas nuestros oídos están creyendo que el empleo es una palabra mágica que sabe a maná y contiene sal, ají, azúcar y caviar. Y se les llena la ambición cuando la pronuncian para anunciar que el empleo subió o que van a “dar más empleo” y crear oportunidades de “empleo”.

La palabra empleo es sonora y en Colombia su ausencia suena más que la explosión de una bomba. Empleo casi es decir trabajo, pujanza de una sociedad. Es reconocer que no todos nacimos para empresarios ni para vendedores en la mitad de una calle. Ahora hay muchos cursos y los propagandistas oficiales y en las universidades se utiliza la palabra emprendimiento para uniformar en fila a los colombianos detrás de un crédito en un banco y aspirar a crear una “microempresa”.

Se trata de alejar al universitario y a los jóvenes de la idea de que se preparen para ir a una fábrica, a una ensambladora, a una empresa de servicios o una oficina o pull de gestores o a una cadena de almacenes. Se trata, entonces, de decir que hoy sólo al ciudadano vale ser un “gerente en su puesto”, un generador de riqueza desde su casa o en la esquina de su cuadra o en el semáforo.

¿Se acabaron los grandes capitales que surgieron desde los años 20? ¿Se acabaron los industriales, los textileros, los manufactureros a gran escala? ¿Se cansaron de ganar plata con los sudores de los trabajadores? ¿Sólo hay lugar para que vengan las multinacionales y compren las instalaciones y gocen de la mano más barata de los colombianos? ¿Será que a los industriales y dueños de cadenas extranjeros debe exigírseles la responsabilidad social que falta entre nuestros acaudalados criollos?

Los candidatos y el Congreso tienen una tarea urgente para aprovechar las tierras, la capacidad intelectual, la mano calificada de los jóvenes y nuevos profesionales que han invertido dinero y horas de estudio e investigación. El gobierno no puede descolgarse por las orejas diciendo que va a crear empleos en construcción de carreteras o en vivienda. En Colombia no todos han estudiado para echar pica y mazo o para pañetar paredes o pegar ladrillo. Pensar y hablar así es falta de respeto y desconocer que miles de egresados salen cada semestre a buscar ocupación para aquello que les brindó la universidad. ¿A dónde irán millares de médicos, ingenieros, contadores, fisioterapeutas, periodistas, profesores, químicos, biólogos? ¿A manejar un carro o poner una arepería o a ganarse un salario mínimo?

El discurso de gobierno y políticos egresados de Harvard o Sao Paulo, de la Javeriana o la Sabana tiene que ser más creativo y real. El empleo es necesario porque Colombia no es una torre de babel donde sólo hay obreros, mamposteros y calles llenas de lodazal. Y no es el País de las Maravillas del que sólo gozan el gato, los empresarios extranjeros, los banqueros con su barriga llena y su morral de acero y las disfrazadas cooperativas de trabajo.

12-04-10 - 10:21 a.m.

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