HORACIO DORADO G.
Mi cerebro está cuadrado para seguir siendo una madre. Pero como sólo tengo tetillas, siempre habrá mamadera, nunca papadera. El conflicto de Edipo tendrá más sintonía que el de Electra. Y los bebés sentirán a leguas a la madre. En mi casa siempre seré segundo, pero el primero en todas las culpas.
Madre hay una sola y padre es cualquiera, repiten a menudo. En las plazoletas hay estatuas a la madre y del padre ninguna. Eternamente mientan la “madre”: madre patria, madre tierra, salirse de madre, hijue…madre… El destino de ser siempre segundo, me hace parco en sensibilidad, poco tierno, menos besuqueador. Aunque ni poniendo todo, ni vaciando la billetera, logro emparejar la ventaja de la madre. Su vida está llena de fechas y eventos importantes… Y cuando cumple años, le hacen una linda celebración. Y si trabaja, el dinero lo invierte en ella misma para verse siempre bonita. Si bien el papel de padres, lo compartimos por igual, ella siempre es la reina. No mando, acompaño. Me dan contentillo, e ilusionan con temporales “falsos positivos”: ocupando la cabecera en la mesa del comedor, diciéndome, “el jefe del hogar” y la “cabeza financiera”, aunque siempre mande ella. El festejo al “Padre”, es colectivo con todos los padres de la familia. Recibo atenciones y obsequios, generosamente pagados con el sudor de mi frente. Ni más ni menos, que el festejo en el internacional día de la madre, en que se la invita a almorzar fuera de casa para que no cocine, pero a costillas del embargado padre. ¡Claro! Lo hago con todo el cariño y el gusto del mundo.
Así ha sido y será siempre. No es mi historia, es la de todos, desde épocas cavernarias, cuando los trogloditas con dificultades cazaban dinosaurios para llevar comida a casa, igual que hoy, trabajando para alimentar la familia. Por eso, para no armar un lio de Padre y Señor mío, dejémonos agasajar aunque por un solo día, así sea detrás de la madre. Olvidándonos que estamos al servicio de la familia, dejando de lado, el ogro que llevamos adentro. Por hoy, estamos exonerados del TLC, (Trabajar, Lavar y Cargar) ¿Quién no hace cosas imposibles por ellas? Lo hacemos, porque amamos a todas las mujeres a partir de la madre.
Ya en serio, pidamos a San José, jefe de la Sagrada Familia, para que todos los padres podamos alcanzar los dones y las virtudes necesarias para cumplir la tarea de dirigir los hogares. Que nos conceda responsabilidad en la obligación de padres, poniendo toda la capacidad para educar a los hijos con firmeza, tacto, dedicación y cristianamente. Gracias padres por enseñar a vivir a sus hijos. Aceptemos ese silencio que aturde cuando los hijos se van por circunstancias incomprensibles o normales ¡No se van… la vida se los lleva para formar otro nido!
Civilidad: Que cada padre lea este escrito y que llegue a ser la clase de Padre, que merece ser honrado por sus hijos.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada