lunes, 5 de abril de 2010

POPAYAN PARA TODOS

Reinel Gutiérrez

El título de este comentario es el lema de la actual administración municipal, y para comprobar si esto es realidad o no, solo hay que recorrer la zona histórica y en efecto, hay oportunidad para todos.

Unos van y otros vienen, a trabajar o a buscar ocupación, y entonces pasan los curas, los abogados, los ingenieros, los médicos y los antropólogos. Profesores, indígenas, niños lustrabotas, travestis, fotógrafos y reinas.

En un día cualquiera, la zona céntrica está invadida por gente ocupada en algo, porque aquí todo el mundo tiene derecho.

Además, quienes viven en esa área no tienen que ir a las plazas de mercado de las afueras, porque en cualquier andén encuentran bananos, crispetas, uvas, trucha fresca, pandebono, uchuvas, natilla, pitaya, maní, cilantro, arepas, tinto, buñuelos, chontaduros, perejil, rellena, empanadas y tomates.

Cerca al palacio municipal hay papas, lulos, aguacates y moras; si al señor Alcalde le da por comprar. Y si el Arzobispo se antoja de fresas, limones, papaya, zanahoria, choclos, mango o arvejas, solo abre la puerta y allí está el surtido.

Popayán es una ciudad que facilita las cosas, pues no solo en los almacenes hay ropa, calzado, muebles, televisores, equipos de sonido, música y computadores, sino que a la entrada de estos también hay cebolla larga, cebolla cabezona y ajos.

Si por la gobernación está rondando una plaga de ratas, el remedio está a la mano, porque en el parque de Caldas venden el veneno efectivo para estos roedores.

Las primeras damas del municipio y el departamento también encuentran flores, adornos y accesorios en general ya sea dentro o fuera de los establecimientos comerciales.



Los raponeros y asaltantes pasan raudos porque ellos también forman parte de Popayán. A pesar del agite urbano, la capital del Cauca, aun es apacible y hasta los políticos se dan el lujo de ir por la calle abrazando campesinos y alzando en los brazos a los niños. Aquí toca la banda del batallón, más allá suena la chirimía, mientras que los vendedores de droga hacen sus ventas entre la gente.

Un cortaúñas se encuentra fácil, lo mismo que gafas, correas, libros, sacapuntas, agendas, lapiceros y depiladores. Ah! también halla la famosa baba de caracol, extraída directamente del animal que se pasea lento por entre las hojas de lechuga. Por su parte las abejas son llevadas al centro con colmena y todo para expender su miel. Los envueltos de choclo que se encuentran en el sector histórico son tan buenos como los que hay en La Esmeralda o los que hace la abuela en la casa, por lo tanto, no hay problema. A todo esto se suman los vendedores de minutos que gritan en coro “llamadas, llamadas”. Pero hay que ser tolerantes con estos trabajadores porque si cunde el desespero por esa situación, más adelante esta el asedio de los mototaxistas que están listos con el chaleco y el casco sudorosos.

Nadie se vara en Popayán consiguiendo un destornillador, un extractor de jugos o un billete de lotería. Y si al pasar por un museo le da sed, es fácil descubrir un buen jugo o piña en tajadas, muy deliciosa. Qué tal las panelitas de coco, el ponche, la lechona, los "raspaos" ¡que hay por todas partes! Muy bueno todo. Al centro se puede ir a leer el periódico o los miles de volantes sobre cursos, masajes, adivinos, pastores milagrosos etc., y etc.

Sí hay cama para todos, y hay que observar bien qué falta por exhibir y vender porque aun se pueden instalar ventas de nabos, repollo, acelga, espinaca, remolacha, yuca, arracacha y ullucos, es decir todo lo necesario para el "revuelto" de las comidas.

Gracias señor alcalde, Popayán, definitivamente, sí es para todos, y por este tiempo de campaña electoral es bueno examinar qué dicen otros lemas que se proponen, pues anteriormente y a nivel nacional funcionaron entre otros "si se puede", "habrá futuro", "salto social" "mano dura corazón grande" y otros más.

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