Luis Fernando Orozco Gutiérrez
Hace ya casi un lustro escribí un cuento, titulado: “El regreso de Don Julio”. En el narraba los embrollos, en que incurría el fundador de Miranda, Cauca, cuando decidió bajarse del pedestal que el pueblo había erigido en su honor, en conmemoración a la fecha de 7 mayo de 1899, día de la fundación de Miranda.
Hoy como de costumbre bajé al parque que lleva el nombre del fundador: Julio Fernández Medina, y con algunos amigos departíamos acompañados por un buen tinto, en el café principal, cuando alguien nos hizo notar la ausencia del Fundador de su hábitat regular, -el pedestal -.
Los contertulios nos mirábamos extrañados ante tan inexplicable desaparición, sin maullar expresión, la confusión que reinaba en el ambiente era total.
Don Alirio, permanente parroquiano de los mentideros políticos, sugirió la idea de preguntarle a alguien que inspirara confianza, sobre el increíble hecho, para fortuna de todos, sorpresivamente apareció Don Daniel, hombre probo, de diamantina conducta. Todos a la vez le indagaron: Don Daniel, ¿qué pasó con don Julio? Sonriendo, se limitó a expresar lo que había escuchado en una mesa del café del pueblo: “Que Don Julio, en vista de la situación tan anómala que se vivía de desgobierno, por iniciativa propia había decidido viajar a Popayán para indagarle a las autoridades administrativas y judiciales sobre su pueblo, que previamente se había informado por boca de Don Evelio, a quien escogió, porque lo veía desde su pedestal, llevar papeles, sacar fotocopias, hacer corrillos, tomar carros para viajes largos, en fin consideraba que era la persona que mejor información le daría, sobre el problema del burgomaestre”.
Lo escrito anteriormente tiene mucho de verdad y de ficción, gracias a Dios que nos dotó de un idioma tan bello y los hombres le agregamos la magia de la literatura.
Esta introducción nos sirve para comentar dos hechos que presentan cierto grado de intranquilidad ciudadana.
Primero, debemos rechazar con indignación el proceder de unos vándalos, que en una noche de exceso en sus libaciones, arrancaron el busto del Fundador y lo dejaron abandonado lejos de su pedestal. Este reprochable acto, debe investigarse y sancionarse conforme a la ley, si no lo hacemos, la vulgaridad y el desprecio por nuestros valores espirituales y cívicos, serán pan de cada día.
Segundo, preocupa el grado de interinidad que lleva la Administración Municipal. Con fecha 25 de marzo, la Procuraduría Primera Delegada para la Contratación Estatal, produce la segunda instancia, que establece la destitución e inhabilidad general por diez años y agrega que contra la presente resolución no procede recurso alguno por la vía gubernativa.
Llevamos casi dos meses de la resolución de la Procuraduría, y las cosas no marchan, perjudicando de manera injustificada a una población que solo desea recobrar el camino perdido de la gobernabilidad.
Sin atender la cantidad de jurisconsultos que invaden las calles y los cafés del pueblo, con sofisticadas teorías del derecho administrativo, creo que las cosas son muy claras. El alcalde está destituido desde la segunda instancia, razón para quedar perplejo ante los hechos sucedidos, casi dos meses en la más completa interinidad y nadie hace nada por la solución definitiva, para que se restablezca, el camino de la normalidad.
En el Señor Gobernador, que están los hilos de la solución al problema, solicitarle con la respetuosa urgencia, contribuya para que Miranda, recobre el camino de la tranquilidad y el progreso.
POSDATA: ¿Dónde está el busto del Fundador, o será que se quiere ir del todo en vista de la confusión existente?.

Y yo pensaba que los corruptos estaban erradicados de Miranda, ya se le pegó las mañas de los vecinos de Puerto Tejda, es una lástima pore ese pueblo que se veía pujante y tranquilo.
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