FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Un cerebro saludable trabaja tiempo completo para minimizar los riesgos en los seres humanos. Por ejemplo, cuando solo hay dos candidatos con posibilidad de ganar una elección, interviene de manera efectiva para tomar la decisión, más aun si son extremadamente diferentes en su ecuación riesgo-beneficio. Uno de ellos ofrece grandes beneficios al elector, pero al mismo tiempo grandes riesgos. El otro ofrece pequeños beneficios, pero simultáneamente mínimos riesgos. ¿Qué hace el cerebro del votante en situaciones así? Elige los pequeños riesgos, en un elector de opinión, sin factores de manipulación.
Esa es la función del cerebro. Protegernos. Mantenernos vivos, seguros, a salvo de toda amenaza. Por eso el cerebro nos regula y dirige la gran orquesta de nuestro cuerpo y hace funcionar todos los sistemas. Todos. Los más simples y los más complejos. Por eso, también, es el cerebro el que nos advierte de los peligros externos que puedan amenazarnos. Es una máquina que todo el tiempo está escudriñando la realidad para detectar problemas, riesgos, peligros. Y nos avisa.
A pesar de las diferencias logísticas y de inversión, en estas circunstancias será lo que llaman la opinión quien marque la diferencia. Es decir la capacidad de decidir con un criterio cerebral, basado en la minimización de riesgos. El cerebro no se apaga en campaña electoral, sigue allí, en cada elector. Operando. Haciendo lo suyo. Cumpliendo su misión. Protegiendo. Evitando riesgos. Detectando problemas. Esquivando peligros. Sigue allí, sigue funcionando del mismo modo. Escaneando el discurso de los políticos. Sus palabras. Sus gestos. Su publicidad. Su música. Sus colores. Escaneando como un vigilante incansable.
¿Qué busca en los políticos mientras los escanea? Riesgos. Busca posibles amenazas, para poner al votante a salvo. No busca beneficios ni promesas. Busca peligros. Y cuando los encuentra enciende una luz roja que destella. Que le avisa al votante: ¡cuidado! Que le genera una emoción negativa frente al candidato. Y el votante escapa. Solo achicando riesgos se sobrevive al escaneo. Es casi el primer mandamiento de una campaña electoral. Minimizar, eliminar si es posible los riesgos que puedan afectar al elector.
Siendo así, en Colombia habrá una segunda vuelta que en esta oportunidad se definirá por encima de las adhesiones. Sin duda que el 80% de los electores de Pardo y Petro irán con Mockus y otro tanto de los seguidores de Noemí y Vargas irán a apoyar a Santos. Persiste el empate técnico y las adhesiones son casi inocuas. Aquí si va a funcionar lo que seguimos llamando superficialmente el voto de opinión. Es decir el de criterio, voto vital (no útil) que se hará buscando escapar del mayor número de riesgos.
Pero hay riesgos. Y muchos. Entonces el cerebro trabaja para tomar una decisión que achique el margen de riesgo. Para votar al candidato que perciba como menos riesgoso. En estas circunstancias Antanas Mockus llegaría a la presidencia con una ventaja estrecha, entre 200 y 400 mil votos por encima de Santos. Responde a una lógica de comportamiento, que difícilmente podría ser alterada por otros factores, a pesar del riesgo.

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