Popayán, 2 de abril de 2010
Por Fernando Dorado
Por Fernando Dorado
Gustavo Petro ganará todos los debates presidenciales. Sin embargo, los efectos electorales serán limitados. Petro domina holgadamente en ese terreno a sus competidores pero no va a lograr la Presidencia de la República.
Es el candidato con mejor comprensión del momento político pero no es el gobernante para el país del momento. Es quien mejor dice las verdades pero muchos piensan que no habla con la verdad.
A Petro le cobran como al que más su pasado insurgente; con todo, el insurgente de su pasado es mil veces más reivindicable que cualquier político uribista del presente. La actual guerrilla lo sabe, por eso lo odia, porque es un mensaje viviente de Paz y un recoderis de que “el fin no justifica los medios”.
Petro es un candidato que tiene partido pero su partido no cree tenerlo a él. Al ver y actuar más allá de un estrecho círculo, el estrecho círculo desconfía de él.
Al desenmascarar el contubernio entre el paramilitarismo y políticos uribistas, Petro quería construir legalidad democrática (separar la mafia del Estado). En venganza, el establecimiento ilegal lo convirtió en una especie de “justiciero de la guerrilla”. Así, trataron de anular su acción y lo hicieron sujeto de rechazo.
Esa legalidad democrática, por la que Petro tanto luchó, ahora está personificada y reivindicada por Antanas Mockus. Petro ayudó a construir a Mockus, pero Mockus no puede reconocerlo porque – a pesar de su rectitud y honestidad - sería “políticamente incorrecto”. Todos lo saben y en voz baja lo aceptan.
Petro ha llamado a construir un acuerdo por la verdad con las fuerzas sanas de la nación, pero su pasado guerrillero – no suficientemente expiado por la sociedad, aunque sí por él – hace que muchas personas decentes que nunca han arriesgado como él, lo perciban injustamente como si fuera alguien indecente.
Petro trata de construir una verdadera izquierda democrática pero nuestra izquierda le teme a la democracia. Él propone ser gobierno, pero la izquierda sólo sabe hacer oposición. La visión insurreccional es un obstáculo para la acción institucional.
Petro se tuvo que quedar solo con la izquierda porque a los tres ex-alcaldes les dio miedo que les ganara la consulta. Al permanecer con la izquierda, así parezca paradójico, Petro puede cumplir una tarea histórica: modernizarla y proyectarla hacia el siglo XXI.
Él sabe que el sector llamado “democrático” de su partido, que hoy está más afuera que adentro del Polo, y que si está adentro es por no abandonar a su mejor dirigente (Petro), no va a dudar en votar por Mockus o hasta por Nohemí, si percibe que su voto es útil para derrotar a Santos-Uribe. Y tal comportamiento no será desleal, dado que fue Petro quien preparó el terreno político para esa convergencia.
Por ello, Petro enfrenta un dilema creador. En su mejor momento político, Petro va a obtener su peor resultado individual. En perspectiva, es algo secundario. Sin duda, ya ha sido fundamental para derrotar a la mafia uribista. Parece extraño decirlo, pero el mejor aporte de Petro puede ser su auto-sacrificio electoral, que tendría que ser un triple salto mortal que sólo alguien con la capacidad de Petro sabrá diseñar.
Lo fundamental es dejar algo sembrado ya. Colocar un punto de referencia que reivindique la dignidad y la soberanía nacional – tan pisoteada por las minorías y poco defendida por las mayorías –, y que haga ver con absoluta claridad que la democracia va más allá de los votos y de los debates en el parlamento. Por el dramatismo del momento la acción de Petro debe tener sabor, forma y contenido heroico.
Petro puede lograr que el nuevo gobierno (sea cual fuere) tenga sobre su cabeza un fuerte mandato moral. Su decisión política puede apoyarse en el movimiento social para que la sociedad en su conjunto asuma una verdad incontrovertible: Sin autonomía nacional y sin democracia, nunca va a haber justicia social, ni legalidad que valga.
En fin, si Petro logra resolver de una forma creativa esta encrucijada de la historia y de su vida, estoy seguro que se convertirá en el inmediato futuro en un verdadero conductor de nuestro pueblo. Podrá encabezar la gesta por la verdadera independencia, hacia la II República. Y su contribución – por todo el acumulado que tiene Colombia – será de trascendencia continental.
