lunes, 12 de abril de 2010

¿A QUÉ SER LEAL?

Por Fernando Dorado

En estos días me ha tocado tomar decisiones muy difíciles que tienen que ver con el concepto de lealtad. No es fácil, es muy difícil, porque afecta, por un lado, emociones, amistades, apegos, y por otro, convicciones y sueños.

¿A qué ser leal? A las ideas o a la amistad. Es realmente muy difícil. Pero lo que hace más duro la toma de decisiones es el instante. El argumento es que en momentos de dificultades debemos estar con los amigos: si el barco se va a hundir -por lealtad-, se dice, debo morir con ellos.

Toda mi vida he tratado de ser leal a mis ideas, que en lo fundamental siempre son ideas aprendidas o construidas con otras personas, muertas o vivas, cercanas o lejanas, construidas consciente o inconscientemente. No siempre lo he logrado.

Pero finalmente he logrado ser fiel a las ideas porque he logrado construir amistades muy firmes alrededor de ellas. Y por ser leal a esas ideas tengo la vida de libertad que actualmente tengo, así sea en medio de limitaciones materiales que he procurado resolver, con mi trabajo y con la ayuda de gran cantidad de personas que me han dado la mano a lo largo de los años.

Puedo decir lo que pienso y siento, sin ningún temor. Pero todavía mejor, puedo actuar en consecuencia, tratando de ser coherente. Y eso para mí es muy valioso.

También he aprendido que una errada visión de la lealtad lleva a equivocaciones graves, tanto de uno mismo como de las personas que en su momento no pude convencer, ya fuera por falta de argumentos o de insistencia. Siempre me arrepiento de haber confundido el “amiguismo” con la amistad, y por haber cedido a la comodidad y al temor. Por no incomodar a “mi” amigo, no le dije la verdad y dejé que cogiera por un camino errado.

Y así mismo sé, que muchas personas que decían ser mis amigos, por falta de serlo de verdad, no me ayudaron con sus críticas a ser mejor y a rectificar mis graves errores que sé que tengo, y con los cuales seguramente lidiaré el resto de los años que me quedan por vivir.

Creo –con la posibilidad de que yo sea el equivocado– que en este instante de la vida colombiana, mi amigo el “Polo” y su candidato Gustavo Petro, así como muchos de mis compañeros/as a los cuales quiero entrañablemente, van por un camino absurdamente errado.

Ya he presentado mis argumentos hasta el cansancio. Hoy le doy prioridad a mis ideas, que en lo fundamental –en esta coyuntura– son las ideas de Petro: “Unir a las fuerzas sanas de la Nación para derrotar a la mafia que se apoderó del Estado”.

Por ello, aunque sé que voy en contravía de la absoluta mayoría del Polo, me declaro en rebeldía frente a la orientación que ha predominado en el partido, no renuncio a ser Militante de Base, pero si me retiro del cargo de la Dirección Departamental del PDA Cauca.

He decidido apoyar, no a Mockus, no al Partido Verde, pero sí a una revolución ciudadana en marcha que va en crecimiento y que es un sentimiento popular.

Me hubiera gustado que el título del artículo que les envío fuera “La revolución amarilla”, pero la realidad es que Colombia empieza a vivir la “Revolución Verde”.

Con sentimientos de respeto y consideración, me suscribo atentamente,

Fernando Dorado Gómez
Popayán - Cauca

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