HORACIO DORADO G.
Ser viejo no es un insulto, es una secuela de la edad. Por eso, quienes conmigo pasan de 60 almanaques, se equivocan al dejar de enamorarse porque envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
Edad dorada, es tesoro acumulado: plata en la cabeza, oro en la dentadura, arena en los riñones, azúcar en la sangre, cataratas en los ojos, piedras en el hígado, platino en los huesos, plomo en la sangre. Si le inquieta la pensión más que la pasión y si cuando se reúne con amigos, el tema principal son las enfermedades, hágase el autoexamen del raro achaque llamado “Sejuela” y saque sus propias conclusiones.
Sólo se baña con agua tibia y no toma café en las noches. Beber cerveza le produce soltura de estómago. Se resfría con sólo abrir la nevera. Ya no puede chiflar. Le da vértigo subirse a un taburete para cambiar un bombillo. Empieza a mentir sobre su edad. El ají lo irrita, la carne le da gota, el cerdo lo brota, subir escaleras lo cansa, tomar agua lo pone cistítico, el dulce eleva su bilis, el tomate le produce agrieras, el huevo le dispara el colesterol, y el pimentón lo hace eructar. No se preocupe colega, está viejo, la ´Sejuela´ inició su curso.
Hay más, amarrarse los zapatos le da lumbago, levantar una silla lo hernia; la limonada le alborota las amebas, un pandebono le recuerda su hernia hiatal y una cincuentona todavía le parece un "lempo d' vieja". La ´Sejuela´ se le metió en su vida.
Si en lugar de clavar en la piscina, se mete por las gradas, pasito a pasito; si tiene más de dos pares de anteojos; si luce dientes color marfil; si dejó de luchar contra los callos; si a la madrugada orina y no se vuelve a dormir. No hay duda, la ´Sejuela´ lo vuelve añicos.
Si además, carga un manojo de llaves. La úlcera se le encabrita al primer aguardiente. Se está jorobando poco a poco y orina sentado cuando está enguayabado. Si le tiene pavor a una caída; usa zapatos blancos y cachuchita de capitán domingos y festivos. Si oye poco, ve poco, toma poco y come poco, está archiviejo. Se aceleró la ´Sejuela´.
Cuando en su rostro se rían todas sus arrugas y se cree contemporáneo de su suegro. Cuando el pelo que no se le cae, se le vuelve, no cano, sino amarillo. No come zapote ni mango porque las hilachas le desajustan la caja. Si le encantan las reclinomáticas y tiene billetera con monedero. Si se demora toda la noche para hacer todo lo que antes hacía toda la noche. Si cuenta mil chocheces, la ¨Sejuela¨ lo tiene de un hilo.
Por último, si en su alcoba flota el olor a cosas antiguas, no recuerda el nombre de su mujer, anda con un botiquín entre los bolsillos, duda de todo, no cree en nadie, usa pantuflas y bastón. Si la gente le dice: “qué bien se ve” o “no aparenta su edad”. Si al pasar por el cementerio, dos obreros con palas lo siguen, usted tiene más pasado que futuro, q.e.p.d.
Civilidad: Envejecer con sabiduría no es envejecer.

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