El derrumbe del uribismo-mafioso –y su derrota electoral-, va a desencadenar en Colombia un verdadero ambiente democrático. Sólo será un paso, pero será decisivo.
Antecedentes históricos (coletilla)
Todo lo anterior tiene unos antecedentes: En 1990, Petro y otros políticos del M-19, Quintín Lame, EPL, PRT, firmaron la Paz. No derrotaron a la oligarquía con las armas, pero ésta fue forzada a aprobar una nueva Constitución. Veinte años después, quienes han fungido como verdugos de nuestro pueblo, le exigen a Petro – una vez más – la reafirmación de su compromiso civilista. Parecen olvidar que durante este lapso de tiempo actúo con eficacia apoyándose exclusivamente en su inteligencia y su palabra.
Si la sociedad lo reconociera - porque es cierto -, lo elegiría Presidente. Pero, esa lección, que está a la vista, ni siquiera ha sido asimilada por la izquierda y mucho menos por la guerrilla. ¡Ya te llegará el turno!, estimado amigo Petro.
Es el candidato con mejor comprensión del momento político pero no es el gobernante para el país del momento. Es quien mejor dice las verdades pero muchos piensan que no habla con la verdad.
A Petro le cobran como al que más su pasado insurgente; con todo, el insurgente de su pasado es mil veces más reivindicable que cualquier político uribista del presente. La actual guerrilla lo sabe, por eso lo odia, porque es un mensaje viviente de Paz y un recoderis de que “el fin no justifica los medios”.
Petro es un candidato que tiene partido pero su partido no cree tenerlo a él. Al ver y actuar más allá de un estrecho círculo, el estrecho círculo desconfía de él.
Al desenmascarar el contubernio entre el paramilitarismo y políticos uribistas, Petro quería construir legalidad democrática (separar la mafia del Estado). En venganza, el establecimiento ilegal lo convirtió en una especie de “justiciero de la guerrilla”. Así, trataron de anular su acción y lo hicieron sujeto de rechazo.
Esa legalidad democrática, por la que Petro tanto luchó, ahora está personificada y reivindicada por Antanas Mockus. Petro ayudó a construir a Mockus, pero Mockus no puede reconocerlo porque – a pesar de su rectitud y honestidad - sería “políticamente incorrecto”. Todos lo saben y en voz baja lo aceptan.
Petro ha llamado a construir un acuerdo por la verdad con las fuerzas sanas de la nación, pero su pasado guerrillero – no suficientemente expiado por la sociedad, aunque sí por él – hace que muchas personas decentes que nunca han arriesgado como él, lo perciban injustamente como si fuera alguien indecente.
Petro trata de construir una verdadera izquierda democrática pero nuestra izquierda le teme a la democracia. Él propone ser gobierno, pero la izquierda sólo sabe hacer oposición. La visión insurreccional es un obstáculo para la acción institucional.
Petro se tuvo que quedar solo con la izquierda porque a los tres ex-alcaldes les dio miedo que les ganara la consulta. Al permanecer con la izquierda, así parezca paradójico, Petro puede cumplir una tarea histórica: modernizarla y proyectarla hacia el siglo XXI.
Él sabe que el sector llamado “democrático” de su partido, que hoy está más afuera que adentro del Polo, y que si está adentro es por no abandonar a su mejor dirigente (Petro), no va a dudar en votar por Mockus o hasta por Nohemí, si percibe que su voto es útil para derrotar a Santos-Uribe. Y tal comportamiento no será desleal, dado que fue Petro quien preparó el terreno político para esa convergencia.
Por ello, Petro enfrenta un dilema creador. En su mejor momento político, Petro va a obtener su peor resultado individual. En perspectiva, es algo secundario. Sin duda, ya ha sido fundamental para derrotar a la mafia uribista. Parece extraño decirlo, pero el mejor aporte de Petro puede ser su auto-sacrificio electoral, que tendría que ser un triple salto mortal que sólo alguien con la capacidad de Petro sabrá diseñar.
Lo fundamental es dejar algo sembrado ya. Colocar un punto de referencia que reivindique la dignidad y la soberanía nacional – tan pisoteada por las minorías y poco defendida por las mayorías –, y que haga ver con absoluta claridad que la democracia va más allá de los votos y de los debates en el parlamento. Por el dramatismo del momento la acción de Petro debe tener sabor, forma y contenido heroico.
Petro puede lograr que el nuevo gobierno (sea cual fuere) tenga sobre su cabeza un fuerte mandato moral. Su decisión política puede apoyarse en el movimiento social para que la sociedad en su conjunto asuma una verdad incontrovertible: Sin autonomía nacional y sin democracia, nunca va a haber justicia social, ni legalidad que valga.
En fin, si Petro logra resolver de una forma creativa esta encrucijada de la historia y de su vida, estoy seguro que se convertirá en el inmediato futuro en un verdadero conductor de nuestro pueblo. Podrá encabezar la gesta por la verdadera independencia, hacia la II República. Y su contribución – por todo el acumulado que tiene Colombia – será de trascendencia continental.
El derrumbe del uribismo-mafioso –y su derrota electoral-, va a desencadenar en Colombia un verdadero ambiente democrático. Sólo será un paso, pero será decisivo.
Antecedentes históricos (coletilla)
Todo lo anterior tiene unos antecedentes: En 1990, Petro y otros políticos del M-19, Quintín Lame, EPL, PRT, firmaron la Paz. No derrotaron a la oligarquía con las armas, pero ésta fue forzada a aprobar una nueva Constitución. Veinte años después, quienes han fungido como verdugos de nuestro pueblo, le exigen a Petro – una vez más – la reafirmación de su compromiso civilista. Parecen olvidar que durante este lapso de tiempo actúo con eficacia apoyándose exclusivamente en su inteligencia y su palabra.
Si la sociedad lo reconociera - porque es cierto -, lo elegiría Presidente. Pero, esa lección, que está a la vista, ni siquiera ha sido asimilada por la izquierda y mucho menos por la guerrilla. ¡Ya te llegará el turno!, estimado amigo Petro.

Es la falta de coherencia política lo que lo perjudica, pues no deja de evocar un lado vergonzante que no nos inspira confianza a la gente de izquierda, no más!!!
ResponderSuprimirEl Polo ni siquiera es un partido de izquierda [dígame alguien en qué parte de sus estatutos está eso?]. De otro lado, sí hay gente de izquierda, como candidatos de izquierda. Pero, la izquierda -en sí polarizada entre stalinista y trotskista- seguirá siendo una cosa "demoniaca" para la masa, por el INRI de la primera. En eso veo razón en lo que dice Mario.
ResponderSuprimirDesde antes de la caída de Melo este se ha perfilado por la falta de educación, de buen karma, qué se yo, como un país de derecha, fanático y por antonomasia: violento [física e institucionalmente]. Siglos de educación manipuladora por parte del Estado... y no se sabe dónde comienza el cuerpo del clientelismo, y dónde el de la democracia: Son siameses, y como todos los siameses, vienen unidos desde antes de nacer...!
Creo que con esa máxima refinación del clientelismo, que son las "familias en acción", no podemos pedirle a un país que piensa con la barriga, que persiga una suerte distinta.
Lo único a lo que se puede aspirar es a crear algo nuevo. Latinoamérica Libre, una propuesta de partido continental que creé tenía esta premisa: "La oposición sólo acentúa los fanatismos, pero la creación de algo nuevo los destruye". El Polo nunca llegará a la presidencia por ser oposición, y tal vez por eso ha tenido algún éxito la ola verde -por salir como algo nuevo, inesperadamente, y contar con $-. Su fracaso ha sido su neoliberalismo, porque Antanas, lituano, proviene de una familia a la que la expulsaron los comunistas, es un neoliberal a ultranza, lo cual reveló con gran torpeza a lo largo de su campaña.
Como dijo Kirpal Singh: "cada pueblo tiene los gobernantes que se merece"... o para decirlo en términos más colombianos, como lo refiriera un ex parlamentario huilense -Jaime Ucrós García-: "pueblo hijueputa".
OLIVER LIS
oliscor@gmail.com