domingo, 11 de abril de 2010

Festival Internacional de Música Clásica: Vigencia y Permanencia

Por Arnulfo Ñáñez - Añasol

Santander de Quilichao, Abril 10 de 2010.- Cumplimos veinte años deleitando nuestros sentidos y sintiendo el goce emocional, intelectual y espiritual que producen las impresiones y expresiones de alta calidad estética. Quienes sentimos la necesidad de complementar buena parte de nuestra integridad humana, sabemos que es necesario disfrutar de la producción inteligente e inspirada del artista. En esto nos diferenciamos de otras especies y dentro de nuestra propia especie, de seres en involución que coartan y reprimen la libre expresión artística, musical y literaria, acudiendo a la fuerza y el garrote.

Aunque las palabras vigencia y permanencia se complementan, cabe usarlas por cuanto connotan lo que necesitamos expresar: que el Festival Internacional de Música Clásica que el CLUB KIWANIS TIERRA DE ORO organiza anualmente para nuestro deleite e inspiración, no solamente ha logrado superar el desafío del tiempo, sino también que su presencia fresca, nos agrada y nos inspira de tal manera, que a los músicos los lleva a desarrollar sus capacidades y a los practicantes del arte, a despertar la creatividad en otros campos estéticos. Vísperas de Semana Santa, esperamos con ganas el festival de música clásica y una vez en éste, sentimos que Santander de Quilichao carece de espacios adecuados dónde apreciar con propiedad la calidad de las interpretaciones musicales de talentos nacionales, internacionales y de los jóvenes quilichagüeños.

Gracias al Festival Internacional de Música Clásica de Santander de Quilichao tenemos la oportunidad de escuchar connotadas interpretaciones musicales; pero hay algo más importante: por él, sonamos en la nación (la programación es difundida por medios de comunicación no especializados y especializados en este género como la emisora Clásica 88.5 de la Fundación Carvajal) y cuando los solistas y las orquestas y agrupaciones musicales regresen a su lugar de origen, bien sea a España, Austria, Marruecos, Irán, Italia, Alemania, Chile, Costa Rica, México, Puerto Rico, Venezuela, Ecuador y cuanta nación nos visite, sabrán, tendrán conciencia en esas lejanas tierras, por boca y corazón de sus artistas y compositores, que en un país tropical llamado Colombia, existe un rinconcito de samanes donde un cálido público se educa y disfruta escuchando a Bach, Vivaldi, Mozart, Beethoven, Brahms y demás genios de la música.

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